Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La sal conserva, da sabor y a su tiempo, incomoda. La luz muestra el camino, avisa del peligro y sabe deleitar.

Homilía o102004a, predicada en 20120612, con 4 min. y 38 seg.

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Transcripción:

Cuando Jesús habla, su Palabra no solamente nos instruye, sino que también nos sana y nos construye, porque la Palabra de Cristo es eficaz. Es lo mismo que sucede en la creación. Dios lo dijo y existió, Él lo mandó y surgió. Así, por ejemplo, leemos en el Génesis que Dios dijo: Haya luz y hubo luz. Este modo de hablar o de expresarse en la Escritura nos indica que la Palabra de Dios no se limita a declarar lo que hay, sino que al pronunciarse crea una realidad nueva, transforma. Decía Santa Teresa de Jesús: Las palabras de Dios son obras. Estamos en el capítulo quinto de San Mateo. Porque en las lecturas de entre semana, después de escuchar a Marcos, sigue el evangelio de Mateo en aquellos pasajes que son originales, suyos, que no tienen común con Marcos. Y después de Mateo vamos a escuchar a Lucas.

Pues bien, Cristo, en el capítulo quinto del Evangelio de Mateo utiliza dos comparaciones. Nos dice: Ustedes son la sal de la tierra y dice ustedes son la luz del mundo. Pero al decirnos que somos sal, nos vuelve también sal, y al decirnos que somos luz, nos vuelve luz. Por supuesto, para que esto se realice es necesario que nosotros acojamos la Palabra en nuestras vidas, que nosotros creamos en esa Palabra, que nosotros la recibamos. Son variadas y muy hermosas todas las interpretaciones que se han dado sobre estas dos palabras la sal y la luz. Por ejemplo, con respecto a la sal; la sal se utiliza para conservar los alimentos mucho antes de que existieran las neveras, por ejemplo, sistemas de refrigeración. Un modo muy común de conservar los alimentos era salándolos, porque precisamente esa sal impedía la acción de las bacterias o microorganismos. Entonces la sal conserva la sal, también, obviamente da sabor, pero también la sal y en tercer lugar, se ha dicho la sal produce escozor.

Quizás el verbo habría que conjugarlo de esta manera Escuece. La sal produce escozor; ese, ese picor, ese también es como una especie de incomodidad. Y las tres cosas se aplican al cristiano. El cristiano está llamado a dar sabor, está llamado a conservar lo que debe ser conservado en la Iglesia y en el mundo, y está llamado ni más faltaba a incomodar. También tiene que incomodar. También tiene que interrumpir lo que tiene que ser detenido o tiene que ser de alguna manera incomodado. Y con respecto a la luz; pues la luz muestra el camino, la luz avisa del peligro y la luz deleita también.

Son tres aspectos también para la luz. La luz que muestra el camino al que está en movimiento, la luz que avisa del peligro. Pensemos, por ejemplo, en el faro, la luz que deleita. Pensemos en un día hermoso, esplendoroso, luminoso. Que estas comparaciones nos ayuden, que nos inspiren para vivir nuestra fe cristiana. Pero sobre todo, como dijimos al principio, que ensanche nuestro corazón para que creyendo más, lleguemos a ser verdadera sal y verdadera luz del mundo. Amén.

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