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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Solamente en el espacio del amor se entiende la lógica del padecer que redime.
Homilía o111001a, predicada en 19960617, con 17 min. y 26 seg. 
Transcripción:
Este es uno de esos pasajes complicados por su misma sencillez. Y el predicador suele volverse un nudo con un evangelio como este. ¿Qué hacemos si Jesús dice que hay que poner la otra mejilla? ¿Qué hacemos con la predicación de la justicia, la predicación de los derechos humanos? Si uno va a tomar esto así como suena, entonces ¿qué va a pasar con la verdad y con el derecho? Y si trata de interpretarlo así como más suavemente, ¿qué es más suavemente? Que no ponga la otra mejilla, entonces que se esconda y que haga de cuenta que no le pegaron. Si esta palabra está dicha para ser aplicada, cómo se aplica y si no está dicha para ser aplicada, porque ese dijo es un texto difícil, por lo menos oído así. Y a veces oye uno predicaciones que de tal manera le dan la vuelta al texto que terminan diciendo exactamente lo contrario, como si el texto dijera blanco. Y entonces el predicador dice: Aquí tenemos el caso de un color que parece blanco, porque si usted lo mira bien, bien, bien, realmente es negro. Entonces, hermanos, yo quiero predicarles el negro. Este texto, este breve pasaje pertenece al Sermón de la Montaña. De acuerdo con los estudiosos, este sermón no fue dicho de una sola vez por Cristo, sino que tal como lo conocemos en la Escritura, es la recopilación de una serie de pasajes, una serie de palabras. Los exégetas dicen de, Logia de Jesús. Palabras, recopilación de palabras, muchas de ellas de forma paradójica. Entonces hay que hacer varias anotaciones. Quiera Dios por su Espíritu ayudarme para que las palabras no lo vayan a cambiar el color al texto, que es bien bello, pero tampoco le vayan a cambiar el color a la vida que es bien dura. Entonces, ¿qué hacemos? Pues varias cosas. Lo primero es de la mano de los exégetas, fijarnos en las palabras. Dijo Jesús a sus discípulos: Sabéis que está mandado, mandado. Pues yo os digo. Son dos verbos distintos. No es un mandamiento que se reemplaza por otro mandamiento, sino un mandamiento sobre el cual Jesús dice algo. Son dos verbos distintos. Cuando Él dice: Está mandado. ¿A qué se refiere? Pues se refiere a textos de la Escritura, pero sobre todo a lo que se había hecho con esos textos de la Escritura. En la enseñanza rabínica, en la enseñanza de los maestros judíos, en la enseñanza de los escribas y de los fariseos. Lo que está mandado es aquello que aparece como precepto por boca de Moisés y por boca de los maestros judíos. La pregunta es ¿eso que está mandado, a quién atañe, para quiénes? Pues si está en la Torá judía, es para todo el pueblo, para todo el pueblo. Es algo que tiene que realizarse siempre y en todas partes, por todas las personas. Ese es el sentido de un mandamiento. Ese es el sentido de una ley. Igual sucede en la ley civil. En eso se parecen. En la ley civil sí está mandado algo para el territorio colombiano, pues se supone que es para que se cumpla en todo el territorio colombiano. Ahora, con esto en firme, vamos al otro verbo. Jesús dice: Está mandando tal cosa, pero yo os digo tal otra cosa. Una cosa que está mandada y un dicho una palabra de Jesús. Este contraste entre el mandamiento que viene de antes y lo que Jesús dice en este momento lo trae el Sermón de la Montaña varias veces. Por ejemplo, habéis oído que se dijo a los antiguos: No adulterarás, pero yo os digo. Esto quiere decir que Jesús presenta su Palabra con autoridad, pero no la presenta como el reemplazo de un mandamiento. Bueno, ese dato es importante. Jesús habla con autoridad, pero no habla dando mandamientos. Cuando una persona tiene autoridad, que no es la autoridad de la ley, ¿qué clase de autoridad tiene? Dejemos la pregunta abierta un momentico. ¿Qué clase de autoridad existe que no sea la