Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Venderse es renunciar a la propia conciencia, principios y dignidad por bienes pasajeros. El Evangelio nos invita a examinar qué estamos sacrificando y si vale la pena perder lo esencial por lo temporal.

Homilía o112012a, predicada en 20260616, con 8 min. y 35 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy continúa la historia que empezamos a escuchar ayer. Ayer veíamos cómo el rey Ajab, empujado, manipulado por su mujer, pues necesitaba expandirse. Él no cabía, tenía un palacio, pero quería más. Es lo que sucede cuando no tenemos a Dios en el corazón. Entramos en modo insaciable y terminamos abusando de nuestro propio ser y sobre todo del prójimo débil, del prójimo pobre, del prójimo humilde. Y eso fue lo que hizo Ajab. Ajab se aprovechó de un hombre que no podía defenderse, un hombre llamado Nabot. Bueno, esa fue la situación del rey de Israel. Pero la época de los reyes fue también la época de los profetas. Y con bastante frecuencia a los abusos de los reyes seguían las denuncias de los profetas.

Así, por ejemplo, nos vamos a encontrar o ya nos hemos encontrado con que el pecado de David, cuando cometió adulterio con Betsabé y cuando hizo matar al esposo de Betsabé que se llamaba Urías. Pues el pecado de David fue denunciado por el profeta Natán. David era el rey, Natán era el profeta y Natán le denunció su pecado a David. Y eso está muy bien. Eso es propio del profeta. Pues lo mismo aquí el rey era Ajab, pero había un profeta que se llamaba Elías, y Elías no se dejaba vender tan fácilmente. Y aquí entra un verbo que es muy interesante en este pasaje de la Biblia, porque precisamente la denuncia que hace el profeta Elías incluye el verbo vender. Le dice el profeta Elías a Ajab: Te has vendido para hacer el mal. Te has vendido. Caramba, qué interesante eso. De verdad que la Biblia es inagotable. Te has vendido para hacer el mal.

Ponte a pensar. Si alguno de nosotros hubiera utilizado esa expresión. Te has vendido. Bueno, en castellano, por lo menos en mi país sí que se utiliza el venderse. El verbo venderse así, en reflexivo, para indicar que una persona ha renunciado a su dignidad y a sus principios. Y me parece que por ahí va exactamente lo que denuncia Elías, por ejemplo, pues estoy hablando de mi país, Colombia. Tristemente, cuando por decir algo, un político, un empresario, renuncia a su plataforma política por buscar una tajada de poder, por tratar de aprovechar una oportunidad que le dan los enemigos. Entonces él se vende. Es un vendido. ¿Y qué significa que es un vendido? Significa que ha renunciado a sus principios. Que ha renunciado a sus convicciones, a su plataforma política, con tal de ganar algo. Pero eso, esa renuncia a los principios, esa renuncia que también es renuncia a la propia dignidad, es lo que muchas veces se quiere expresar con la expresión venderse es un vendido. Pues eso es lo que le dice Elías al rey Ajab tú eres un vendido.

Analicemos todavía un poco más ese verbo. Cuando una persona, por ejemplo, sacrifica sus principios, sacrifica sus convicciones por buscar una oportunidad política, esa persona está haciendo como una especie de negocio. Por eso se habla de vendido, se habla de vender. Es decir, yo voy a sacrificar mis principios. Eso es lo que yo entrego. Y yo voy a ganar una cuota de poder o voy a ganar un contrato con el Estado o voy a ganar una silla en el Congreso. Yo entrego una cosa y recibo otra. Lo grave es que lo que yo entrego, lo que yo estoy dando, es mucho más importante, mucho más valioso que lo que yo estoy recibiendo. Porque lo que yo estoy dando, lo que yo estoy entregando, es mi dignidad. O sea, me estoy entregando yo. Por eso se dice me estoy vendiendo yo, estoy entregándome yo. Y mientras tanto, pues a ver qué sucede. Que lo que yo estoy recibiendo es menor que yo, porque estoy recibiendo unos privilegios o estoy recibiendo un negocio, estoy recibiendo un contrato, pero lo que estoy entregando es mucho más.

Entonces venderse es entregar lo que es más valioso por algo que en el fondo es menos valioso. Lo más valioso es mi conciencia, mis principios, mis convicciones y lo menos valioso es un contrato, una oportunidad política, una silla en el Parlamento. Eso es lo que está detrás de esa expresión. Entonces por ahí va la denuncia que le hace Elías a Ajab: Tú has entregado algo que es más valioso que tú. Tú has perdido algo que es más valioso que tú. Y como estás perdiendo algo que es más valioso que tú, estás haciendo un mal negocio, ¿Lo entiendes? ¿Te das cuenta de que tu negocio es pésimo para ti? ¿Lo comprendes o no lo comprendes? Ese es el lenguaje que está utilizando Elías.

Y ahora trasladémonos de la época de Ajab a nuestra época. Trasladémonos a nuestra realidad y hagámonos esta pregunta. ¿Y nosotros qué hemos vendido? Yo me pongo a pensar, por ejemplo, en una situación, en una historia que conocí hace poco. Es la historia de una muchacha que le entró angustia porque parece que estaba pasando el tiempo y no lograba asegurar una pareja. Ustedes saben que algunas personas les entra como angustia en ese sentido y entonces esta mujer en su preocupación de que no llegaba pareja, entonces ella decide empezar a convivir. Pero en el momento en el que les comento esta historia, esta muchacha está pensando en dejar esa convivencia con su novio. ¿Por qué? Pues básicamente ella quiere dejar esa convivencia porque se da cuenta que lo que está dando no le asegura nada de lo que ella quisiera. El novio, que no es ningún criminal, es simplemente una persona que ve una buena oportunidad y la aprovecha. No debería ser así, pero eso es lo que está haciendo ese señor. Entonces el novio se da cuenta de que es una buena oportunidad. Tiene un lugar confortable, tiene sexo gratis y limpio. Y entonces él está contento con eso. Pero ella se da cuenta, esto no va ni para matrimonio ni mucho menos para un hogar, que es lo que yo quisiera. Entonces lo que yo estoy entregando, mi cuerpo, mi dignidad, mis principios de mujer católica, no corresponde a lo que estoy recibiendo.

¿Qué estamos vendiendo y por qué lo estamos vendiendo? ¿Y qué se supone que pretendemos encontrar? Son las preguntas que nos deja esta primera lectura del día de hoy. Pues a mí me pone a reflexionar y espero que a ti también.

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