Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Amar no es un sentimiento, tampoco es tolerar la injusticia. Amar como Jesús nos lleva a revisar nuestro interior, a ver que debemos cambiar.

Homilía o112011a, predicada en 20240618, con 7 min. y 36 seg.

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Transcripción:

En el Evangelio de hoy, Cristo nos ordena que amemos a nuestros enemigos. Esto es parte del Sermón de la Montaña, que es el conjunto más extenso que tenemos en toda la Biblia de predicaciones de Cristo. Este Sermón de la Montaña ocupa los Capítulos Quinto, Sexto y Séptimo de San Mateo.

Y esta semana precisamente estamos avanzando en la lectura del Sermón de la Montaña. Lectura que empezó la semana pasada. Bueno, pues vamos a este punto. Vamos a este mandamiento. Amen a sus enemigos, dice Cristo. ¿Cómo es posible eso? Vamos a dar unos cuatro o cinco puntos prácticos que nos ayuden, por una parte a comprender pero sobre todo a vivir este mandamiento del Señor.

Lo primero es darnos cuenta que efectivamente sí tenemos enemigos. Es decir, hay que partir de la sinceridad, hay que partir de la verdad. Y la verdad es que enemigos sí tenemos. Hay una frase del santo cura de Ars que yo creo que viene aquí muy a punto. Dice este bendito sacerdote: Si nunca te has encontrado de frente con el demonio, es probablemente porque vas caminando en la misma dirección, lo cual es terrible. Entonces, por lo menos ese enemigo tenemos. El enemigo malo.

Pero no solo eso, muchas veces no tenemos enemigos porque somos cómplices. La persona que es cómplice del pecado nunca tendrá grandes dificultades con los pecadores, por lo menos durante un tiempo. Después, todas esas alianzas mentirosas que trae el pecado acaban derrumbándose. Pero yo creo que ahí hay una enseñanza muy importante en la medida en que somos testigos del del Evangelio de Cristo, en la medida en que somos testigos de su santidad, de su bondad. Pues vamos a resultar incómodos. Léete, por favor, cuando puedas, el Capítulo Segundo del Libro de la Sabiduría, que tiene una descripción preciosa sobre cómo se da esa enemistad contra la persona inocente, simplemente porque está siguiendo el camino de Dios. Así que enemigos vamos a tener. Ese es el punto número uno.

Punto número dos. Recordemos lo que significa amar en la Biblia, porque nosotros estamos acostumbrados a mirar la palabra amor fundamentalmente como un sentimiento. Y cuando nosotros nos quedamos en que el amor es una especie de sentimiento, pues ya empezamos muy mal. Empezamos muy mal porque el sentimiento que me produce una persona que me hace daño, una persona que murmura en contra mía, una persona que intentó o logró robarme. Una persona que me ofendió, me lastimó o abusó de mí. Qué sentimiento, por favor. ¿Qué sentimiento puedo tener yo hacia esa persona?

Si nosotros nos quedamos con el amor como sentimiento, pues es como si Cristo nos dijera Procuren sentir cosas bonitas, sentir cosas bonitas con la gente que que los ha tratado mal. Y la pregunta es ¿cómo puede uno sentir cosas bonitas? Pues no las va a sentir. Entonces el mandamiento de Cristo cae en el vacío y por eso uno no puede interpretar. Amar a los enemigos como tengan sentimientos bonitos.

Amar, esta es la segunda recomendación. Amar en la Biblia tiene más que ver con dos cosas que son en primer lugar, buscar el bien, construir el bien, realizar el bien hacia una persona. Por ejemplo, cuando le preguntan a Cristo ¿qué es amar al prójimo?. Él da el ejemplo del buen samaritano y el samaritano tal vez no tenía fantásticos sentimientos positivos hacia los judíos, pero hizo cosas buenas. Entonces, amar es concentrarse en cuál es el bien que yo puedo hacer.

Y segundo lugar, amar en la Biblia está muy relacionado con preferir. Es decir, busca en primer lugar hacer algún bien a la persona que te ha hecho un mal. Y aquí conviene recordar aquella palabra de Santa Catalina de Siena cuando dice que el primer bien que podemos hacer por todos es empezar por una oración, una oración por ellos. Entonces, el amar no se debe quedar en un sentimiento. De hecho, el sentimiento vendrá mucho después.

Tercer lugar, cuando se habla de amar a los enemigos, hay que tener en cuenta que el orden de la justicia debe ser respetado. ¿A qué me refiero? Esto se entiende con un ejemplo. Suponte una persona, digamos, un caso que todavía se da en muchos lugares una mujer casada, el esposo es violento, es alcohólico y entonces esta mujer siente bueno, como yo leo el Evangelio, como yo quiero ser católica, entonces a mí lo que me toca es aguantarme a este esposo. ¿Pero eso es amar?. ¿Es amar, tolerar esa maldad de esa persona?

Aquí tenemos que preguntarnos y este es el tercer punto, tenemos que preguntarnos por los frutos. Si tú sigues simplemente soportando la injusticia, soportando la agresión, eso no es amar, porque tú no le estás haciendo ningún bien a esa persona. Entonces, el orden de la justicia importa. Cuando nosotros detenemos la injusticia, probablemente causando disgusto a la otra persona, estamos haciendo un bien y eso debe tenerse en cuenta. Así que el amor no riñe con la justicia. Porque tolerar la injusticia no es hacer ningún bien.

Y la última recomendación con esto de amar a los enemigos es darnos cuenta que siempre tenemos también que revisarnos nosotros. Nosotros no somos ni tan amables, ni tan agradables, ni tan buenas personas como seguramente lo pensamos. Entonces revísate tú también, revísate y piensa en toda esta historia que tiene que cambiar dentro de ti. Es decir, es posible que tu adversario. Es posible que tu enemigo te tenga una antipatía. Eso es perfectamente posible. Pero ahora pregúntate ¿en qué puede tener razón? y pregúntate ¿qué tiene que cambiar en tu vida? Son recomendaciones prácticas para avanzar en el auténtico amor según Cristo. No el amor según el mundo, sino el amor según Cristo. Así sea.

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