autoridad de lo que está mandado? Por razonable que parezca. Es decir, yo quiero destacar que Jesús está aquí, no cambiando unas palabras ni cambiando unos mandamientos. Está cambiando una autoridad, está revelando otro tipo de autoridad que, por consiguiente, pide otro tipo de obediencia. La novedad que trae Cristo no es cambiar una ley por otra. Y por eso en el mismo Sermón del Monte dice: Yo no he venido a abolir la ley y los profetas. No se trata de quitar una ley y poner otra ley. Se trata de algo distinto. Entonces Jesús viene a traer en el Sermón del Monte otra autoridad que no es la autoridad de lo razonable, que no es la autoridad de lo que parece lógico siempre y en todas partes. La autoridad de Jesús, no es la autoridad de lo que es lógico siempre y en todas partes. Entonces se va a aparecer más como la autoridad del consejo de un amigo. Se va a parecer más a la autoridad de aquel que me ama. Se va a parecer a la autoridad de aquel que me conoce y que me salva. Además, hay que tener en cuenta que Jesús, especialmente en este texto del Sermón de la Montaña, habla utilizando más o menos las técnicas de enseñanza rabínica de su época. Piensa que los los rabinos piensa que los maestros eran gente que sabía leer y escribir, pero sus oyentes no. Cuando uno hoy quiere que una enseñanza le quede a sus oyentes, pues uno saca unas fotocopias y les dice, lo esencial de lo que yo les quiero compartir es esto guarden este esquema, por favor. Esa es nuestra técnica. Uno publica un libro y se lo da, pero quizá ustedes hayan tenido la experiencia de predicar a analfabetas, ustedes hayan tenido la experiencia de predicar a personas que no saben leer ni escribir. Hacer catecismo a personas que no pueden llevarse ningún papel porque ningún papel les va a decir nada. Los maestros en el judaísmo se enfrentaron con ese problema metodológico y pedagógico y lo resolvieron lo mejor que pudieron. Por eso el rabí judío tenía que desarrollar actitudes, actividades pedagógicas muy prácticas y muy específicas para no hablarle al viento, para no perder su tiempo y el de los discípulos. Es fascinante descubrir cómo Jesús y en general, cómo estos maestros se valían de todos los recursos para que la enseñanza quedará en el corazón de sus oyentes. Bueno, uno de los recursos, porque no podemos hacer aquí una exposición amplia. Uno de los recursos es el uso de frases paradójicas. Es un recurso nemotécnico, un recurso que se dirige a la memoria del oyente. Cuando Jesús dice, por ejemplo, es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos. Es tan ridículo pensar al camello entrando por la aguja que esa imagen queda grabada en uno. Y junto con esa imagen, la enseñanza. Entonces el uso de la hipérbole de la exageración, el uso del agudo contraste era uno de los recursos. Otros recursos era, por ejemplo, cierta rima o repetición de palabras. Otro recurso es la historieta, la parábola que logra que la persona no se le deshilache la enseñanza porque está hecha un tejido. Bueno, hasta aquí qué hemos dicho. Hemos dicho que Cristo enseña con autoridad, pero no con la autoridad lógica de siempre y en todas partes. Enseña con la autoridad del amor. Esa es la autoridad de Cristo. Y por otra parte, es la autoridad del amor en los labios de un Maestro, que en esto se parece a los maestros judíos, es decir, que utiliza un lenguaje apenas apto para una audiencia que no sabe leer ni escribir. Yo creo que mucho de esto se podría aprovechar para la catequesis en medios rurales. y en medios donde no, donde los impresos y otro tipo de cosas casi se pierden. Si tomamos esos dos elementos. ¿Qué nos puede decir el texto de hoy? A mi modo de ver, las cosas que con toda sencillez lo ofrezco es que para nuestro tiempo casi habría que intentar una traducción distinta, pero sin quitarle ni la belleza al texto ni la dureza a la vida. Si Cristo tiene la autoridad del amor, aquello que nos parece rudo en su modo de exponer las cosas y es