Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿De qué lado quieres estar? ¿En la comodidad del río de los seguidores de Baal o en la austeridad de un Elías y de tantos testigos y santos fieles que ha tenido y tiene la Iglesia?

Homilía o103008a, predicada en 20200610, con 7 min. y 14 seg.

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Transcripción:

Presionado por su esposa, que se llamaba Jezabel y que practicaba la brujería, el rey Ajab había facilitado las cosas para que la idolatría entrara hasta el último rincón del reino de Israel. Por supuesto, la llegada de la idolatría suponía la desaparición de todos los que profesaran la fe en Yahvé. Y eso ¿qué implicación tiene? Pues eso implica que fueron eliminados o tuvieron que irse desterrados los que creían en Yahvé, el Dios que los había sacado de Egipto, el Dios de la Alianza en el Sinaí, el Dios que los guió y les enseñó a través de Moisés. Tenían que renegar de Dios para aceptar la nueva religión. Un momento extremadamente duro que, sin embargo, ha sucedido varias veces. Las persecuciones institucionales han acontecido en muchos sitios y siguen sucediendo también en nuestra época. Por eso también en nuestra época hay grandes héroes de la fe que, a pesar de todo, permanecen fieles. Los hay en muchos sitios, pero, sobre todo, hay que buscarlos allí donde se detesta el nombre de Cristo, incluso si se quiere dar una apariencia de respeto religioso.

El hecho es que en tiempos de Elías habían desaparecido los profetas, los profetas de Yahvé. En cambio, había toda una élite, una nueva clase social que eran los profetas de Baal. El nombre Baal no alude a una sola divinidad. Con mucha frecuencia en la Biblia aparece en plural, los baales, porque la palabra Baal viene de antiguas, muy antiguas raíces semitas, y significa algo así como un dios, o sea que los baales son los dioses. Y como parte de su campaña para hacer desaparecer completamente la fe en el Dios de la Alianza, Jezabel sabía que había un paso intermedio y era volver a la gente politeísta, es decir, que dejen de creer en Yahvé, pero que empiecen a creer en cualquier baal, en cualquier dios, en cualquier cosa que crean, en lo que sea.

Por supuesto, digo este pensamiento y viene a mi recuerdo una frase muy famosa de aquel católico laico, inglés, hombre de agudísima percepción, estoy hablando de Gilbert Chesterton. Y lo que dice Gilbert Chesterton es que cuando se deja de creer en Dios, se empieza a creer en cualquier cosa. Esa fue exactamente la política institucional de Jezabel, que ya sabemos, era la que manejaba completamente a su esposo, a Ajab. Entonces Jezabel se dio cuenta de que lo que había que hacer era entre la fe en Yahvé y la religión que ella quería imponer, había un paso intermedio, ese paso intermedio era volver a la gente politeísta, idólatra, supersticiosa, dicho en lenguaje popular, que crean en lo que sea, en lo que sea. Eso está sucediendo también en nuestra época, velo relacionando con nuestra época.

A mí no se me olvida, y lo he contado dos o tres veces ya, como uno de los países que con bastante frecuencia muestra una gran hostilidad hacia la Iglesia Católica, desde el punto de vista institucional, estoy hablando de España, organiza o permite que se organicen ferias de esoterismo en la famosísima estación de trenes Central. En la estación de Trenes de Atocha, en el corazón de Madrid, me encontré en alguna ocasión que tuve que viajar para misión, allá a España, me encontré tremenda feria esotérica. No te miento, 50, 60, 70 locales, en uno te leen la mano, en el otro te adivinan la suerte, en el otro te leen el aura, en el otro te hacen la carta astral, en otro te averiguan qué fue lo que hiciste en tus anteriores reencarnaciones. Es decir, lo importante es quitarle la fe a la gente como sea, quitársela. Hay que pasar por una etapa intermedia y esa etapa intermedia es todo tipo de superchería, fetichismo, superstición, brujería, eso pasa también en nuestro tiempo.

Entonces, ese es el contexto para entender la escena de la primera lectura de hoy, del capítulo número 18 del primer libro de los Reyes, por favor católicos, familiarizarnos con estos textos, leerlos, leerlos en una buena biblia católica, ver las notas que ahí aparecen, recordar las fechas, tener presente cuando suceden las cosas. Es tu familia, hermano, es tu familia, es mi familia. Elías es familia mía y es familia tuya. Y lo que hace Elías es una tremenda demostración, una impresionante y espectacular demostración en el Monte Carmelo, para que se vea que solo Dios es Dios, solo Dios es Dios. Esa es la gran demostración que quiere hacer Elías, solo Dios es Dios. O como dice el grito de victoria de San Miguel Arcángel ¡Quién como Dios! Nadie como Dios. Ese es el grito de Elías. Elías está haciendo aquí el papel de un ángel que custodia la fe, que custodia la soberanía de Dios, que protege la gloria que solo corresponde a Dios.

Y la pregunta es ¿Y dónde están los Elías de hoy? ¿Dónde están los que defiendan así la fe? ¿Dónde están los que proclamen los derechos de Dios? Gracias a Dios sí que existen esas personas, yo he podido conocer verdaderos testigos del Evangelio. Yo he conocido gente valiente, obispos y sacerdotes valientes que han sostenido la sana doctrina, la fe verdadera, aún en contra de todo lo que se les venga encima, son ejemplo para mí, creo que son ejemplo para todos nosotros. Y cada uno debe pensar de qué lado quiere estar. En la comodidad del río, de los seguidores de Baal o en la austeridad de un Elías y de tantos testigos y santos fieles que ha tenido la Iglesia a lo largo de los siglos.

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