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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El bien, la bondad y la donación de Dios no son completas en la ley; sólo es plena en Jesucristo pues Él nos trae la fuerza para alcanzar el bien y vencer el mal y el pecado.
Homilía o103006a, predicada en 20160608, con 4 min. y 37 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo quinto de San Mateo. Vamos leyendo poco a poco, junto con toda la Iglesia, el llamado Sermón del Monte o Sermón de la Montaña. En el caso de hoy encontramos un texto que es un poco difícil porque Cristo dice: «No he venido a abolir la ley». Y esto puede dejarnos un poco perplejos, porque uno dice: ¿Si Cristo no ha abolido la ley de Moisés, quiere decir que tendríamos que seguir practicando la ley de Moisés? Pero, por otro lado, si en Cristo se renuevan todas las cosas, y si la ley de Moisés no traía verdaderamente la plenitud de la salvación, entonces ¿no había que abolir esa ley? Por eso digo que este texto es difícil, porque si uno afirma que no había que abolir la ley, pues quiere decir que esa ley sigue siendo válida. Pero, por otro lado, si esa ley sigue siendo válida y no da la salvación, pues al contrario, parece que sí habría que abolirla.
Cristo utiliza esta expresión: «No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud». Para tratar de entender el mensaje de nuestro Señor, hagámonos esta pregunta ¿qué pasaría, qué pasaría, lo preguntamos así, como un hipotético caso, qué pasaría si la ley de Moisés tuviera que ser abolida? Eso significaría una de tres cosas, o que no era verdad, o que no era un bien, o que no venía de Dios. Porque, evidentemente, lo que es falso no debe permanecer. Evidentemente, lo que no es cierto, pues, no debe permanecer, lo que no es bueno no debe permanecer, lo que no viene de Dios no debe permanecer. En ese sentido, es explicable que, si la ley o no es verdadera, o no es buena o no viene de Dios, pues tendría que ser suprimida, esa parte la entendemos. Y, tal vez, por ahí viene la explicación, porque al decir Cristo que no ha venido a abolir la ley, lo que está afirmando es que la ley sí viene de Dios, que en la ley sí hay una verdad fundamental para el corazón humano y que en la ley sí hay un bien, un bien real que experimentó, en primer lugar, el pueblo elegido.
Sí, la ley viene de Dios y la ley trae una verdad y la ley nos acerca un bien, pero Cristo dice: Quiero llevarla a plenitud. Ah, entonces ahora ya entendemos mejor, porque eso quiere decir que, aunque la ley viene de Dios, Dios todavía tenía más para darnos. Y eso es lo que nos da exactamente en nuestro Señor Jesucristo. Es verdad que en la ley había verdad, y la verdad fundamental de la ley es que despierta nuestra conciencia sobre lo que es bueno y sobre lo que es malo. En ese sentido, había una verdad en la ley. Pero, por otro lado, esa verdad de la ley todavía no era plena. Por eso, nos dice el evangelista San Juan: La ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad, la verdad en plenitud, nos han llegado por Jesucristo. Porque la plenitud de la verdad, que es como decir la manifestación del rostro pleno de Dios, solo aparece en Jesús. O sea que la ley si nos daba una verdad, pero faltaba todavía lo más importante, y eso es lo que recibimos en Jesús.
Y lo mismo con la otra expresión que he utilizado, en la ley había una bondad, ciertamente, porque el solo hecho de evitar el pecado, de señalar el pecado, ya es un bien muy grande. Pero no era un bien pleno, porque todavía no nos daba la fuerza necesaria, todavía no había la fuerza para evitar ese mal y para buscar ese bien. Y esa fuerza fue la que nosotros recibimos con el don del Espíritu Santo que Cristo mereció para nosotros con su sacrificio en la Cruz. En resumen, la ley sí viene de Dios, sí es verdadera y sí es buena, pero no es todo lo que Dios quiere darnos, no tiene todavía toda la verdad y no está completo el bien ahí, y eso es lo que se ha completado, esa bondad, esa verdad, esa donación de Dios es lo que se ha completado, en la persona de nuestro Señor Jesucristo.

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