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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Breve estudio sobre la pusilanimidad, sus consecuencias y su presencia en nuestros días.

Homilía o112005a, predicada en 20140617, con 5 min. y 43 seg.

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Transcripción:

Hoy es buen día para aprender el uso de una palabra que se utiliza poco. Pero atención, la realidad que describe sucede muy a menudo en nuestros días. Vamos a tomar la palabra pusilánime. Esa palabra tiene origen en el latín. Quiere decir algo así como de ánimo débil o frágil. Pusillus. Es como aquello que es débil, aquello que no tiene fuerza, que no tiene vigor o vida. Pusilánime es el que carece de fuerza interior. Y cuando una persona carece de fuerza interior, lo manejan las fuerzas exteriores.

En el Capítulo Cuarto de la Carta a los Efesios. San Pablo nos habla de la vida cristiana y nos dice Yo no quiero que ustedes sean veletas que cualquiera mueve en una dirección o en otra. Ser veleta es no tener una dirección, no tener una ruta interior, no tener un criterio propio, no tener la propia fuerza y por consiguiente, ser llevado por los demás.

Estoy hablando de la pusilanimidad, porque la primera lectura de hoy, tomada del Capítulo Veintiuno del primer libro de los Reyes, nos presenta a uno de los peores pusilánimes del Antiguo Testamento. Era rey, pero completamente incapaz. Precisamente, si una cosa tendría que tener un rey es capacidad de liderazgo, capacidad de llevar al pueblo por la ruta que es. Siendo tantas las tentaciones, siendo tantos los defectos, los crímenes, los delitos que se suceden en la sociedad humana. Es evidente que los verdaderos líderes tienen que tener consistencia, tienen que tener fuerza. No se trata de que sean dictadores, se trata de que sepan muy bien ubicar el bien común y luchen con todas sus fuerzas por ese bien. Eso es lo que se espera de un buen líder.

Ajab era exactamente lo contrario. En primer lugar, a él lo gobernaba la esposa. Y si hubiera sido una buena mujer. Pero ésta era una codiciosa. Amante de la brujería pagana. Supersticiosa, egoísta, cruel. Se llamaba Jezabel. Jezabel manipulaba a Ajab. Y Ajab como era tan pequeño en sus criterios, tan incapaz en sus fuerzas, tan falto de discernimiento iba como una veleta. Entonces Jezabel lo llevó a cometer horribles pecados, uno de los peores. La manera como se adueñó de la viña que le pertenecía a un inocente llamado Nabot. La mujer lo llevó a eso y él se dejó. Él se dejó. Y luego entonces llega el profeta, el gran profeta de ese tiempo que se llamaba Elías. Y Elías le denuncia el pecado a Ajab. Y Ajab entonces se arrepiente.

Fíjate, no es exactamente una persona perversa lo que ese es un incapaz es un pusilánime. Qué importante descubrir esta palabra. Porque fíjate que la pusilanimidad, la falta de criterio y de fuerza y de obrar de acuerdo con los verdaderos principios nos hace cómplices de los líderes perversos. Se cuenta de Martin Luther King, el gran líder estadounidense de la lucha contra la discriminación racial. Se cuenta que dijo esta frase. No me preocupa la maldad de los malos, sino la complicidad de los buenos. Y el problema del pusilánime es ese, que se vuelve un cómplice. Es un idiota útil. Cualquiera lo usa. No es tanto que sea malo en sí mismo, sino que por su falta de carácter, por su falta de fuerza y de criterio.

Pues los líderes para el mal, que suelen ser gente vigorosa y que sabe imponerse y que sabe manipular, pues utilizan a los rebaños de pusilánimes. ¿Eres un pusilánime? ¿Te dejas manejar por cualquiera? ¿Sabes dónde está el bien, el bien que merece ese nombre? ¿Trabajas por ese bien? Preguntas que es muy conveniente hacerse en este día en que recordamos lo que es la pusilanimidad.

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