Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La postura cristiana ante el Antiguo Testamento supone: valorar lo que allí se dice pero reconocerlo incompleto, pues su plenitud está sólo en Jesucristo.

Homilía o103004a, predicada en 20120613, con 4 min. y 50 seg.

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Transcripción:

Los capítulos 5, 6 y 7 del Evangelio según San Mateo corresponden a lo que se suele llamar el Sermón de la Montaña. Se le da este nombre a ese grupo de palabras de Cristo, porque todo ese texto empieza con las bienaventuranzas y según San Mateo, Jesús enuncia las bienaventuranzas, que son como el corazón de su mensaje evangélico, sobre la cumbre de una montaña, por eso se llama el Sermón de la Montaña. Hay que notar que las palabras que Mateo presenta en este orden específico, esa serie de recomendaciones, exhortaciones, mandatos que Cristo da en esos tres capítulos de San Mateo, aparecen en distinto orden o de manera incompleta también en los otros Evangelios, esto hace suponer que hay toda una historia de la redacción del texto. Es evidente que en aquella época nadie tenía, por ejemplo, una grabadora o siquiera un sistema de tomar apuntes de modo ordenado como para decir: Estas son las palabras que Cristo dijo tal día, o estas son las que dijo tal otro día.

En realidad, lo que encontramos en la Escritura es el recuerdo iluminado por la gracia del Espíritu Santo, el recuerdo de esas palabras como quedaron grabadas no en el papel, ni tampoco en una cinta magnetofónica o en un disco duro, sino como quedaron grabadas en el corazón, en la mente, en la vida misma de los discípulos. Y no debemos pensar que esa manera de grabar las palabras de Cristo sea insegura. Porque, si bien es cierto que muchos de sus discursos y muchas de sus expresiones jamás llegarán a nosotros, de una cosa podemos estar convencidos, y es que precisamente porque las que nos han llegado, a través de la comunidad, tienen el sello de esa importancia, de ese impacto que produjeron en los creyentes. Y por eso, podemos estar ciertos de que nada esencial se ha perdido, sino que en ese testimonio está aquello que el Espíritu Santo quiso que nosotros recibiéramos. No podemos afirmar, lo digo una vez más, que las palabras fueron pronunciadas exactamente en el orden en el que nosotros las tenemos. Pero lo que sí podemos afirmar es que ese orden querido por Dios, por ejemplo, para este texto de San Mateo, tiene un significado para nosotros y nos ayuda a descubrir de algún modo las prioridades del mismo Dios, en su obra de salvarnos.

Bueno, encontramos en el texto de hoy que es parte del Sermón de la Montaña, que Cristo habla de la relación entre su enseñanza y la ley antigua. Por supuesto, esta tenía que ser una cuestión bastante debatida y bastante difícil en el tiempo de Cristo, porque por un lado, Él habla con gran autoridad, pero, por otro lado, es evidente que su enseñanza y que su manera de expresarse no es la misma que la de los escribas y supuestamente, los escribas eran los que tenían como más autoridad para enseñar. Jesús utiliza una expresión que no debemos olvidar: Él ha venido para dar plenitud. Y dar plenitud, quiere decir que estaba sin plenitud, que estaba incompleto aquello que aparece en el Antiguo Testamento, los mandatos de Moisés, las promesas de los profetas, las reflexiones de los sabios, no carecen de importancia. De hecho, tienen un valor permanente. Pero ese valor definitivo solo llegaría con la persona de Cristo. Y por eso la postura cristiana frente al Antiguo Testamento es, por un lado, valorar lo que allí se dice, pero por otro lado reconocerlo como incompleto y reconocer que su sentido pleno solo llegaría con la persona de Jesucristo. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

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