Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Las promesas de Baal siguen atrayendo hoy como ayer; por eso conviene recordar lo que implica servir a un dios muerto.

Homilía o103005a, predicada en 20120613, con 12 min. y 29 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

A los ojos de los israelitas, lo que quedó demostrado con esta escena que vimos en la primera lectura de hoy es que Yahvé es el Dios verdadero. Pero ahora preguntémonos nosotros ¿qué fue realmente lo que demostró Elías? Es interesante ver que los profetas de Baal empiezan diciendo: Baal, respóndenos. Y Elías dice: Respóndeme, Señor. Baal no respondió, Yahvé sí respondió. El Dios verdadero responde. Lo segundo que se nota es que los profetas de Baal han preparado un sacrificio. Pero no hay quien reciba ese sacrificio. Y no solamente el novillo que han preparado, sino que ellos mismos se vuelven sacrificio, sajándose, haciéndose sangrías, pero el sacrificio de ellos no hay quien lo reciba. En cambio, el sacrificio que presenta Elías, lo recibe el Señor. El Señor responde, El Señor recibe el sacrificio.

Y el otro contraste es, las tres cosas van relacionadas, en el caso de Baal, la frase que se repite es esta: No se oía una voz ni una palabra. El Dios verdadero, en cambio, hace oír su Palabra, fundamentalmente con ese trueno, con ese rayo que cae. Entonces, el Dios verdadero es el Dios que responde, es el Dios que le da un sentido y un fruto a nuestro sacrificio, es el Dios que habla, el Dios que guía. Uno puede pensar que estas historias de pueblos tan antiguos, se quedan únicamente para esa época. Las cosas cambian cuando se recuerda quién era Baal.

Yo me acuerdo que hace un tiempo tuvimos un curso, retiro en este monasterio, exactamente sobre ese tema, sobre Elías y sobre Baal. Para no repetir una semana de retiro en una homilía, vamos únicamente a recordar que Baal es el Dios de la prosperidad, de la seguridad y de la fecundidad. La razón por la que Baal es tan popular en aquella región es porque esas son sus promesas, la seguridad donde yo tengo el control, la prosperidad que yo disfruto, la fecundidad que me prolonga hacia el futuro. Y cuando se ve que esos son los rasgos de Baal, se ve que Baal no es tan antiguo. Porque esas tendencias, esa búsqueda está siempre en el corazón humano. Cuando uno se hace la pregunta ¿en dónde está mi seguridad? ¿Qué es lo que me hace sentir seguro o inseguro? Cuando uno se hace la pregunta ¿de quién o de qué espero mi prosperidad, mi florecimiento, la plenitud de mi vida? Cuando uno se hace la pregunta ¿quién asegura mi futuro? Ahí encuentra el Dios en el que uno cree, ese es el Dios en el que uno cree.

Y en ese sentido, quizás Baal anda todavía por ahí, por las calles, quizás Baal recibe culto en las pantallas de la televisión, en los avisos de la publicidad: Haga esto y sea feliz. Compre esto y sea feliz. Tenga esto, póngase esto, úntese esto y sea feliz. Y el día en el que usted se unte esto, el día en que por fin usted tenga un cabello como el de esta hermosa modelo, el día en el que usted se ponga esta micro tanga, el día en el que usted se suba en este coche, ese día usted será feliz. Baal sigue vivo. Los que hacen propaganda, los sistemas financieros, que luego toca rescatarlos con cien mil millones de euros, pero esa es otra historia. Pero lo que ellos nos venden es eso: Aquí tengo mi futuro asegurado y se consiguen unos actores que ponen cara de abuelos satisfechos, seguros: Yo puse mis ahorros en la caja X, Y, Z y ahora está todo asegurado. Entonces quitémonos la idea de que estas historias son historias del pasado, las seguimos buscando: Adelgace y tenga amigos. Póngase bonito y lo van a querer. Use este perfume, y entonces si es hombre, pues como abejas al panal, le llegarán todas las mujeres. Esa es la mitología que nos venden, bueno, esa no la venden, la regalan, pero para vendernos otra cosa.

Llevamos dos puntos primero ¿qué distingue al Dios verdadero en el texto de Elías? Segundo, que Baal sigue vivo, no porque tenga vida, sino porque nosotros lo mantenemos vivo y lo mantenemos vivo porque seguimos anhelando las mismas cosas que anhelaba aquella gente. Ellos no tenían teléfonos celulares, ellos no tenían ordenadores sofisticados, pero ellos tenían un corazón humano como el nuestro y nosotros en su situación o ellos en la nuestra, seguimos deseando esencialmente lo mismo. Entonces, pasemos a la conclusión, si nosotros somos tan semejantes a ellos, y si Elías, a través de toda esa escena y todo eso, toda esa acción les demostró a ellos quién era el Dios verdadero, pues seguramente la enseñanza que era válida en ese tiempo, es válida en el nuestro.

Es decir, aquella gente se estaba sacrificando por un Dios que no recibe, que no responde. Y es muy posible que los que están poniendo todo su empeño, toda su seguridad, toda su promesa de felicidad y de vida en los Baales de hoy, también se estén sacrificando por un Dios muerto. Y la palabra sacrificio es justa, porque servir a un Dios siempre implica sacrificio. Pregúntale al que se endeuda hasta el límite máximo del estrés por tener ese coche, porque tiene que tenerlo. Pregúntale al que se obsesiona o a la que se obsesiona hasta matarse de hambre porque tengo que tener el cuerpo perfecto. Por supuesto que Baal sigue pidiendo sacrificios, por supuesto. Por supuesto que Baal sigue reclamando sangre, incluyendo la sangre de los abortos: No entra, no entra en mi vida que yo esté criando a estas alturas, pues al altar de Baal con ese feto, sigue pidiendo sangre. Pero no responde y no recibe.

Lo que se encuentran al final los profetas de Baal es que todo su empeño, todo su esfuerzo, todo su sacrificio se ha perdido. Y eso es lo que encuentran también los que sacrifican a los dioses de hoy. Y yo me pregunto si eso tendrá algo que ver con la epidemia de depresión que hay en tantas partes del mundo. Caso dramático la gente que se suicida, cuando el sistema financiero colapsa: A mí me prometieron seguridad y ahora resulta que mis acciones no valen nada, valen décimas de centavo. ¿Ahora qué hago? Pues acabar conmigo. Tenemos que preguntarnos a quién le estamos sacrificando, tenemos que preguntarnos cuál es nuestro Dios y si hemos tenido el gozo de encontrar al Dios verdadero, tenemos que sentir la alegría de que Él nos encontró primero y tenemos que sentir la certeza de depositar en Él toda nuestra confianza. Esa es la fe, eso es creer.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM