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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Elías pudo permanecer fiel en un tiempo duro y en un país hostil a Dios.
Homilía o113003a, predicada en 20140618, con 4 min. y 36 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del segundo capítulo del segundo libro de los Reyes. Nos presenta algunas escenas finales del ministerio del gran profeta Elías. Elías es un profeta muy importante porque le tocó una época muy dura y porque le tocó un país muy duro. Recordemos que para el tiempo de Elías hacía rato se había consumado la división entre el Reino del Norte, que se llamó Israel y el Reino del Sur, que se llamó Judá. El reino del Norte surgió de la ineptitud del sucesor de Salomón, llamado Roboam, pero surgió también de la codicia y del oportunismo de un hombre llamado Jeroboam.
El Reino del Norte estuvo muy pronto marcado por el paganismo, porque el mismo Jeroboam empezó a preocuparse de que su gente, es decir, la gente del Reino de Israel, fuera en peregrinación de fe, peregrinación religiosa a la capital del Reino del Sur, la capital del reino del Sur era Jerusalén. Entonces, Jeroboam estaba preocupado, políticamente preocupado de qué iba a suceder si la gente seguía yendo a Jerusalén. Y por eso, para mantener el poder político, cambió la fe, cambió la religión, puso la religión al servicio del poder político. Esta terrible corrupción del corazón en el Reino del Norte, tuvo grandes repercusiones porque abrió ampliamente la puerta para todo tipo de idolatría, para todo tipo de paganismo. Y esa era la condición en general del Reino del Norte, el reino de Israel.
La época que le tocó a Elías fue de las peores, porque el que estaba reinando en ese tiempo que se llamaba Ajab, no era ni siquiera un verdadero rey, era un títere de la esposa. La esposa se llamaba Jezabel y era una bruja literalmente, una mujer adicta a todos los cultos paganos, incluyendo toda clase de ceremonias ridículas y crueles. Así que esa fue la época de Elías. Y Elías es grandioso, Elías es grandioso porque en ese tiempo tan oscuro y en ese país, en ese lugar tan difícil, él se mantuvo fiel a Dios, arriesgando su propia vida, sometiéndose a una persecución que hubiera sido capaz de enloquecer a cualquiera y además de todo, predicando y realizando grandes señales para mostrar al pueblo en dónde está el Dios verdadero.
Se puede decir que, en un sentido, Elías es el profeta más grande del Antiguo Testamento, y tal vez estás recordando conmigo que cuando Jesucristo está en el pasaje de la Transfiguración, hay dos personajes que aparecen junto a Cristo y que están conversando con Él. Esos dos personajes son Elías y Moisés. Moisés viene a representar toda la carga de sabiduría de la ley, Elías viene a representar el fuego impetuoso y la luz incandescente de la verdadera profecía. Por eso Moisés y Elías vienen a ser como la representación visible, en personas que caminaron sobre esta tierra, de lo que significa el Antiguo Testamento. Elías, el gran profeta de la fidelidad, Elías el que caminando en esta tierra aprendió a tener su mirada puesta en el Dios del cielo. Ese profeta, esa clase de profetas, cuánto los necesitamos también hoy en día.

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