Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los cristianos somos imagen de Dios y nos vamos volviendo semejanza del Señor en la medida que obramos como Él obra, amando a nuestros enemigos; amando como Él nos ama a pesar de que pequemos.

Homilía o112008a, predicada en 20200616, con 4 min. y 33 seg.

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Transcripción:

Si alguien te preguntara ¿Qué es lo típico? ¿Qué es lo propio del cristianismo en contraste, por ejemplo, con otras religiones o con otras filosofías de vida? Porque hay muchas cosas que tenemos en común con mucha gente. Por ejemplo, la famosa ley de oro, aquella de no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti, que a veces se enuncia también lo contrario. Haz a los otros como quieres que te traten a ti. Eso aparece en muchas religiones. Aparece prácticamente en todas las religiones. Algo parecido a eso, o eso mismo.

Entonces, si preguntamos por lo específico del cristianismo, pues tenemos que irnos al pasaje del Evangelio de hoy. Busca en los escritos del taoísmo, busca en los escritos del budismo, busca entre los musulmanes, busca entre los de la meditación trascendental. Alguien que te diga lo que hoy te dice Cristo. Amen a sus enemigos, que además lo explica el Señor con dos frases muy claras. Hacer el bien al enemigo y rezar por el que te persigue. Como quien dice, está lo exterior y está la transformación interior. Están las dos cosas.

Uno se puede encontrar en el pensamiento budista. Uno se puede encontrar una actitud de cierta tolerancia. Incluso ellos hablan de misericordia. Pero la misericordia budista está en función fundamentalmente de no perder uno la paz y de no sufrir uno por lo que implica el tratar de vengarse o hacerle daño a otra persona. Dicho de otra manera, la misericordia budista es en realidad una estrategia para mantener la mente en el camino en el que va, y en ese sentido es una misericordia marcada por una forma de egoísmo.

Cristo, aquí lo que está diciendo es haz el bien. Haz el bien al que te está haciendo el mal. Y nos da una pista sobre cuál es el primer bien que hay que hacer. Cuando nos enseña a orar por los enemigos. Entonces, lo primero que hay que destacar en este pasaje de hoy es que se trata de lo más característico del cristianismo. Lo segundo que hay que destacar es que no se trata de una especie de simple esfuerzo o heroísmo personal. No, no va por ahí. Más bien se trata de seguir la ruta de nuestro Padre.

Dios no deja de amar cuando cuando es ofendido y cada uno lo puede poner en primera persona. Dios no dejó de amarme cuando yo pequé. Y el pecado es desobediencia y es afrenta, es ofensa contra Dios. Y Dios no me dejó de amar. Entonces, la aspiración a esta perfección de amar a los enemigos no es un engrandecimiento del ser humano, sino es el llevar hasta sus últimas consecuencias la verdad que viene desde el Génesis. Nosotros somos imagen y semejanza de Dios. De ahí es de dónde viene ¿quién más tiene eso? nadie más lo tiene. Quién más tiene esa conciencia de que somos imagen y que nos vamos volviendo semejanza con Dios en la medida en que vamos obrando así como Dios obra. ¿Quién tiene eso? Nadie. Nadie más lo tiene.

Y por eso es grandioso descubrir lo propio de nuestra fe cristiana. Si, hay elementos que tenemos en común con ateos , budistas y con musulmanes. Pero no pierdas lo que es propio de tu fe. No pierdas lo que es tesoro que te ha dado Cristo, que reafirma lo que venía del Antiguo Testamento y lo eleva a una nueva altura.

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