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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
(1) La verdad es crucial para la vida personal y social; (2) La verdad no existe en ninguna parte si no se la recibe en la conciencia.
Homilía o113002a, predicada en 20120620, con 4 min. y 48 seg. 
Transcripción:
Una de las cosas más impresionantes en la Pasión de nuestro Señor Jesucristo es ese diálogo que nos presenta el Evangelio de Juan, diálogo entre Jesús y Poncio Pilatos. Y digo que es impresionante porque, en un momento dado, se llega a la cuestión de la verdad y de lo verdadero. Fíjate cómo llega a ser crucial este asunto en materia de justicia. Lo que corresponde a un juez es precisamente establecer la verdad, porque se supone que, según la verdad, debe también determinarse si la persona es culpable o es inocente. Si es verdaderamente culpable, lo correcto es que reciba castigo. Si, en cambio, es inocente, lo correcto es que sea absuelto. O sea que la verdad es un asunto absolutamente clave en lo que tiene que ver con la justicia. Y se supone que un juez debería tener interés por la verdad.
Pero Cristo le dice a Pilatos: «Todo el que es de la verdad escucha mi voz». Y Pilatos responde: «¿Qué es la verdad?» Y se retira, no escucha una respuesta, no la busca. A Pilatos no le interesa ser verdadero, porque le basta ser poderoso. Y por esa falta de verdad se cometen muchas injusticias. Por esa falta de verdad, se abusa del consumidor, se abusa del pequeño, se abusa del país pobre, se abusa del que no tiene cómo defenderse. Porque finalmente, ¿qué es la verdad? Entonces, esa pregunta cínica, la pregunta de Pilatos, es la pregunta que se echa de menos en muchas cosas, cuál es el verdadero sentido, cuál es el verdadero valor, cuál es la verdad del ser humano, cuál es la verdad del amor, en dónde hay un amor verdadero, qué es una esperanza de verdad.
Fíjate cómo con estas preguntas nos damos cuenta que el tema de la verdad recorre toda nuestra vida, no es un problema de científicos únicamente, o un problema de filósofos o un problema de juristas. Es un problema que nos atañe a todos, porque todos, por ejemplo, necesitamos amar y ser amados, pero el que no encuentra un amor de verdad, ¿cómo se siente? Y el que no encuentra el verdadero sentido de su vida, ¿cómo se siente? Y el que descubre que sus acciones, las que compró hace unos años, ahora en realidad y en verdad no valen nada, ¿cómo se siente? No podemos eludir el tema de la verdad.
Y estoy insistiendo en esto por el Evangelio de hoy, tomado del capítulo sexto de San Mateo, donde Jesús nos recuerda en dónde, en dónde se percibe, en dónde se siente por primera vez, en donde se escucha por primera vez la voz de la verdad. Jesús nos dice: Mira, no pretendas impresionar a nadie, no pretendas convencer a los demás, no pretendas influir sobre los demás. No pretendas el premio, recompensa o aplauso de los demás. Empieza por lo profundo de tu corazón, empieza por la soledad, empieza por el desierto, empieza por tu conciencia, empieza por tu conciencia.
Más allá de lo que otros digan, más allá de las opiniones prevalentes, más allá de lo que esté de moda ¿qué es lo verdadero en mí? ¿Qué es aquello que merece mi compromiso, mi empeño, mi esfuerzo? Busca la verdad y allá, en ese silencio y en esa profundidad de la conciencia, es ahí donde se escucha, donde se deja oír la voz de Dios. Como nos dijo hermosamente el Papa Juan Pablo II, al referirse a la conciencia humana como un santuario donde resuena la voz de Dios, es ahí donde se recupera la verdad y cuánta urgencia, cuánta urgencia tenemos que esa voz se deje oír, entre otras cosas, para rescatar millones y millones y millones de vidas.

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