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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El primer acto de amor hacia nuestros enemigos está en orar por ellos, entregándolos al poder, a la voluntad y a la soberanía de Dios.
Homilía o112006a, predicada en 20160614, con 5 min. y 34 seg. 
Transcripción:
Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen, y rezad por los que os persiguen. Estas son las palabras de nuestro Señor Jesucristo en el pasaje del Evangelio según San Mateo que hemos escuchado el día de hoy. Pertenecen al Sermón de la Montaña, que se encuentra en los Capítulos Cinco, Seis y Siete de San Mateo.
Destaco este hecho porque ese texto magnífico que empieza con las bienaventuranzas es conocido a veces como la constitución del cristiano. Podemos decir que nuestra vida cristiana, en toda su novedad y en toda su hermosura, está bien descrita en este Sermón de la Montaña. Pero resulta no solamente difícil, sino casi imposible, hacer caso a eso que pide Cristo. Por lo menos esa es la primera impresión que uno tiene. Amar a los enemigos, hacer el bien a los que nos aborrecen, rezar por los que nos persiguen. Este tipo de acciones parecen heroicas, quizás reservadas a unos pocos, a los que llamamos los santos. Pero fuera de esas cumbres altísimas de perfección, quizás la mayor parte de nosotros consideramos que no estamos llamados a semejante heroísmo y que debemos contentarnos con algo mucho más modesto.
¿Pero estaba Cristo predicando únicamente para una élite? ¿Estaba Cristo hablándole únicamente a esas cumbres lo que podemos llamar los himalayas de la vida cristiana? Si miramos el comienzo del Sermón de la Montaña, encontramos quiénes son los destinatarios de estas palabras de Cristo. Nos dice San Mateo que se sentó, llamó a sus discípulos y se acercaron. Cristo habla a sus discípulos. Cristo no habla a una élite. Y si nosotros nos consideramos discípulos de Cristo, esas palabras son para nosotros.
Yo quiero centrarme en los tres verbos que he destacado desde el comienzo de esta reflexión. Los tres verbos son amar, hacer y rezar. Esos son los tres verbos. Amar a los enemigos. Hacer el bien a los que nos persiguen. Rezar por los que nos aborrecen. Estos tres verbos, si se consideran de manera separada, quizás nos llevan a alguna confusión.
Porque, por ejemplo, con el verbo amar hoy entendemos el amor fundamentalmente como un sentimiento. Y cuando a uno le dicen ama a tus enemigos, yo creo que la reacción que uno tiene es, yo no tengo un sentimiento positivo, yo no tengo un sentimiento bonito por la persona que me ha hecho daño, así que yo no puedo amar al enemigo. Pero eso es porque nosotros tomamos la palabra amor fundamentalmente como un sentimiento.
Pero qué tal que miremos estas tres acciones no como separadas, sino como se miran en la mentalidad hebrea, en la mentalidad semita, en la que el amor no es en primer lugar un sentimiento, sino es una voluntad que se traduce en hacer un bien. De hecho, Cristo dice amar a los enemigos y dice también hacer el bien a los que nos aborrecen, y claramente los que nos aborrecen son los mismos enemigos. O sea que el amar a los enemigos y el hacer el bien van unidos. O sea que lo que Cristo está mandándonos no es, en primer lugar, que violentemos nuestros sentimientos o que hagamos de cuenta que no estamos sintiendo lo que estamos sintiendo. Cristo quiere, en primer lugar, que transformemos nuestro hacer, y para eso viene el tercer verbo rezar por los que nos persiguen.
Decía Santa Catalina de Siena que el primer acto de amor. Oye esto. El primer acto de amor que uno tiene por una persona está en la oración. Cuando nosotros empezamos a hacer oración, significa entregar a esa persona al poder de la voluntad de Dios, a la soberanía sabia y compasiva de Dios. Cuando empezamos por ahí, entonces nos vamos dando cuenta de que la vida es distinta, porque entonces pensamos en cuál es el bien que puedo hacer por esa persona, sabiendo que el primer bien fue de hecho la oración. Cuando uno mira las cosas de este modo, se da cuenta de que uno sí puede hacer oración. Repito, oración de entrega de esa persona a la voluntad de Dios. Uno sí puede hacer esa oración y esa oración sí es eficaz. Y esa oración sí es grande. Y esa oración sí hace muchísimo bien. Uno sí puede hacer eso y guiado por esa oración, entonces luego uno puede descubrir cuál es el bien, cuáles son los otros bienes que uno puede hacer y de esa manera vive esta maravilla. Esto que nos ha planteado nuestro Señor Jesucristo. Esto que nos ha mandado con la autoridad que solamente Él puede tener en nuestras vidas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.

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