Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En la soledad descubrimos nuestras verdades y miserias y al permitir que Dios las venza tenemos realmente algo bueno que ofrecer al mundo.

Homilía o113005a, predicada en 20180620, con 4 min. y 54 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del comienzo del capítulo sexto de San Mateo. Nos presenta, este Evangelio, una invitación a la sinceridad y a la verdad, pero lo presenta de un modo que podríamos llamar gráfico. Nos dice: «Tu Padre que ve en lo escondido te recompensará». Cristo no nos está invitando a que nos escondamos, pero sí creo que nos está invitando a que nos examinemos cuando nadie más está cerca de nosotros. Como decía en otra predicación refiriéndome a este Evangelio, parece que Cristo quiere que respondamos a esta pregunta: ¿cómo eres cuando nadie te está mirando? No solamente cuando nadie te está vigilando, sino, por ejemplo, cuando no hay nadie para aplaudir, cuando no hay nadie para criticar, cuando no hay nadie para regañar o para elogiar, ¿cómo eres, qué hay en ti, qué es lo verdaderamente tuyo?

Por eso, los antiguos padres del desierto buscaron ese camino de la soledad. Alguien podría pensar que en su soledad estaban desentendiéndose de los problemas del mundo. A mí me gusta decir que los padres del desierto no se fueron lejos, se fueron a lo profundo. Porque una cosa es tomar distancia y otra cosa es encontrar profundidad y creo que eso es exactamente lo que ellos hicieron. La soledad puede ser simple distancia, puede ser simple comodidad.

Recuerdo el caso de hace muchos años de un científico norteamericano que compró, él tenía buenos recursos, tal vez le habían pagado muy bien o yo no sé, tenía algunas patentes, lo que fuera. El hecho es que compró un gran terreno en una montaña y se fue a vivir absolutamente solo con sus computadores, con sus libros, con sus buenos muebles, con su música, con sus instrumentos musicales también, solo. En esa soledad, sin embargo, concede una entrevista y más o menos las respuestas de él eran: Así es como a mí me gusta. A mí no me gusta que nadie se meta conmigo. A mí me gusta llevar mi vida como yo quiera. Uno se da cuenta de que la motivación de esa persona es fundamentalmente egoísta.

Pero lo que nos muestran los padres de la Iglesia es diferente, lo que nos muestran es ir a lo profundo. Y por eso en los buenos retiros espirituales también se lleva a la persona hacia el silencio y hacia la soledad. Es necesario que en esa soledad, tú descubras muchas verdades y es necesario que más allá de los aplausos o los regaños, más allá de los elogios o las críticas, tú descubras esa verdad. Y cuando en esa soledad, y cuando en ese silencio alcanzas la bondad, cuando ya eres bueno ahí, entonces sí te puedo decir, eres bueno. Esa es la calidad espiritual que Cristo quiere de nosotros, que nosotros seamos buenos, pero buenos de verdad, buenos porque hemos encontrado la verdad de nuestro propio ser, muchas veces con muchas miserias que todos cargamos dentro, pero hemos encontrado la victoria de Dios en esas miserias nuestras. Y al encontrar la victoria divina tenemos algo realmente bueno para ofrecer al mundo.

¿Cuál es tu verdad? Y en esa verdad tuya, ¿dónde está el Señor? Es también el desafío que Santa Catalina de Siena planteaba a sus discípulos, y por eso ella habla tanto del verdadero conocimiento de nosotros mismos. En el verdadero conocimiento de nosotros, se vuelven oro puro las virtudes, porque cuando somos buenos ahí, somos buenos de verdad.

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