Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los profetas son como espías del Reino de Dios.

Homilía o101001a, predicada en 19980608, con 12 min. y 57 seg.

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Transcripción:

Las lecturas en este año par; presentan una maravillosa complementariedad para este día. Después de haber seguido durante las nueve primeras semanas del tiempo ordinario al evangelista Marcos hoy empezamos una lectura casi continua del Evangelio de San Mateo. En aquellos pasajes que son más propios de Mateo, estamos iniciando la décima semana del tiempo ordinario y es Mateo quien nos va a guiar por esta parte del camino. Así también la primera lectura ha cambiado de perspectiva, estábamos escuchando hasta la pasada semana el final de ese testamento espiritual de San Pablo a su discípulo Timoteo. Hoy nos volvemos al Antiguo Testamento, cambiamos igualmente de registro y de lectura, y nos encontramos a Elías profeta en tiempos muy difíciles y muy ambiguos para la monarquía en Israel cuando Ajab reinaba. De manera que la primera y la segunda lectura cambian de perspectiva.

Bueno, eso tenía que suceder más o menos en este tiempo, porque en la novena o en la décima semana del tiempo ordinario, pues se vuelven a tomar las lecturas, se vuelven a tomar las lecturas del tiempo ordinario después del tiempo pascual. Entonces con bastante frecuencia, cuando se pasa después de la Pascua otra vez al tiempo ordinario, se llega más o menos a esta décima semana. Es decir, que el propósito de la ordenación de las lecturas en la Eucaristía para el tiempo ordinario, para las ferias es ese, que al volver del tiempo pascual uno se encuentre muy pronto, quizá el mismo lunes después de Pentecostés, pero que uno se encuentre muy pronto con las palabras altas, vigorosas, santas de Jesucristo, predicando las bienaventuranzas y que uno se encuentre, por ejemplo, en estos años pares, se encuentre con el profeta Elías. Ese es como el propósito que hay ahí.

Pero decía que estas dos lecturas tienen su relación, porque si lo miramos bien, esas personas, esos dichosos que describe Cristo, tienen un rostro muy semejante a lo que es la vida del profeta. Mientras que Ajab reina en casa de Cedro, a Elías le toca huir como un prófugo, como un indigente, como un miserable, literalmente a depender de la misericordia de Dios, ya que no hay manos humanas que puedan socorrer la pobreza de Elías. Es Dios quien le envía un animalito, un cuervo que se convierte como en mano de Dios para socorrer, para atender la pobreza de Elías. Es decir, que esa primera bienaventuranza se cumple en él. Él es uno de esos pobres, de esos que no tienen a nada ni a nadie y hay que llamarle igualmente sufrido y lloroso. Y es patente su hambre y sed de la justicia. Debí llamarle también perseguido por causa de la justicia, que tal vez está mejor traducido, como dice en otra parte, perseguido por ser justo, perseguido por ser justo. Y también se cumple, desde luego, eso último que dijo Cristo: Dichosos vosotros cuando os insulten y persigan y calumnian de cualquier modo por mi causa. Estar alegres que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

Y efectivamente, la primera lectura nos muestra que uno de esos profetas anteriores a nosotros, que fue así perseguido, que fue insultado, que fue calumniado, es precisamente este líder. Bueno, pero nos hemos saltado algunas bienaventuranzas. Qué pasó con la misericordia, con la limpieza de corazón y con el trabajar por la paz. Eso no son tan fáciles de encontrar. No son tan inmediatos en la vida de Elías. Sobre eso de los limpios de corazón. Obsérvese que Elías le dice Ajab en estos años no caerá rocío ni lluvias y yo no lo mando. Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo. Los tiempos en los que vivió Elías fueron una época de muy extendida y de la tuya. Todo el mundo idolatra y la razón es que el que gobernaba no gobernaba, Ajab no era el que gobernaba, sino gobernaba la esposa que era Jezabel y que era de origen pagano y que le interesaba difundir al máximo el culto a Baal y por eso perseguía a los profetas de Yahvé e iba diseminando altares y cualquier otra forma de culto a los baales.

