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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Palabra de Dios quiere transformarnos para que le demos un sentido pleno a nuestra existencia y para que iluminemos a nuestros hermanos.
Homilía o102007a, predicada en 20160607, con 4 min. y 21 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del Capítulo Quinto de San Mateo y es la continuación del Sermón de la Montaña que empezamos a escuchar el día de ayer. ¿Qué es lo que nos dice Cristo? Su mensaje está cargado de poesía y de belleza. Su mensaje es profundamente inspirado e inspirador, pero sobre todo, es un mensaje que quiere traer un cambio a nuestra vida y que quiere traer un cambio, un cambio definitivo a la historia humana en la dirección de Dios.
Es decir, tal vez el aspecto que sobresale más en las palabras de hoy en el texto del Evangelio de hoy es que el Evangelio es fuerza de Dios para salvación de todo el que crea. Según una expresión muy querida por el apóstol San Pablo, es fuerza que transforma. Este dato no es evidente inmediatamente, porque la palabra humana tiene muchos usos. Uno puede valerse de la palabra humana, por ejemplo, para entretener. Un buen humorista puede mantener dos horas en atención a todo un auditorio. O sea que la palabra humana puede entretener. La palabra humana puede servir para hacer especulaciones, cavilaciones quizás muy profundas, como las que hacen los filósofos. La palabra también puede, en cierto sentido, traer belleza a nuestra vida, como cuando escuchamos una poesía que sentimos que eleva nuestro corazón.
Y aunque en el Evangelio de Cristo hay cosas interesantes, hay temas profundos y hay mucha belleza. El objetivo primordial de las palabras de Cristo es que nosotros seamos distintos. Esto es lo que yo creo que hay que destacar en primer lugar, en este texto. El Evangelio existe para que nosotros lleguemos a ser distintos. Hay un pasaje muy bello en el profeta Isaías donde dice Dios la palabra que sale de mi boca no volverá a mí vacía, sino que hará mi encargo, hará mi encargo. Allá por el Capítulo Cincuenta y cinco de Isaías está ese texto.
Es decir, la Palabra no vuelve al cielo, dice el profeta Isaías, no vuelve al cielo sin fecundar la tierra, sin hacerla germinar. Dios quiere que su Palabra haga algo en nosotros. Y esa transformación que sucede en nosotros en el pasaje de hoy aparece descrita por medio de dos imágenes que son fáciles de entender. Una imagen es la sal, la sal que da sabor, la sal que conserva los alimentos, la sal que crea cierto escozor pero escozor saludable. La sal. Ustedes son sal. Y otra también muy fácil de entender: ustedes son luz. Ustedes son luz del mundo, es decir, capaces de manifestar una ruta, capaces de mostrar la verdad, capaces de señalar ese camino que lleva a la plenitud.
Sin embargo, si miramos nuestras vidas, es posible que pensemos. Pues yo a veces no me siento demasiado como la luz, porque yo mismo estoy muy desorientado o a veces no soy como la sal porque no le he dado sabor de Cristo al lugar donde me encuentro, a las amistades que tengo, a las cosas que me suceden. Bueno, si esa es tu condición, pues ya sabes lo que hay que hacer. Lo que hay que hacer entonces, es acudir a Cristo para que sea Cristo el que le dé sabor a tu vida y luego haga de ti sabor. Haga de ti elemento que conserva y que renueva todo aquello donde se encuentra. Ese es el papel nuestro.
Resumen. La Palabra de Dios no es una distracción, no es un entretenimiento, no es simple especulación para intelectuales, no es simple belleza para poetas. La Palabra de Dios es palabra que quiere transformarnos para que nosotros demos un sentido pleno a nuestra existencia y para que nosotros también iluminemos a nuestros hermanos. Así sea.

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