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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los profetas recordaban a los reyes que su autoridad no era absoluta. Su misión era recordarles que, como todos, estaban llamados a servir al único y verdadero Dios.
Homilía o101012a, predicada en 20260608, con 9 min. y 10 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del primer libro de los Reyes. Pero la figura central, no solo en el pasaje de hoy, sino en muchos otros de este primer libro de los Reyes, no es un rey o no es directamente un rey, sino un profeta. Y aquí empiezan las enseñanzas para nosotros. Ese período de la historia del pueblo de Dios, que es el período de los reyes, abarca propiamente desde el primero de los reyes, que fue Saúl, después vino David, Salomón, después Roboam y con Roboam, hijo de Salomón, se dividió el reino entre el reino del norte, llamado también Israel y el reino del sur llamado Judá. Esa es la situación que encontramos después de Roboam en el sur y de Jeroboam en el norte. Vienen una serie de reyes tanto para el Reino del Norte como para el Reino del Sur. Esto sucede a la altura del siglo noveno antes de Cristo, pero unos dos siglos después, el Reino del Norte cae por los avances del imperio asirio. Estamos hablando entonces del siglo séptimo antes de Cristo, y un poco después, en el siglo sexto antes de Cristo. Vamos a encontrar la caída del reino del sur, que es cuando los judíos, porque esa fue la tribu que quedó en el sur, son deportados a Babilonia. En resumen, desde más o menos el siglo décimo antes de Cristo hasta el siglo sexto antes de Cristo, unos quinientos años más o menos, es el tiempo de los reyes. Y este es el período de la historia al que hace referencia el primer libro de los Reyes y también el segundo libro de los Reyes. Pero si nosotros miramos en la Biblia, los libros que se refieren a este tiempo son más, porque tenemos también el libro primero de Samuel y segundo de Samuel, después primero de Reyes y segundo de Reyes, y también los libros, primero de crónicas y segundo de Crónicas. Todo esto nos sirve para conocer y amar un poco más nuestra Biblia. Pues bien, esos libros de los reyes son también los libros donde más se muestra la acción de los profetas. Empezando por el primero de los reyes, que como ya dije, se llamaba Saúl. En tiempo de Saúl tenemos a un gran profeta llamado Samuel. Después en tiempo de David, pues primero tenemos a Samuel y después tenemos a otro profeta llamado Natán. Y así, a lo largo de la vida del pueblo de Dios, cuando tenía reyes, aparecen distintos profetas, hasta llegar, por ejemplo, a la época del destierro donde nos vamos a encontrar profetas como Ezequiel, como Jeremías y otros. Incluso después del destierro, también vienen otros profetas, como por ejemplo Malaquías o Zacarías. La enseñanza aquí es que allí donde hay reyes también hay profetas. Y esto me ha llamado mucho la atención. Los reyes y los profetas ocupan prácticamente el mismo espacio dentro del camino, dentro de la historia del pueblo de Dios. Hay una buena razón para esto, es que los reyes tenían siempre la tentación precisamente por el uso del poder. Tenían siempre la tentación de adueñarse del pueblo, adueñarse del pueblo. Y esto significa básicamente quitarle el reinado a Dios, porque el verdadero camino, el camino que Dios quería para los reyes, no era que ellos reemplazarán a Dios o le quitaran el lugar a Dios, sino que ellos fueran los primeros en servir a Dios. Esto es lo esencial, y por eso la voz de los profetas va a ser un recordatorio permanente en el oído de los reyes, un recordatorio que les dice: Oye, tú eres servidor de la alianza con Dios. Porque tú eres servidor de Dios. Toda la lucha de los profetas. Tú piensa en Isaías, piensa en Ezequiel, en Daniel, los nombres grandes que recordamos y también los profetas menores, como puede ser un Nahum, Ageo, Oseas, Joel. Todos los profetas tuvieron siempre un papel. Y ese papel es ser la memoria viva de la Alianza. Son los custodios, son los guardianes de la Alianza. Y como guardianes de la Alianza, ellos no van a permitir que la gloria de Dios sea trastornada o sea olvidada por los caprichos de un monarca o por el deseo de importancia de un monarca. Y esto desde el comienzo. Así, por ejemplo, Saúl, pues, tenía sus pretensiones de adueñarse del ejército. Podríamos decir con un dicho popular echarse al bolsillo el ejército, en el sentido de ganar popularidad en las batallas que Dios le encomendaba. Y Samuel le dice no, no es así, no es así. Es decir, el papel de los profetas, repito, era recordarles a los reyes Tú puedes ser rey del pueblo, pero frente a Dios tú eres siervo. No seas tan rey que se te olvide ser siervo. Bueno, esto vale muy especialmente para el profeta que aparece hoy en la lectura de hoy. Ese profeta es Elías, y el profeta Elías tuvo que recordarle al rey de turno, un rey que era completamente manipulado por la esposa, una mujer pagana cercana a la brujería llamada Jezabel. Elías tenía que recordarle a Ajab que era el rey, pero un rey marioneta, un rey gobernado completamente por el paganismo de la esposa, tenía que recordarle: Oye, hay que ser fiel a la Alianza. Esto sucedía en el reino del Norte, en el reino del Norte, y allá estuvo Elías. Y por eso Elías, pues, tiene que enfrentarse contra la prepotencia, contra la arrogancia, no solamente de Ajab, sino principalmente de Jezabel. Porque Jezabel, que era realmente la que gobernaba. Si miramos bien las cosas, pues pretendía imponerse y pretendía hacer olvidar por completo la religión de Yahvé. Esa es la triste situación que había en ese tiempo. Entonces, como había tanta arrogancia en Jezabel y luego en su marioneta y esposo, que era el supuesto rey Ajab, y ellos se creían los dueños, dueños del país, dueños de las tierras, dueños de la ley, dueños de todo. Entonces Elías tiene que recordarles que por encima de ellos y más allá de ellos, hay uno que manda. Y esa es la escena que encontramos en el pasaje de hoy. La escena es que Elías dice: bueno, tú crees que eres dueño de todo, pues vamos a ver qué pasa si se acaba la lluvia. Y este es un mensaje muy profundo, porque como ellos creían que dominaban todo y controlaban todo, ¿qué pasa? ¿Qué pasa cuando no hay lluvia? Y como la lluvia viene de lo alto, pues la lluvia es un buen recordatorio de que es la providencia del Señor la que lo marca todo. Porque la lluvia es como una señal de la bondad de Dios que no se agota. Bueno, ¿y qué pasa si quitamos a Dios de la escena? ¿Y qué pasa si quitamos la lluvia? Y esa es la orden que da el profeta Elías. Y así, oponiéndose frontalmente a la soberbia de Ajab y a las manipulaciones de Jezabel, pues Elías tuvo que sufrir muchísimo. Qué es lo que vamos a encontrar en otros textos posteriores. Resumen; el tiempo de los reyes fue también el tiempo de los profetas, porque había que recordarles a los reyes que no se creyeran tan reyes, que se les olvidara que eran como todos los demás siervos del único Dios. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

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