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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los 5 rasgos típicos del abuso de poder: (1) El propio deseo se toma como única norma. (2) Actitudes de prepotencia, sobre todo con los pequeños. (3) Ausencia de temor de Dios. (4) Egoísmo en las metas. (5) Búsqueda de cómplices.
Homilía o111010a, predicada en 20200615, con 27 min. y 20 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos queridos, las dos lecturas que acabamos de escuchar, la primera tomada del primer libro de los Reyes, Capítulo Veintiuno y el Evangelio tomado del Capítulo Quinto de San Mateo, son lecturas densas en el sentido de que requieren una buena explicación para realmente aplicarlas a nuestra vida. Para no extenderme demasiado, voy a centrarme en la primera lectura. Cordialmente invito a quienes deseen que en la página web de este servidor, fraynelson.com se llama esa página. Usted puede ir a la sección de homilías y ahí encuentra varias explicaciones tanto sobre la misma primera lectura como también sobre el Evangelio. Así que me excuso de no centrarme en este momento en el Evangelio, porque hay que tomar una decisión. Y voy a irme con la primera lectura, que tal vez es la que nos resulta más extraña, porque es el relato de un crimen o mejor, de una serie de crímenes.
Podríamos decir que esta primera lectura es una buena descripción de ese delito que se llama abuso de poder, un abuso realizado no solamente por el rey, sino en primer lugar por la esposa del rey que se llamaba Jezabel y también por las autoridades locales. Es decir, lo que en aquella época eran los ancianos del lugar donde vivía Nabot. Ahí te puedes dar cuenta cómo se necesitan cómplices para cometer los peores crímenes. Por qué razón está este texto horrendo, este texto frustrante en nuestra liturgia. ¿Por qué leemos esto? Es la primera pregunta que tenemos que hacernos.
Aparece un hombre llamado Ajab que tiene mucha tierra. Es el rey. Tiene posesiones personales más que suficientes y sin embargo, quiere tener más. Le parece que sus posesiones serían todavía mejores si tuviera una tierra que era la de un hombre llamado Nabot. En aquella época se acostumbraba a identificar a las personas por el nombre y la procedencia. Por eso dice Nabot el de Yezrael. Otras Biblias traducen Jezreel. En todo caso, Nabot tenía su pedacito de tierra y el rey se enamora de ese pedacito de tierra y quiere a toda costa poseerlo. Ese es el tema. Y como no lo logra por las buenas, entonces aconsejado por su mujer, lo logra por las malas. Y por las malas es ni más ni menos que logrando la muerte de Nabot para luego, al final del pasaje que hemos oído, repito primer libro de los Reyes, Capítulo Veintiuno, tomar posesión de esa tierra, es decir, se consuma el crimen. Podemos decir que Ajab se salió con la suya. ¿Por qué eso?
Aquí tengo que hacer una aclaración importante, amados hermanos, y es que la Biblia no es un libro de relatos edificantes en el sentido tradicional de la palabra. En la Biblia muchas veces aparecen escenas que nos dejan perplejos o que nos dejan frustrados, como el de hoy. Pasajes como el de hoy porque la Biblia lo que hace es retratar la vida humana con sus grandezas y con sus miserias. Pero por supuesto, no se queda ahí, sino que luego nos muestra cómo Dios, tanto con su justicia como con su misericordia, obra en esa historia humana descrita y presentada con toda la crudeza. Por eso la Biblia es un libro único. No nos cuenta solo cosas bonitas, lo que antes he llamado edificantes, no nos cuenta cosas duras. Nos cuenta cosas decepcionantes. Aparece crueldad, sadismo, canibalismo, incesto, violación, robo, secuestro. Es decir, aparece toda la basura que hay en el corazón humano.
Pero la Biblia no se queda solo mostrándonos esa basura, sino que luego nos muestra cómo nuestro Dios creador, redentor y santificador obra en esa basura, haciendo justicia y trayendo misericordia, levantando, redimiendo, curando, purificando, limpiando, consagrando hasta llevarnos a una plenitud de santidad. Por eso podemos decir que la Biblia no se limita a mostrarnos únicamente las cosas como deberían ser y no se limita a mostrarnos una especie de mundo de fantasía donde nadie hace nada malo, nada. La Biblia nos presenta la crueldad de la vida, nos presenta la dureza de la vida, pero también nos presenta cómo Dios obra con su justicia. Fíjate que ya he repetido, esta la tercera vez, con su justicia y con su misericordia obra en esa miseria nuestra.
