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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El amor verdadero y transformante nos lo trae Cristo y Él nos pide que no lo detengamos, sino que pase a través de nosotros para que toque y construya el bien en otras personas.
Homilía o112007a, predicada en 20180619, con 5 min. y 17 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del Capítulo Quinto de San Mateo. Contiene una de las frases que varios pensadores, predicadores, escritores y santos consideran absolutamente fundamental. Podríamos decir que es el toque distintivo del Evangelio. La frase es Amen a sus enemigos. Esta frase ha sido tan importante en la vida de algunas personas que, por ejemplo, el fundador del Camino Neocatecumenal, un hombre llamado Kiko Argüello, ha dicho que esa es la frase representativa, resumen, esencia única. La frase única del cristianismo.
No se trata de tolerar simplemente. El budista, el estoico puede tolerar. No se trata simplemente de manejar la situación. Se trata de crear un bien en la persona que me hace mal.
Por favor, dimensionemos lo que es esto. Crear un bien en la persona que me hace mal. Eso es lo propio del Evangelio. Y si tú empiezas a recordar distintas filosofías corrientes, te das cuenta que realmente es original. Te das cuenta que eso no estaba ni en la Grecia antigua. Eso no está, por supuesto, en el Islam, eso no está en el budismo. Eso no lo encuentras ni en Confucio ni en Lao-Tsé. Porque de lo que se trata es de eso, de crear un bien en la persona que me está haciendo un mal.
¿Por qué Cristo nos pide esto? Antes de tratar de responder a esa pregunta, observemos algo muy importante y es que el primero que lo practica es el mismo Cristo. Y dónde lo demuestra con toda la fuerza es especialmente en su Santísima Cruz. De manera que el Sermón de la Montaña, en cierto sentido, tiene su frase central en esta Amen a sus enemigos. Y el Sermón de la Montaña tiene su expresión concreta, impresionante, sobre todo en la cruz. Es ahí, ahí, sobre todo donde aparece. Es ahí donde toda la predicación de Cristo se vuelve una realidad. Es algo absolutamente original.
Ahora, sí vamos con la pregunta ¿por qué Cristo nos pide esto? ¿Por qué Cristo quiere que nosotros amemos a nuestros enemigos? Ese amor a los enemigos. Fíjate como lo he expresado. No se trata, en primer lugar, de un sentimiento. No se trata de sentir cosas bonitas, dulces, agradables, cuando estamos con nuestros enemigos o frente a ellos. Evidentemente, la persona que ha destruido mi vida, que ha dañado a uno de mis amigos o familiares, es una persona hacia la cual yo no tengo sentimientos bonitos. Pero es que el amor es mucho más que ese sentimiento. Tampoco es una simple resolución de la voluntad.
¿Qué es entonces? Yo me atrevo a decir el amor. El amor es una corriente de vida que, brotando de Dios y al pasar por nuestros corazones, nos hace distintos, nos hace diferentes y nos permite participar de la misma manera que Dios tiene de ser y de obrar. Nos vuelve diferentes. Es una corriente de vida. Por supuesto, al pasar por nosotros, al pasar por nuestro corazón, nos alegra. Pero lo que me alegra es ese amor que viene desde Dios. Lo que me alegra no es la respuesta, el agradecimiento, el aplauso, el reconocimiento, la retribución que me dé la otra persona. Lo que me alegra es el Señor. Lo que me alegra es la manera como Él me ama.
Entonces, amor. Amor de verdad es el que viene de Él. Y esa corriente de amor es la que trae Cristo. Y porque la trae. Y porque sabe que la trae. Y porque sabe que es corriente transformante en nuestra vida. Por eso es capaz de decirnos no detengan esa corriente, no detengan esa fuerza, no detengan esa vida. Dejen que esa misma vida y ese amor toque a otras personas. Busquen entonces ese bien más allá del simple sentimiento. Construir un bien en esa otra persona.

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