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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Solo Dios me puede cambiar mi corazón, Él puede mandar fuego del cielo y darme un corazón nuevo capaz de dejar de perseguir a mis ?baales? y volverme a Él, al Dios Verdadero.
Homilía o103011a, predicada en 20240612, con 5 min. y 8 seg. 
Transcripción:
Hay algo muy hermoso, mis hermanos, en la primera lectura de hoy que nos cuenta otro de esos milagros impresionantes del profeta Elías. Este milagro tiene que ver con el Monte Carmelo. Sí, efectivamente, el mismo Monte Carmelo que recordamos cuando celebramos a la Virgen del Carmen. ¿Qué fue lo que sucedió en aquella oportunidad? Pues que el pueblo estaba dividido, porque entre los prodigios de la brujería fenicia y las amenazas de Jezabel, que era de esa raza, de esa cultura, entre la brujería y las amenazas, pues el pueblo poco a poco se iba apartando del Dios verdadero y poco a poco se iba entrando cada vez más en el culto de Baal. Esta expresión Baal, según tengo entendido yo, esa expresión va más que referirse a un único personaje, a una única deidad, es como un nombre genérico de los distintos dioses que había o a los que se les daba culto, más bien en la tierra de Canaán en aquel tiempo.
Y eso en sí mismo es muy interesante, porque lo que nos está mostrando es que Jezabel, que era la mujer fenicia, la esposa del rey, la que estaba imponiendo la brujería, ella fue supremamente astuta y entonces, ella no pretendió imponer el nombre de los dioses que eran venerados allá en su pueblo. Por ejemplo, allá se veneraba a una tal Astarté, una diosa Astarté. No, Jezabel fue lo suficientemente astuta para darse cuenta que mejor era que cada quien le diera culto al Dios que se le diera la gana. Y la palabra Baal hace una referencia como como a decir un dios, entonces el ataque de Jezabel contra la fe no fue: Apártense de Yahvé y quédense con Astarté. Ella no cometió ese error de estrategia, sino ella lo que dijo fue: Que cada uno le dé culto a su Baal, que cada uno le dé culto a su Dios. Mira lo que es esa astucia, cuando el demonio quiere apartarnos de Dios más que imponerse él, por ejemplo, para que le den culto, que seguramente es lo que quisiera, más que imponerse él, lo que hace es presentar las cosas como que cada quien siga su apetito: A que a ti te gusta drogarte, drógate tranquilo, te fascina el dinero, tu sigue a tu baal. A ti te encanta sexo, sexo y más sexo, sigue a tu baal. Esa es la estrategia del demonio, que cada uno siga su baal, con tal de que nos apartemos del Dios verdadero.
Entonces Elías convoca al pueblo allá en el Monte Carmelo y a través de un milagro, que es un milagro impresionante, porque es fuego que baja del cielo a consumir una ofrenda, a través de ese milagro dice estas palabras o con motivo de ese milagro dice estas palabras: Señor que se sepa que yo soy tu profeta y que este pueblo sepa quién es el Dios verdadero y que tú les puedes cambiar el corazón. O sea, son tres peticiones las que hace Elías. Que se sepa que tú me has enviado, que no soy un hombre caprichoso ni he hecho esto por mi cuenta. Que se sepa quién es el Dios verdadero, que el Dios verdadero no es el Baal que cada uno quiera seguir. Y tercero, que es el que más me llama la atención y con lo que quisiera terminar, que el pueblo sepa que tú les puedes cambiar el corazón, que sepan eso, que tú les puedes cambiar el corazón. ¡Qué cosa tan hermosa! Dios me puede cambiar el corazón. Dios puede mandar fuego del cielo, fue lo que sucedió en Pentecostés, ¿te acuerdas? Llamas de fuego. Dios puede mandar fuego del cielo y Dios puede darme un corazón nuevo, un corazón que deje de perseguir a los baales, y que se vuelva al Dios verdadero, el único que merece honor y gloria. Amén.

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