Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Para vivir el Evangelio se necesita la gracia de Dios, no es un esfuerzo de nuestra voluntad; se necesita ser hijos del Padre celestial para poder amar a nuestros enemigos.

Homilía o112010a, predicada en 20220614, con 4 min. y 53 seg.

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Transcripción:

Reflexionando sobre el Evangelio de ayer, decíamos que el camino del perdón, el camino de a veces padecer sin devolver el golpe, sin buscar venganza, es la única manera de romper el ciclo de la violencia. Podríamos decir que ese es el modo práctico. Pongámoslo en estos términos. Ese es el modo práctico de aplicar ese Evangelio. Pero además del modo práctico, es decir, además del bien que eso pueda traer para organizar mejor la sociedad o para hacer más vivible este mundo.

Hay algo más profundo en el mensaje de Cristo, algo que aparece en el Evangelio de hoy, cuando Cristo da un paso más y nos dice amen a sus enemigos. Y no solo eso dice Cristo. Para que sean hijos del Padre Celestial. Ahí es donde está la clave, para que sean hijos del Padre Celestial de su Padre que está en los cielos. Esa es la clave. Es decir, así es como obra Dios con nosotros. Dios ha tenido para con nosotros misericordia y paciencia. Desde antiguo decía la Sagrada Escritura es lento a la cólera y rico en paciencia. Esa paciencia de Cristo, esa paciencia de Dios, es la que nosotros estamos invitados a seguir a imitar, seguir ese camino, el camino de la misericordia, el camino de la paciencia.

Pero por supuesto, nosotros no tenemos, no tenemos adentro la fuerza para eso. Y en esto también hay que ser muy sinceros. Uno no tiene adentro ese nivel de paciencia, uno no tiene adentro ese nivel de misericordia. A uno eso no le nace, eso no es algo que uno quiera hacer, no es algo que brote dentro de uno, no es algo espontáneo. Comer algo delicioso es algo espontáneo. Estar en un lugar agradable es algo espontáneo. Pasarla bien con los amigos es algo espontáneo. Pero amar a los enemigos, tratar bien al que me ha tratado mal, rezar por el que me ha maltratado yo ¿Por qué tendría que hacer eso? Eso no tiene ningún sentido.

Ahí es donde tenemos que tomar en serio lo que significa aquello de ser hijos del Padre Celestial. Ser hijos del Padre Celestial significa que tenemos que nacer de nuevo de nuestro Padre del Cielo, porque si no, no vamos a poder. Si no, no vamos a poder vivirlo, no vamos a poder. Es decir, que lo que está debajo de este mensaje de Cristo es algo hermosísimo. Es como si Cristo nos dijera te voy a proponer algo que tú no puedes, y por qué eso es bello, porque tu Padre del cielo sí lo puede, y porque tu Padre del Cielo es el que te puede dar el Espíritu. Es el que te puede dar la gracia, es el que te puede dar la fuerza, es el que te puede dar el amor para que tú puedas lo que ahora no puedes.

Y yo creo que no estoy exagerando en lo más mínimo. Cuando Cristo dice Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial. Es como si me dijeran mira, tienes que saltar a la altura de esa montaña. Yo cómo voy a llegar allá. Yo no puedo llegar allá. Cristo nos propone algo que es realmente imposible para nosotros, imposible. Pero lo que Él propone y que es imposible para nosotros es lo que va a suceder cuando seamos hijos del Padre Celestial. No sé si me explico.

Básicamente la idea es, Cristo nos está proponiendo algo que es imposible y que solamente va a ser posible cuando vivamos como hijos, cuando seamos hijos del Padre Celestial. Y por eso, solo empezando de nuevo de nuestro Padre, podremos llegar a vivir el Evangelio. El Evangelio no es simplemente un esfuerzo de nuestra voluntad. El Evangelio es una gracia, es un regalo y es un regalo que Dios concede. Créelo y vívelo.

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