¿Y por qué esto nos hace tanto bien? Nos hace muchísimo bien porque si la Biblia nos presentara solo las cosas como deberían ser, entonces nos quedaríamos en eso. En esa frase que a veces me gusta repetir, la oí en mi infancia a un sacerdote que predicaba en la parroquia de mi barrio y utilizaba mucho la expresión ¡qué bonito sería si!. Pero no es. Entonces, si la Biblia nos presentara solo, el qué bonito sería. Sería un libro únicamente para soñar. Un libro para suspirar. Pero la Biblia no es un libro solo para soñar y suspirar. Es un libro para transformar la vida y para transformar la basura. Basura que hay en nuestros corazones. Lo primero que se necesita es admitir que existe esa basura y conocer esa basura. Y podríamos decir, sentir el mal olor de esa basura. Hay que sentir. Hay que sentir el asco de esa basura. Eso es indispensable. Si no, no podemos curarnos. Por eso la Biblia nos va a presentar mucha basura.
Y ya hice un pequeño elenco antes de todas las miserias que aparecen; crueldades, violaciones, robos o lo de hoy, abuso de poder. Ahí aparece además, el hecho de que la Biblia nos presente estas escenas, nos ayuda para que estemos advertidos. Por ejemplo, para que estemos advertidos sobre lo que significa el abuso de poder. Hay abuso de poder y si hay abuso de poder, entonces hay que hacer algo. Conozcamos entonces, guiados por esta lectura, ¿cuál es el perfil del abusador? En este caso estamos hablando del abuso de poder y vamos a describir cinco características. Cinco características del abuso de poder.
Porque mira el barro del que estaban hechos Jezabel y Ajab es el mismo barro del que estamos hechos los demás seres humanos y muchos de nosotros, aún sin darnos cuenta, quizá tenemos adentro un pequeño monstruo que puede crecer. Es muy fácil clasificar la humanidad entre los buenos y los malos. Muy fácil. Y esa es la gran tentación del racismo y de la xenofobia y de todo ese tipo de cosas. Es muy fácil caer en esa tentación. Pero la Biblia, si algo nos enseña, es que el barro del que están hechos los grandes santos es el mismo barro del que están hechos los grandes criminales, y por eso cada quien tiene que revisarse, porque tú no sabes si adentro tienes un pequeño monstruo que es un torturador.
Uno siempre piensa uy, qué gente tan detestable, esos sádicos, donde están. Y no te parece que a veces tú disfrutas humillando a las personas. No te parece que a veces tú disfrutas cuando logras mostrar tu poder, imponerte sobre la otra persona que no puede defenderse. Es básicamente la misma estructura del sádico. Llevamos en nuestro corazón estos monstruos y la Biblia nos enseña a iluminar el corazón. Que uno vea su corazón y que se dé cuenta que lleva monstruos adentro y que uno se dé cuenta que está sucio adentro y que uno se dé cuenta entonces en qué peligro se halla. Ese es un gran servicio que nos presta la Biblia. Entonces, hablemos de estas cinco características. Cinco características del abuso de poder.
La primera y la más evidente es tomar el propio gusto, el propio deseo como norma suprema. Ese es el primero y ese es el que constituye la fuente de todo lo demás. Mi deseo es la norma. Ahí está. Ahí está el comienzo de todo el desastre. Entonces Ajab no ve otra cosa, sino su deseo. Quiero la viña de Nabot. Quiero. Y como yo quiero, debe suceder. Esa es la primera característica del abuso de poder. Es decir, tomar los propios deseos como una especie de absoluto incuestionable. Es que yo quiero. Es impresionante ver cómo esta mentalidad se mete en muchas vidas, en muchas, incluso sin darse cuenta.
Hace poco, por ejemplo, hablaba con una señora. Bueno, no propiamente señora, es una persona casada, ya tiene una edad y está prácticamente en el límite de esa edad en la que ella podría ser mamá. Y entonces ella decía pues yo no me quedo sin un hijo. Gracias a Dios no sé quién le ayudó a entrar en razón, porque lo que ella estaba pensando era su deseo. Yo, yo mujer, quiero hijo, quiero hijo, yo quiero hijo. Bueno, pero es que un hijo necesita muchas cosas, no solo necesita una mamá que quiera un hijo, yo quiero un hijo. Otras, en cambio, dirán yo no quiero ese hijo mátenlo. ¿Te das cuenta? Esos son los abusos del poder. Entonces, el primer rasgo del abuso del poder es la incapacidad de cuestionar el propio deseo. Yo lo deseo. Esa es la norma suprema. Esa es la primera característica.
Segunda característica. Ajab se presenta donde Nabot y le dice dame la viña para hacerme yo una huerta, ya que está cerca, pegando a mi casa. Yo te daré, en cambio, una viña mejor, o si prefieres te pago en dinero. Es decir, este hombre llega donde Nabot y le dice yo voy a conseguir la viña. En principio le da una capacidad de negociación a Nabot. Te voy a dar otra viña supuestamente mejor o te pago en dinero, pero yo voy a lograr mi viña. Es decir, su actitud es una actitud de prepotencia, una actitud de arrogancia.
