Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

A veces Dios tiene que obrar de manera drástica, a veces Él tiene que hacernos ver que no lo controlamos todo, que no lo podemos todo. ¡No te creas un dios, porque Dios solo hay Uno!

Homilía o101011a, predicada en 20240610, con 6 min. y 18 seg.

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Transcripción:

Uno de los milagros más conocidos, pero también de los más extraños que realizó el profeta Elías. Se nos recuerda en la primera lectura de hoy, tomada del primer libro de los Reyes. Elías cerró el cielo. No va a llover más y durante tres años y seis meses no llovió más. Es un milagro que le dio bastante nombre a Elías, pero que hay que saber entender. Sobre todo porque yo creo que muchos pensamos que los milagros son para favorecer a la gente. Por ejemplo, las curaciones que realizó Cristo son para favorecer, pero claro, cerrar el cielo y que deje de llover, pues eso parece como una especie de tortura. ¿A quién estaba ayudando Elías de esa manera? Bueno, necesitamos un poquito de contexto. No solo para comprender el sentido de este milagro que hizo Elías, sino también para entender cosas que es posible que nos hayan sucedido a nosotros mismos y quizás no las hemos comprendido. Voy a tratar de explicarme.

En aquel tiempo reinaba un hombre llamado Ajab. Pero la verdad es que no reinaba él. La que reinaba era la esposa de él, una mujer de origen fenicio llamada Jezabel, que, como hemos comentado en otras oportunidades, pues pertenecía a un pueblo donde la brujería estaba a la orden del día. Así que esta mujer estaba imponiendo cada vez más su criterio, su voluntad, ya no solamente sobre el esposo, sino a través del esposo que era el rey, estaba imponiendo su voluntad y por lo tanto su brujería sobre todo aquel pueblo. La arrogancia de Jezabel aparece bien documentada en la Sagrada Escritura, y de eso seguramente vamos a hablar en los próximos días. Cómo ella consideraba que tenía un plan, tenía una estrategia para lograr siempre lo que ella quería. Es decir, es aquella persona que cree que puede controlarlo todo, que puede salirse siempre con la suya. Ese era el caso de Jezabel, y pues ya tenía completamente dominado, por no decir embrujado, a su esposo y a través de él, repito, pues lograba imponer su voluntad esta mujer en muchas partes. Y es ahí donde es ahí donde entra el milagro de Elías.

Compara con lo que sucedió en tiempos de Moisés y el Faraón, cuando Moisés demuestra su poder ante la corte del Faraón. Moisés tenía un cayado de esos callados de pastor. Moisés arrojó el cayado al suelo y el cayado se convirtió en serpiente. Pero de alguna manera, los brujos de la corte del Faraón pudieron replicar ese mismo prodigio. Entonces las distintas plagas que suceden en la tierra de Egipto van a ser demostraciones cada vez más fuertes, cada vez más duras, de cómo no es la brujería. Es decir, no son finalmente los demonios los que tienen la última palabra, ni tampoco ellos pueden replicarlo todo. Entonces, algo parecido sucede aquí con este milagro, con esa terrible sequía. Es un recordatorio ciertamente muy, muy duro, pero es un recordatorio de quién es el que manda. Es una manera de decirle en primer lugar a Jezabel y para salvación de ella misma, que no la recibiera. Hasta donde sabemos. Eso es otra cosa. Pero la invitación es conviértete. Deja esa arrogancia y sobre todo, deja esa brujería. Deja esa práctica de la magia, la magia fenicia. Entonces, imponiendo esta sequía. Elías le estaba mostrando un límite a Jezabel y a todos los que iban como muy impulsados en esa fe en la brujería.

A veces Dios tiene que obrar así de una manera bien drástica. A veces Dios tiene que hacer ver. Tú no lo controlas todo, tú no lo puedes todo. No te creas un diosecito porque Dios, Dios solo hay uno. No te creas un diosecito porque no lo eres. Entonces Dios a veces tiene que mostrarnos que no, que no lo controlamos todo, que Él es el Señor, que Él es el Señor de toda Majestad. Y aunque eso pueda sonar brusco, y aunque eso pueda sonar muy duro, en el fondo es una gran misericordia, porque es el principio de nuestra salida de todos esos poderes oscuros de brujería y de mentira.

Es salir de todo eso para acercarnos al Dios vivo, al único que vive y que reina y que merece todo honor y alabanza por los siglos. Amén.

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