Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nada humaniza tanto como las bienaventuranzas

Homilía o101009a, predicada en 20200608, con 9 min. y 38 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Mis hermanos, son muchas las ocasiones en que hemos podido predicar sobre este texto de las Bienaventuranzas y yo me convenzo que realmente es un pasaje inagotable. Por ejemplo, uno puede relacionar las bienaventuranzas con la vida misma de Cristo, y vamos a llegar por ese camino a una conclusión hermosa. El primero que vivió las bienaventuranzas y hasta la plenitud fue precisamente Cristo, nuestro Señor. Uno puede relacionarlas bienaventuranzas con las vidas de tantos santos que hemos conocido. Si nosotros nos acercamos, por ejemplo, a aquellos que han trabajado por la paz. Pensar, por ejemplo, en un San Josafat o en un San Martin de Tour. Vemos en los santos de nuestra Iglesia el retrato de esto que se cuenta aquí. En un Carlos de Foucault podemos encontrar claramente aquello de dichosos los pobres de espíritu o en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Lo mismo tendremos que decir de un Francisco de Asís, por ejemplo.

Y si pensamos en un Padre Pío, o si pensamos en un Luis Bertrán, el patrono de mi provincia dominicana aquí en Colombia, inmediatamente concluimos que ellos fueron de aquellos que vivieron esto que dice, esto que se dice bienaventurados, dichosos los que lloran porque serán consolados. Entonces, esa es otra manera de acercarse a las bienaventuranzas. Otro modo muy bello y muy provechoso es relacionar las Bienaventuranzas con la historia del pueblo de Dios y darnos cuenta que del Antiguo Testamento viene ese grupo que llamamos los pobres de Yahvé, aquellos sobrevivientes después de todas las catástrofes, todo lo que sucedió en el exilio. Después de todo ese dolor. Los que sobrevivieron de todo eso y sus descendientes llevaron caminos de humildad y de confianza en Dios. De modo que ellos son la población a la que primero se dirige Cristo con estas bienaventuranzas. Otra manera de acercarse a las bienaventuranzas es darnos cuenta que solamente a partir del desprendimiento, a partir de la libertad que produce el genuino desprendimiento, podemos llegar a la felicidad. Y después de mencionar todos esos modos de acercarse a este texto, yo quiero hoy hacer una reflexión desde otro punto que me parece interesante, y novedoso hasta cierto punto.

Pensemos en qué es lo contrario de las bienaventuranzas y pensemos en qué evangelio, que ya será un evangelio entre comillas, es el que va a salir de ahí. Por ejemplo, pensemos en una persona que no quiere experimentar nunca la pobreza, una persona que nunca quiere experimentar ni el llanto ni el sufrimiento, una persona que no quiere que nunca le persigan por nada, una persona que no tiene ningún interés en trabajar por la paz. Es decir, estamos viendo el reverso de las bienaventuranzas para darnos cuenta hasta qué punto ese reverso de las bienaventuranzas es contrario a la enseñanza y la vida de Cristo, sino contraria a nuestro propio bien y el de la sociedad. Por ejemplo, ¿qué pasa con una persona que no quiere tener ninguna carencia, no quiere ser pobre en ningún sentido? Ese tipo de persona en mi país se llama el que quiere ganarlas todas. Y qué pasa cuando una persona quiere ganarlas todas muy pronto va a empezar. Va a entrar por los caminos de la trampa, de las promesas no cumplidas, de los engaños, de los sobornos, porque no quiere perder nunca.

Dice la segunda bienaventuranza: Dichosos los sufridos. Qué pasa cuando una persona no quiere sufrir nunca? Pues esa persona va a ser cómoda y va a ser egoísta y va a ser indiferente al dolor de otros porque no quiere complicarse la vida. Y esa persona que no quiere sufrir nunca si le llega una dificultad grande, ¿qué va a ser? eutanasia. Si esa persona es una mujer y resulta que ha quedado embarazada, ¿qué va a ser? Quitarse el problema Y el problema significa un bebé, un ser humano. Entonces, los que no quieren nunca experimentar, dichosos los sufridos. ¿Qué clase de personas van a ser? Mira este otro. Dichosos los que lloran. El que trata de impermeabilizarse, el que trata de blindarse para nunca tener ningún tipo de dolor y ningún tipo de llanto. Le va a pasar lo mismo al que no quiere sufrir nunca.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia. ¿Cómo sería una persona que no tuviera ninguna clase de hambre ni de sed de justicia? ¿Cómo sería esa persona? Analicémosla. Una persona que nunca tiene hambre de justicia o es una persona que no ve los problemas, o es una persona que ve los problemas y no le importan. Y yo no sé cuál de los dos males es peor, porque una persona que no ve los problemas está metida en su burbuja, está metida en su aislamiento, en su pequeño paraíso egoísta. Fíjate cómo varias veces estamos llegando a eso. Tratar de esquivar las bienaventuranzas es echarse de cabeza en el pozo del egoísmo. Y esa podría ser la frase que resume esta enseñanza. Mira lo que sigue. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. ¿Cómo será una persona que no quiere tener misericordia nunca? Una persona sin ningún tipo de compasión. Ya nos podemos imaginar qué clase de psicópata, torturador, tirano o simplemente enfermo, enfermo del alma sería una persona así.

Decía el Papa Francisco: No puede subsistir una familia sin misericordia. Yo creo que eso vale para otros lugares de la sociedad también. Cómo sería una persona que dijera no me interesa la limpieza de corazón. ¿Qué clase de intenciones tendría esa persona y qué clase de obras? ¿Cómo viviría? ¿Cómo obraría esa persona? ¿Y qué tal una persona que no hace ningún esfuerzo por construir la paz? Ese tipo de personas existen hoy. Esas son las personas que cuando se casan a la primera dificultad. No, no, esto como que no funciona. Esto no funciona. Separémonos, separémonos. Pero no vas a construir. No vas a hacer un esfuerzo por construir. No, no, no separémonos. ¿Qué importa eso? Separémonos. Entonces ¿qué es lo que estamos viendo con este sencillo análisis? Que si nosotros esquivamos las Bienaventuranzas, nos volvemos monstruos de egoísmo.

Y además, gente tan centrada en su propia comodidad que es incapaz de construir verdadera sociedad con otros, es incapaz de comunidad. O sea que cuando Jesús nos está planteando estas bienaventuranzas, realmente nos está abriendo un camino, nos está abriendo un hermoso camino que es el camino para salir de nosotros mismos, para salir de nuestra comodidad, para salir de eso que muchas veces nos atrapa y que parece un paraíso, pero es una prisión. Y al plantearnos las bienaventuranzas, Cristo está poniendo los cimientos de una verdadera comunidad. Porque aquel que es capaz de pasar por el sufrimiento, por el llanto, pero sigue buscando la justicia y sigue buscando la paz, ese el que obra de esa manera, ese puede hacer comunidad. O sea que este no solo es un mensaje religioso, este es un mensaje profundamente humano, porque lo contrario de las bienaventuranzas deshumaniza, destruye, encierra, encarcela, aprisiona y hunde.

Pidamos entonces al Señor que nos regale, que nos conceda el verdadero espíritu de las Bienaventuranzas, que aprendamos lo que esto significa para vivirlo en nuestra familia, en nuestro trabajo, en la sociedad y, por supuesto y en primer lugar, en nuestra Iglesia. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM