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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Homilía o101004a, predicada en 20100607, con 19 min. y 53 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, nos encontramos en Lunes, por supuesto, Lunes de la semana número Diez durante el tiempo llamado Ordinario o tiempo durante el año. Esa es la razón de las vestiduras verdes que lleva el Padre Rafael, quien preside esta Eucaristía y que llevó también yo, servidor de ustedes. El verde es el color propio del Tiempo Ordinario.
Nuestra Iglesia es Madre y es maestra, y a través de la liturgia no solamente nos sana, nos consuela, sino que también nos enseña precisamente porque es maestra. Tenemos en la liturgia. Unos tiempos que llamamos fuertes. En los cuales se hace énfasis en un aspecto del misterio de Cristo. Los tiempos fuertes van por parejas. Una pareja es Adviento y Navidad. Esa es una pareja. La otra pareja que terminó no hace mucho en este año es Cuaresma y Pascua. Esos son los tiempos llamados fuertes.
En esa pareja que es Adviento y Navidad. El énfasis que se hace es la Encarnación, la llegada de Dios a nuestra tierra. El Verbo que se hace carne y acampa entre nosotros. El centro, por lo menos aquí en occidente, en el occidente cristiano, está en el nacimiento de Cristo, que es el que marca la frontera entre el Adviento y la Navidad. El énfasis, repito, en esa pareja, ese está en la Encarnación. Dios se hace hombre.
En la otra pareja. Cuaresma y Pascua. El énfasis está en la Muerte y Resurrección de Cristo. La Cuaresma nos prepara para tener ojos con qué contemplar el dolor, pero sobre todo, el amor redentor de Cristo que se manifiesta en su pasión y en su muerte. Pero la historia no queda en la muerte, sino que después viene el tiempo de la Pascua. Así que en esa otra pareja de tiempos del año. La pareja, Cuaresma, Pascua. El énfasis está en la redención que nos da Cristo. Por supuesto, esta es la festividad más importante y por eso se llama a la Pascua la solemnidad de solemnidades. Es lo más importante que tenemos los cristianos.
Bueno, esos son los tiempos fuertes. Cuaresma que va con Pascua y Adviento que va con Navidad. Curiosamente, tanto en el Adviento como en la Cuaresma, los sacerdotes y otros concelebrantes utilizamos ornamentos morados, ornamentos que indican el espíritu de penitencia que debe tener toda la Iglesia en esas etapas en esos tiempos de preparación. Y curiosamente también en los otros términos de las respectivas parejas, es decir, en Navidad y en Pascua, las vestiduras son blancas. Con el blanco de la gloria, con el blanco de la victoria.
Aparte de esos tiempos fuertes, tenemos muchas otras semanas en el año. Adviento tiene cuatro Domingos. Navidad tiene dos o tres, Cuaresma tiene seis y Pascua tiene siete. Entonces quedan un número de domingos, que pueden ser treinta y tres o treinta y cuatro. Esos domingos son los que llamamos del Tiempo Ordinario. ¿Y qué contemplamos de Cristo en el Tiempo Ordinario? Contemplamos su ministerio público. Es decir, cómo Él gastó sus días y sus noches, cómo Él con su peregrinar, con sus milagros, con sus exorcismos, con su predicación, declaró, inauguró el Reino de Dios y convocó a todas las naciones. Es decir, nos llamó a todos nosotros para que entráramos en esa oferta de salvación. Es decir, que la Iglesia siempre mira hacia Jesucristo.
A veces se concentra en un aspecto del misterio de Cristo, y a eso llamamos tiempos fuertes. Otras veces va acompañando la vida y el ministerio de Cristo, y a eso llamamos Tiempo Ordinario. Durante el Tiempo Ordinario ¿Qué leemos en los Evangelios? Pues durante los días entre semana, como es por ejemplo este que es un Lunes, lo que leemos es el conjunto de textos. Todos los pasajes que se refieren al Ministerio Público del Señor. Lo que la Iglesia hace es exactamente lo siguiente para los días entre semana. Toma en primer lugar el Evangelio según San Marcos, luego toma el Evangelio según San Mateo y luego a San Lucas en el Tiempo Ordinario. Prácticamente leemos completos esos tres evangelios. A sorbos, un poquito cada día. Si una persona asiste a la Santa Misa, o por lo menos sigue las lecturas de la Misa todos los días puede tener la certeza de estar absorbiendo, recibiendo en dosis apropiadas, digeribles, el Evangelio completo del Señor. Se empieza con Marcos, se sigue con Mateo y se sigue después con Lucas.
Se empieza con Marcos porque el evangelista Marcos es el que hace énfasis en las obras de Cristo. Es decir, Marcos nos muestra a Jesucristo sobre todo en acción, liberando a la gente de sus cadenas, predicando incansablemente, arrojando, echando fuera los demonios, es decir, cambiando vidas. La Iglesia empieza con San Marcos. El año litúrgico, es decir, el Tiempo Ordinario, porque quiere que en primer lugar veamos a Jesucristo actuando, cambiando vidas.
Luego la Iglesia nos propone una serie de textos de San Mateo. Y eso es lo que empieza precisamente en esta semana número diez, hasta la semana número nueve, son treinta y cuatro en total las del Tiempo Ordinario. Hasta la semana número nueve los pasajes que íbamos leyendo, poquito a poquito, sorbo a sorbo, eran todos del Evangelio según San Marcos. A partir de esta semana número diez, empezamos a leer sorbo a sorbo pasajes de San Mateo. Por supuesto, hay textos, hay pasajes que se repiten, que están en Marcos y también en Mateo. Para no distraer nuestra atención y para que disfrutemos y aprovechemos más las lecturas. Lo que hace la Iglesia es ofrecernos ahora, a partir de esta semana, exactamente a partir de hoy, ofrecernos aquellos textos de San Mateo que no estaban ya en Marcos.
Y luego nos va a presentar los textos de Lucas que no estaban ni en Mateo ni en Marcos. Y de esa manera, si una persona se hace el propósito de asistir a la Misa todos los días de entre semana, o por lo menos seguir las lecturas todos los días de entre semana, esa persona realmente le hace un recorrido muy completo a la vida de Cristo, a todo lo que Cristo hizo, a la manera como actuó, a la manera como habló. Y eso es lo que pretende. De eso es de lo que se trata en el Tiempo Ordinario.
Bueno, ya dijimos que hasta la semana pasada, hasta la semana número nueve, teníamos a Marcos. Y Marcos nos estaba contando cómo Jesús cambia vidas. Ahora empieza San Mateo. ¿Cuál será el énfasis que tiene San Mateo? Mateo hace énfasis en las palabras de Cristo. Cristo como Maestro. Cristo como aquel que ilumina nuestra vida y que con su enseñanza nos ayuda no solamente a discernir lo bueno de lo malo, sino que nos ayuda a discernir en nuestro corazón nuestras intenciones para purificarlas y para que en ellas acontezca el Reino de Dios. Marcos hace énfasis en las acciones de Cristo. Mateo, que es el que empezamos a leer o mejor dicho, a escuchar, hoy, hace énfasis en las enseñanzas de Cristo y Mateo nos va a acompañar una gran cantidad de semanas. Mateo que empezamos a leer hoy. Es decir, semana número diez, nos va a acompañar un buen número de semanas. ¿Hasta cuándo? Pues esa es una buena pregunta. Nos va a acompañar por lo menos hasta la semana número veintiuno. Vamos a ver si estoy en lo correcto. Aquí estamos verificando si desde esta semana, que es la número diez hasta la semana número veintiuno. Inclusive, vamos a escuchar a San Mateo, los textos, los pasajes propios de San Mateo que nos va a ofrecer especialmente las palabras de Cristo.
Repito, Marcos. Las acciones de Cristo. Mateo. Las palabras de Cristo. Y a partir de la semana número veintidós, vamos a empezar a escuchar a Lucas. Y Lucas nos va a acompañar desde la semana número veintidós hasta acabar el año litúrgico, es decir, hasta la semana número treinta y cuatro. ¡Qué hermosa es la Iglesia! Cómo nos va cuidando. Cómo nos va guiando. Cómo nos va alimentando. De la semana uno a la nueve Marcos. De la diez a la veintiuno Mateo. De la veintidós a la treinta y cuatro Lucas. Marcos nos cuenta las acciones de Cristo cómo obra Jesús. Mateo nos cuenta las palabras de Cristo. ¿Cuál es la enseñanza de Jesús?