Entonces, la primera característica del abuso de poder. La primera es que mi deseo es la norma. La segunda es una actitud de prepotencia. Voy a conseguir lo que yo quiero. Te anuncio que lo voy a hacer. Te anuncio que lo voy a hacer, lo voy a lograr. Esa es la prepotencia. Se coloca en una postura de superioridad y desde ahí habla. La negociación en realidad es falsa, es aparente. Entonces, cuidado con la arrogancia, porque esto tenemos que irlo convirtiendo en aplicación a nuestra vida. Primera recomendación: revisa tus deseos si son correctos. ¿Eres creyente no? Entonces pregúntate ¿Son deseos gratos a Dios? Segunda característica del abuso de poder. La segunda característica es arrogancia. Prepotencia.
Tercera característica. Para llegar a la tercera característica tenemos que darnos cuenta de por qué Nabot no quería vender su viña. La respuesta no es tan obvia. Nabot dice Dios me libre de cederte la heredad de mis padres. Para comprender esa frase debemos recordar una disposición que había según la ley de Moisés y que aparece en el libro Levítico. Esa disposición dice que después de cincuenta años, todo terreno tenía que volver a la familia que lo poseía o que la poseía. Esa tierra originalmente, es decir, en el libro Levítico, según la ley de Moisés, aparecía una provisión para que ninguna familia se quedará sin tierra.
Es una de las normas más interesantes de la Biblia. Ustedes saben que los israelitas salen de Egipto, recorren durante cuarenta años el desierto, llegan a la tierra prometida cuando llegan a la tierra prometida, Josué les reparte la tierra, de manera que cada tribu, cada clan, cada familia queda con tierra, cada familia queda con su tierra. Y recuerda que en esta economía, en la economía de aquel tiempo, la tierra es no solamente riqueza, sino posibilidad de subsistencia, porque el que se queda sin tierra se queda sin donde cultivar y se queda sin donde cuidar su ganado, que son las fuentes básicas de subsistencia. Entonces eso quiere decir que dejar a una persona sin tierra no es solamente quitarle una posesión que tenía, una riqueza que tenía. Dejar a una persona sin tierra significa ni más ni menos dejarlo sin subsistencia. Por eso en el libro Levítico había esa disposición del Año Jubilar, de manera que a más tardar en cincuenta años, toda tierra tenía que volver a su familia original, de modo que todas las familias pudieran tener siempre de qué subsistir.
Y ahora sí, viene una frase que está en el libro del Deuteronomio No debe haber pobres entre ustedes. La Biblia tiene un sentido de justicia social impresionante que no se vivió eso en ese tiempo y que no se vive en nuestro tiempo, es por pecado nuestro. Pero la Biblia tiene un sentido de justicia social bárbaro. Entonces no debe haber pobres entre vosotros y la tierra, tiene que volver a sus poseedores.
Fíjate que Ajab le dice yo quiero hacerme una huerta donde tú tienes tu viña. Ese es su medio de subsistencia. Entonces el problema no es el dinero. Simplemente el problema es que esa no es la disposición de Dios. Y aquí es donde encontramos el tercer elemento del abuso del poder. Ese tercer elemento, ¿cuál es? El tercer elemento es no hay temor de Dios. Evidentemente, Nabot está respetando la norma divina. Por eso dice Dios me libre de darte la herencia de mis padres. Eso iría en contra, en contra de la ley de Dios. La verdad es que en el Antiguo Testamento propiamente la tierra no se vende, la tierra se arrienda porque la tierra toda es de Dios y Dios se la ha dado a su pueblo. Son ideas revolucionarias que pocas personas conocen. Pero si tú examinas la legislación del Levítico y la legislación del Deuteronomio, te das cuenta que en el fondo la tierra nunca es de la gente. La tierra es de Dios y es Dios el que la da a su pueblo para que tenga donde vivir. Y por eso no hay propiamente ventas de tierra en Israel, pues en el Israel bíblico estoy hablando obviamente, no hay ventas de tierra en el Israel bíblico, sino que lo que hay es arriendos, hay comodatos u otros modos de intercambio que son siempre temporales.
Cuando Ajab dice véndemela, entrégamela. Lo que está diciendo es vamos a romper el orden de Dios. Y aquí viene la tercera característica del abuso de poder. La tercera característica es no hay temor de Dios. Se pasa por encima de la ley de Dios. Por eso dice el Salmo Número Trece. Dice el necio para sí, no hay Dios. No hay Dios. Entonces, tres características llevamos del abuso de poder. Pone el propio deseo como norma. Tiene una actitud de prepotencia frente a los débiles y carece de temor de Dios. Van tres características.
