Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los anhelos del corazón humano sólo pueden ser colmados por el Dueño de la vida.

Homilía o101002a, predicada en 20000612, con 5 min. y 28 seg.

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Transcripción:

Es indudable que se da un contraste fuerte entre el esplendor de la fiesta de Pentecostés y la sencillez del tiempo ordinario, al que volvemos precisamente en este lunes de la décima semana. Es cierto este contraste, pero sirve para entender muchas cosas. Hemos terminado ese ciclo grande, el más grande e importante del año litúrgico, el ciclo de la Cuaresma y de la Pascua. Y al término de todos esos días de oración, de ayuno, de alabanza, días de arrepentimiento, días de gozo. Al término de esos días en que hemos contemplado a Cristo profundamente hundido en nuestra miseria y profundamente hundido en el cielo, en la gloria del cielo. Al término de todo eso, nos encontramos en la certeza de la presencia del Espíritu en medio de nosotros. Y ahora volvemos a este tiempo que significativamente se llama tiempo ordinario, no por descalificarlo, sino porque es el tiempo que lleva el gordo, que lleva la secuencia que lleva el orden de las semanas.

Por eso, entre ese gran ciclo de Cuaresma y Pascua y este tiempo ordinario, sería una relación semejante a la que nos encontramos entre una gran celebración y la vida cotidiana. De nuevo a la realidad, podríamos decir de nuevo a la vida de cada día. Podemos decir que este contraste entre el día de ayer y el día de hoy se parece al contraste que se da entre la fe y la vida, entre la celebración festiva, el encuentro con Dios, tocar el cielo con las manos y luego volver a lo que usualmente llamamos la realidad de cada día nuestro trabajo, nuestra cotidianidad. Pero nosotros, lo que hemos aprendido sobre esa acción del espíritu no queda perdido, sino que más bien se convierte en la fuente de fecundidad para todas las cosas, desde las más sencillos, desde las más ordinarias hasta las más extrañas e insólitas, maravillosas. Esa es una primera reflexión que podemos hacernos hoy.

Todo ese ciclo, toda esa enseñanza, queda profundamente grabada en nuestro corazón y desde ahí se convierte en su fecundidad para nuestras obras elementales, muchas veces. Nuestras obras no tienen ni grandes reproches ni grandes aplausos, pero que sí están empapadas de la acción de ese Espíritu Santo. Fruto de toda la acción pascual, son alabanza para Dios, son salud para la Iglesia, son amor para nuestros hermanos. ¿Y con qué lecturas nos recibe la Iglesia al volver al tiempo ordinario? Yo quiero decir una palabra sobre la primera lectura. Estamos empezando lo que se llama en la Escritura el ciclo de Elías, aquel profeta que en tiempos del rey Ajab fue el gran baluarte de la perseverancia en la fe, el gran baluarte, porque él, Elías casi solo tuvo que enfrentarse a las otras sustituidas del reino de Israel. Se había dividido el pueblo de Dios en el reino de Judá y el reino de Israel, y sobre todo en el reino de Israel, fue notable el alejamiento de los principios de la Alianza y de la Palabra divina.

En tiempos de este Rey Ajab la corrupción no administrativa como se suele asociar, sino la corrupción de costumbres y la corrupción de la ceguera total. La gente, olvidándose del Dios de la Alianza, dejando de lado la ley de Moisés, se volvía hacia los baales, se volvía hacia los cultos antiguos cultos paganos de esa región de Palestina, queriendo lograr de esa manera las dos cosas que anhela el corazón humano, por lo menos desde un punto de vista natural. La prosperidad y la fecundidad.

Y por eso la palabra drástica, casi agresiva, de Elías se va a acabar la lluvia y se acabó. Esa palabra lo que está indicando es no importa cuánta magia, no importa cuántos ídolos pongan ustedes por delante, hay uno que es el dueño de la vida y ese que es el Dios al que yo sirvo, es capaz de destruir todos los cielos con los que ustedes pretenden lograr fecundidad y prosperidad. Las lecturas de los siguientes días nos irán a mostrar cómo esta contienda en la arena de la fe llevará finalmente a Elías hasta la victoria y le mostrará al pueblo de Israel que no puede impunemente traicionar la fe que ha recibido. Sigamos nosotros paso a paso este recorrido y pidámosle ya desde ahora, que nos confirmen la fe y el deseo de pertenecer completamente a Él.

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