Y entonces, Lucas, ¿qué es lo que nos va a contar? Pues Lucas nos cuenta cómo es el corazón de Cristo. Si queremos describirlo de otra manera, cuál es la humanidad de Cristo. A Lucas se le ha llamado el evangelista de la humanidad de Cristo, es decir, ¿Cómo es Cristo? ¿Cuáles son sus sentimientos? ¿Cómo es su corazón? ¿De qué están hechas sus entrañas? ¿Cómo es Él? Eso es lo que nos va a contar Lucas. Y por eso, si una persona asiste a la Santa Misa todos los días de entre semana, esa persona a lo largo de un solo año, en un año, va a tener un panorama maravilloso sobre ¿qué hizo Cristo? ¿Qué dijo Cristo? y ¿Cómo es Cristo? Porque nuestra Iglesia no tiene nada más que celebrar sino a Cristo Jesús.
Como ustedes son oyentes inteligentes, se estarán preguntando ¿Y San Juan? ¿Qué pasa con San Juan? Porque ya tenemos a Marcos, a Mateo y Lucas. ¿Qué pasa con San Juan? San Juan lo leemos casi completo durante el Tiempo Pascual, que es uno de los tiempos fuertes, según explicábamos al principio. Es decir, que si uno es juicioso en asistir a la Santa Misa en un solo año, uno puede contemplar a Jesucristo y darse un banquete de Cristo y llenarse de Cristo para transformarse en Cristo. Según todo eso, ¿dónde entra la lectura de hoy de San Mateo? pues vamos a contar donde entra y con eso terminamos por ahora.
Mateo, nos va a contar las palabras de Cristo, ya lo dijimos, y para eso este evangelista se vale de un recurso. Y ese recurso es agrupar las palabras del Señor en lo que se llaman sermones. El Sermón de la montaña, por ejemplo, el Sermón de la Montaña ocupa tres capítulos completos del Evangelio de San Mateo. Ellos son los Capítulos Cinco, Seis y Siete, y el texto que hemos oído hoy es el comienzo del primero de los discursos de San Mateo. De modo que las Bienaventuranzas son la introducción al Sermón de la Montaña, y son también como el gran pórtico con el cual San Mateo introduce lo que podríamos llamar la óptica de Cristo, su lógica, su manera de ver la vida humana, su manera de ver y presentar la propuesta de Dios. Esa es una maravilla, porque es el resumen mismo, no solo de lo que Cristo quiso enseñar, sino de lo que Él mismo vivió.
Las Bienaventuranzas, en efecto, son una descripción preciosa de cómo vivió y murió Jesucristo. Antes que ser preceptos, para nosotros son descripciones de cómo vivió y de cómo obró Jesucristo. Ya sabemos por qué están las Bienaventuranzas hoy. Están aquí presentes porque son el comienzo de los discursos de San Mateo. Es decir, esas agrupaciones de palabras de Cristo que hizo este evangelista. No debemos imaginar que en la época de Cristo había alguien con una grabadora, y que estas palabras, las del Sermón de la Montaña, las dijo Jesús una detrás de otra, como aparecen hoy. Lo que sí podemos estar seguros es que la comunidad cristiana fue fiel al recuerdo y a la verdad de Cristo, y debemos estar seguros de que esta enseñanza proviene del corazón de nuestro Salvador.
Pidamos entonces a Dios dos cosas. Primera, que le saquemos gran provecho a este banquete que son las lecturas del Evangelio en los días de entre semana. Yo me imagino que muchos de ustedes, además de asistir a la Misa dominical, les gusta ir a la Misa entre semana. Prueba de ello es la asistencia que tenemos hoy. Pero yo me atrevo a preguntar. Háganme el favor de levantar su mano derecha aquellos que de manera usual, es decir, como una costumbre, como algo que llevan en el corazón aquellos que asisten a Misa entre semana por lo menos dos o tres veces entre semana, levanten la mano, por favor. Es un número inmenso. Es más de la mitad de las personas que están aquí. Felices. Felices ustedes. Ustedes tienen la oportunidad de alimentarse como nadie de Cristo. ¡Vivan la Misa! Vívanla desde el fondo del alma como una contemplación continua de las obras, las palabras y los sentimientos de Jesucristo. Y esa es la primera aplicación.
Y la segunda, que así como Mateo puso de primer discurso el Sermón de la montaña y puso de pórtico para ese discurso las Bienaventuranzas del Señor, que así también esta lógica de Jesús se adueñe de nosotros para que nosotros podamos vivir a la manera de Cristo y darle gloria a nuestro Padre que está en el cielo. Así lo permita Él con el poder de su Espíritu, a quien sea la gloria por los siglos eternos. Amén.

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