La cuarta característica aparece inmediatamente. Observemos el lenguaje que utiliza Jezabel. Ya hemos explicado varias veces. Era una mujer extranjera. Ella era idólatra, practicante de la brujería fenicia. Y entonces dice, su esposa Jezabel se le acercó y le dijo ¿Por qué estás de mal humor y no quieres probar bocado? Él contestó es que hablé a Nabot el de Yezrael y le propuse véndeme la viña. Te la cambio por otra y me dice no te doy mi viña. Y fíjate la frase de Jezabel ¿y eres tú el que manda en Israel? ¿Qué idea del poder tiene esta persona? Que el poder es para propio beneficio. Esa es la raíz del abuso del poder. Por eso Jesús le da completamente la vuelta al sentido del poder. Y por eso Jesús dice El que quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos. Por esto que estamos viendo aquí, porque el poderoso siempre tendrá la tendencia de trabajar solamente para sí mismo, de buscar únicamente su propio provecho. El abuso de poder. Y esto casi que es una tautología decirlo. El abuso de poder siempre entraña egoísmo a la máxima potencia. Solo interesa mi familia, solo interesa mi conveniencia, solo interesan mis amigos. Y por supuesto, esto es lo que produce terribles dolores, salvajes heridas en el tejido social, allí donde han podido prosperar.
Desgraciadamente, estos movimientos que arrasan con el orden constitucional y que imponen verdaderas tiranías y dictaduras. Siempre, siempre, el precedente ¿Cuál ha sido? ¿Cuál ha sido el precedente? El precedente ha sido una clase política que maltrata y maltrata y únicamente piensa en su ganancia y en quedarse con todo. Cuanto más egoísta es un gobierno, más está preparando una revuelta, porque la gente se cansa, porque la gente no aguanta que todo el tiempo le estén mintiendo y le estén robando. No, aguanta. Pues ahí tienes. Ahí tienes lo que sucede.
Cuarta característica del abuso de poder. Egoísmo. Solo interesa mi bienestar. Solo interesa mi propia conveniencia. La primera característica era. Solo importa mi gusto. La segunda. Prepotencia, sobre todo con el débil. La tercera. No hay freno, no hay temor de Dios. La cuarta. Egoísmo a la última potencia. Y la quinta y última característica. Uso de cómplices.
Siempre el abuso del poder requiere de cómplices. El nazismo requirió de cómplices. Mira, por ejemplo, lo que sucede aquí. Los paisanos de Nabot, los ancianos y notables que vivían en la ciudad, hicieron, tal como les decía Jezabel, por miedo, por conveniencia, por lo que sea, pero le hicieron caso a Jezabel. Ahí lo tienes. El abuso de poder logra sus objetivos siempre a través de cómplices.
Por última vez. Repasemos las cinco características del abuso de poder. El propio gusto como norma. Prepotencia para con los débiles. Carencia de temor de Dios. Egoísmo a la máxima potencia. Uso inteligente de cómplices. Entonces, ¿cómo frenamos el abuso de poder? Pues hay que frenar estas cinco cosas, empezando por frenarlas en uno mismo. Uno tiene que evaluar sus propios deseos. Uno tiene que mirar sus propios deseos. Eso es lo primero. Tiene que calificarlos. Tiene que criticarlos. No todo lo que yo deseo es bueno. Segundo, hay que reemplazar la prepotencia por la humildad, por la mansedumbre, por el diálogo, por la búsqueda del bien común. Tercero, esa ausencia de Dios hay que reemplazarla por una oración auténtica y un preguntarle al Señor ¿Cuál es tu parecer? Ayúdame, ilumíname. Cuarto, ese egoísmo hay que reemplazarlo por actitudes de verdadera compasión hacia los demás, un deseo grande de justicia social y una conciencia de que solo en el bien común habrá verdadera paz. Y quinto, frente a esa búsqueda de cómplices, pues una conclusión es yo no voy a ser cómplice. Entonces tengo que preguntarme ¿de qué cosas y en qué momentos estoy siendo cómplice? ¡Dios nos ayude!
Estas son las lecciones que nos da la Sagrada Escritura. Estas son las lecciones que necesitamos para descubrir en nuestro propio corazón los pequeños monstruos, porque uno tiene sus pequeños monstruos. Lo que también sucede es que uno fácilmente ve en los demás. Entonces es muy fácil que el esposo vea el pequeño monstruo que está creciendo en el corazón de la esposa, o lo contrario. Es muy fácil que la mamá vea el peligro de los pequeños monstruos que están creciendo en los corazones de los hijos o los hijos ven defectos de los padres. Pero lo interesante de esto, como bien enseña Santa Catalina de Siena, es que nosotros entremos verdaderamente en nuestro propio corazón. Y desde esa sabiduría, veamos cuáles son nuestros propios peligros. Amén.

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