rudo poner la otra mejilla, aquello que nos parece rudo ahí es parte de su modo judío de enseñar. O sea, es muy fácil para uno imaginarse una persona que le dan un golpe y voltea la cara para que le den el otro golpe. Jesús está hablando aquí no como un legislador, sino como un amigo. No está hablando aquí como un juez, sino como un consejero. Jesús está hablando como aquella persona que pone su mano en el hombro del otro y le dice: Mira, en esta circunstancia te resultaría mejor tal o cual cosa. Pero ni él, ni el hebreo, ni menos el arameo, utilizan ese tipo de condicionales hipotéticos. Eso pertenece al desarrollo de las lenguas en Occidente. En arameo, estrictamente no se puede decir algo como mira, quizás fuera mejor para ti que consideraras estos circunloquios pertenecen a la tradición latina. El arameo todo lo dice así como en indicativo como en bloque. Es un lenguaje para personas así como eran sus oyentes. Entonces, realmente lo que está diciendo Jesús aquí es amigos, a ustedes que han venido a escucharme, entonces, no es una enseñanza para armar la humanidad o la sociedad a partir de aquí. El Sermón del Monte no es un modo de armar a la humanidad, es el consejo dicho al secreto del corazón de un amigo. Ese es el Sermón de la Montaña. Pero desde luego, como de ese amor necesitan todos los pueblos y todas las personas, este es un secreto que tendrá que volverse secreto de todos los hombres cuando lo sea, pues será la consumación de la historia, pero guardando las proporciones antes de esa consumación de la historia, lo que está haciendo Jesús es aconsejarle, es como si Jesús dijera: si me quieres recibir esta palabra de un amigo, créeme que se logra más en el padecer, en el padecer se logra más, créeme que en la profunda aceptación por amor, por el mismo amor que yo te tengo, créeme que de ahí surge muchísimo más. Créeme que nunca avanza tanto el amor como cuando parece retroceder y nunca es más grande el amor que cuando parece pequeño. Y todo esto que dijo Cristo es lo mismo que sigue diciendo a lo largo de todos sus milagros, en su ministerio público. Es lo mismo que dice Cristo cuando se muere en la cruz. La cruz sigue siendo el secreto del amigo. La cruz no es una ley para que le digamos a la gente usted tiene que crucificarse, no. La cruz es la sugerencia de un corazón que ama a un corazón amado y por eso el mensaje de la cruz está abierto, porque cruces lo vemos en todas partes, pero está cerrado porque sólo puede abrirse por medio del amor. Así pasa también con este sermón. Está abierto, el que quiera oiga lo que ha dicho Cristo, pero no va a entender nada. Solo cuando entras en el espacio del amor, solo cuando puedes sentir su mano que te abraza, su mano que te consiente, que te sana, solo en ese momento puedes entender que efectivamente sí se logra más padeciendo y amando que de ninguna otra forma. El lenguaje del lenguaje judío, arameo, lo que quieras decir. Pero el estilo fundamental, la enseñanza fundamental mejor es, si entras en la lógica de mi amor, también tú descubrirás que hay otros caminos para obrar en la tierra, y hay otros caminos de tender hacia el cielo. Ese mismo mensaje lo siguió diciendo Cristo y así hasta la cruz. Y desde la cruz Cristo sigue siendo ese que muestra que la plenitud del amor es hondamente paradójica, pero es lo único que realmente le puede al corazón humano. Efectivamente, ese amor de la cruz ha hecho más que todas las leyes, más que todas las justicias, más que todas las cuadrículas en las que queremos meter el comportamiento humano. Que Cristo, entonces, al mostrarnos su amor, al revelarnos este amor en la cruz y en la Eucaristía, nos permita también entrar en esa extrañísima lógica del padecer, no del padecer por cobardía, sino del padecer redentor. Si uno nota cómo se parte el pan para poder repartirse, seguramente está muy cerca de este Evangelio que hemos escuchado y meditado.

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