|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Quien cree profundamente en la Palabra de Dios puede obedecer de corazón y quien obedece aprende a dejarse a sí mismo en segundo lugar para contemplar la gloria de Dios.
Homilía o102012a, predicada en 20260609, con 6 min. y 50 seg. 
Transcripción:
Importantísima lección nos da la primera lectura de hoy a través de las palabras y las acciones del profeta Elías y de una humilde viuda en la región de Sarepta. El contexto es que hay gran pero gran necesidad, porque la lluvia no llegaba y la lluvia no llegaba. Porque como explicábamos en la homilía de ayer, pues Elías tenía de alguna manera que demostrarle a la soberbia, a la arrogancia de Ajab y sobre todo de su esposa, una señora practicante, la brujería llamada Jezabel, tenía que demostrarles a ellos que ellos no eran los dueños de todo y que ellos no podían controlarlo todo. Porque lo propio de la soberbia humana es precisamente creer eso, creer que podemos manejarlo todo, creer que todo lo podemos controlar. Pues entonces Elías, con este gesto profético realmente magnífico, pero al mismo tiempo de tremendas implicaciones, dice: Pues entonces no hay más lluvia. A ver qué va a suceder. A ver, a ver qué pasa con todo tu poder, qué pasa con toda tu arrogancia. Cuando nosotros hablamos de que no hay lluvia. Pero por supuesto, esto llevó a multitud de personas a una situación de terrible sufrimiento. Y entre esas personas estaba una mujer viuda que tenía solo un hijo pequeño. Esa mujer viuda es la que Elías encuentra cerca de la ciudad de Sarepta y Elías, que también estaba sufriendo las consecuencias de esa falta de lluvia, le suplica a esta mujer que le dé un poco de agua. Y como también tenía un hambre terrible, podemos imaginar lo que se estaba viviendo. le dice: Dame algo de pan, dame algo para comer. La mujer le responde pues su situación le responde describiéndole su situación absolutamente horrorosa. Le dice: Pues es que mira, estoy recogiendo un poco de leña, me queda un poquitico de harina. Voy a hacer un pan para mi hijo y para mi o comeremos y moriremos. Realmente ella está llegando al borde mismo. Todos sus recursos, todo lo que ella puede hacer, llega a su límite. En esas circunstancias, Elías le dice estas palabras que cada vez me causan más asombro, le dice: Él prepara primero un pan para mí, luego para ti y para tu hijo, luego para ti y para tu hijo. Porque así dice el Señor no se va a acabar la harina, no se va a acabar el aceite, aceite necesario, pues para hacer el pan no se va a acabar, ni la harina ni el aceite. Claramente se trata de un milagro. Claramente es un milagro. Y la mujer obedece y la mujer obedece porque cree y la mujer se pospone. Creo que difícilmente hay algo más difícil para una mujer, una mujer madre, que posponer la necesidad de su hijo. Ya es muy difícil posponerse ella. Pero es que para una mamá muchas veces el bien del hijo es todavía más importante. Pesa más en su corazón que el bien propio de ella. Y sin embargo, esta mujer número uno cree. Número dos, obedece. Y número tres se pospone por obediencia se pospone. Pospone su propia situación y pospone la situación del hijo. Creer, obedecer, posponerse. Observemos que no se puede llegar al posponerse sin el creer y obedecer de corazón. Esto tiene un orden y solamente en ese orden se entienden las cosas creer, obedecer y posponerse. Eso fue lo que ella hizo, pues ella creyó, ella obedeció y entonces se pospuso. Y cuando ella se pospuso, pues efectivamente le dio al profeta a Elías que debía estar en el límite de sus propias fuerzas, le dio ese panecillo. Pero la harina no se acabó, el aceite no se acabó. Y siguieron comiendo con ese alimento multiplicado. Por estas cosas me duele tanto, pero tanto, cuando algunos predicadores, cuando algunos obispos, cuando algunos sacerdotes tratan de quitarle milagros a Dios, como en la multiplicación de los panes, como diciendo no, no, no, no hubo multiplicación de los panes, fue simplemente que la gente se puso a compartir. Me da indignación, pero sobre todo me da dolor. ¿Por qué quieres achicar a Dios? ¿Por qué lo quieres achicar? Dios es grande y lo muestra en pasajes como este Dios es grande. Dios es grande. Y la harina no se acabó. ¿Hasta cuándo? Hasta que volvió la lluvia por mandato de Dios a través de Elías. Y pudo haber nueva cosecha y pudo haber nueva harina. Fue un milagro que se prolongó entonces mucho tiempo. Ese es nuestro Dios. O sea, conoce el poder de Dios, el que se pospone, pero se logra posponer, el que obedece en su corazón y puede obedecer en su corazón, el que cree, el que cree a fondo en el poder de la Palabra divina. Entonces completemos la secuencia creer, obedecer en el corazón, posponerse, contemplar la gloria divina. Eso fue lo que vivió la viuda de Sarepta. Y eso es lo que vamos a vivir nosotros si nos atrevemos a creer con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro amor.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|