Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cuando Dios nos ordena algo, con esa misma Palabra nos está dando la fuerza interior para realizarlo y vivirlo.

Homilía o102006a, predicada en 20140610, con 4 min. y 27 seg.

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Transcripción:

Estamos avanzando en la semana décima del tiempo Ordinario. Hemos tomado el día de ayer el comienzo del Sermón de la Montaña. Es una colección de predicaciones de Jesucristo que San Mateo nos ofrece de una manera continua desde el capítulo quinto hasta el capítulo séptimo. De hecho, es la colección más amplia y en cierto sentido, la más importante de las palabras de Jesucristo. El Sermón de la Montaña, capítulos cinco, seis y siete de San Mateo. Se ha dicho que este Sermón de la Montaña es como la síntesis de la vida cristiana. Toda la novedad, toda la fuerza, toda la belleza del mensaje del Evangelio está ahí. Ahí, en el Sermón de la Montaña.

También toda la paradoja y toda la capacidad de cuestionamiento que tiene el Evangelio de Jesús. Ayer escuchábamos, por ejemplo, las bienaventuranzas y sin duda son textos paradójicos y textos que nos golpean. ¿Por qué Cristo llama felices a los que lloran, a los que tienen hambre y sed de justicia, a los pobres, a los mansos, a los puros? Es paradójico, pero no debe extrañarnos que la Palabra de Cristo sea paradójica, puesto que su misma existencia, su tenor de vida, es toda una paradoja. Tenemos al Rey de Reyes no buscando ser servido, sino servir. Tenemos al dueño del universo viviendo prácticamente como un profeta mendigo. Tenemos al sabio más grande, al verdadero Maestro, dedicando su tiempo a enseñar a personas completamente incultas, muchas de las cuales sin duda carecían de los elementos básicos de la cultura también de esa época.

Hoy una persona que tiene una alta preparación y muchos estudios, solo quiere dar conferencias y enseñanzas en los grandes centros académicos y en las asambleas de gente muy prestante y seguramente cobra millones por ofrecer sus palabras que se suponen tan valiosas. Pues aquí tienes al maestro de maestros que gasta su tiempo sin cobrar nada, enseñando con lenguaje sencillo a pescadores, pastores, publicanos y pecadores.

Así que la vida de Cristo es paradójica y su palabra es paradójica. Y el Sermón de la Montaña es paradójico, nos hace pensar, pero también nos inspira y también nos levanta. Hoy, por ejemplo, nos dice Cristo: que somos llamados a ser sal y ser luz, luz del mundo. Es muy hermoso este lenguaje porque nos está recordando la transformación que Él mismo realiza en nosotros. Cuando Cristo le dice, por ejemplo, a un paralítico, levántate. La misma palabra que le ordena levantarse le está dando la fuerza para levantarse. Lo mismo hay que creer aquí cuando Cristo nos dice que tenemos que ser luz. La misma palabra que nos ordena ser luz, nos vuelve luminosos cuando Cristo nos ordena que seamos sal.

La misma palabra que nos ordena ser sal hace de nosotros gente que le da sabor, que detiene la corrupción y que defiende la posesión de Dios. Vamos a creer en esa palabra, vamos a creer en el lenguaje de Cristo, vamos a dejarnos transformar por su lenguaje y sobre todo, por la fuerza incalculable de su Espíritu.

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