De manera que la limpieza de corazón aquí es esa transparencia diamantina en la que la luz de Dios brilla, en la que la luz de Dios todavía puede brillar. Me parece que muchas veces hemos interpretado ese ser limpios de corazón o puros de corazón solamente en términos de los afectos y a veces en términos muy concretamente de la virtud de la pureza, entendida a su vez esta pureza como en relación con la castidad. Pero la limpieza de corazón, como aparece muchas veces en la Escritura, pues tiene que ver con muchas otras cosas. Yo creo que corresponde más a lo que decimos con la palabra transparencia a quien sirvo, dice Elías sabiendo que se jugaba la cabeza. Como efectivamente vino a verse por la persecución que desató Jezabel contra él.

De manera que ahí está la limpieza de corazón. Pero qué pasó con el trabajo por la paz. Si este hombre lo que está aquí es retando, está retando al rey. Al rey Ajab lo que hace es una declaración de guerra realmente. Pues no va a haber lluvia en este lugar mientras yo no lo mande. No va a haber lluvia. Ese es un castigo. Esa es una declaratoria de guerra. Eso no parece que fuera trabajo por la paz. Pues es verdad que no lo parece. Pero si nosotros pensamos en cuál es la paz que vino a traer Cristo al mundo, así como dice él en el Evangelio de Juan, no como la que el mundo da. Que iba a traer la paz. Mi paz, no la que el mundo da. Pues entonces entendemos que hay momentos en que la búsqueda de la paz de Cristo no coincide con la búsqueda de la paz del mundo. La búsqueda de la paz del mundo es que ese es el conflicto a toda costa. La búsqueda de la paz de Cristo a veces supone que aparezca ese conflicto y que se vea quién es el Señor, porque solo se tiene verdadera paz en el verdadero reino, es decir, cuando Dios es el que impera, cuando Dios reina verdaderamente en un corazón, pues ahí puede haber paz, donde Dios reina en una comunidad ahí puede haber paz. Lo otro es disimular el conflicto, lo otro es aplazar la guerra, de manera que proclamando vigorosamente el reinado de Dios.

Elías estaba trabajando por esa paz que no es la paz del mundo, que en última solo será esa paz que da Cristo es un trabajador esforzado por la paz. Un trabajador que estuvo a punto de pagar con su propia vida su esfuerzo por la paz. Y la misericordia. Tampoco parece muy misericordiosa la actitud de Elías, quizá porque no parece muy mansa. Eso también es un poco más difícil de reconocer que otras. Dice Elías, en estos años no habrá rocío ni lluvia si yo no lo mando. Es decir, se presenta él como la oferta del cielo, como aquel que determina quién vive y quien no vive. Pero él ha empezado diciendo: Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo. Vive el Señor. Tiene la conciencia clara de ser boca de Dios, de ser profeta de Dios y por eso realmente esa palabra la dice de parte del Señor. Y este Señor Dios es compasivo no solo cuando acaricia, consciente o mima, sino también cuando castiga. Usted tiene cara, tiene toda la cara de un castigo y no parece una actitud muy mansa, no aparece muy misericordiosa.

Cuando Santo Tomás estudia la misericordia se apoya en aquellas palabras de San Agustín: La misericordia del corazón es como el corazón que sabe compadecerse de las miserias, compadecerse de las miserias del prójimo. Es un corazón sensible a la miseria del prójimo. Y hay veces que la solución de las miserias del prójimo que supone el paso por unas cuantas palmadas. Si se trata de un niño o de una inyección, si se trata de un enfermo o de un penoso entrenamiento, si se trata de un deportista. Y para cada una de esas oportunidades uno podría decir eso no es muy misericordioso. La manera como llegan a esos pobres atletas a entrenarse no parece que sea misericordioso. Pero cuando se tiene verdadero amor a ese máximo que el mismo atleta está buscando, entonces se le apremia un poquito o bastante cuando se quiere mucho, mucho. La salud del enfermo es entonces el fin de esa jeringa para que la persona sane, no por el gusto de causarle dolor, sino por el gusto de causarle salud. Y así la misericordia de algún modo aparece también aquí.

En fin, creo que sin forzar las cosas aparece Jesús predicando sobre el modelo de los profetas. Y realmente esta es una gran enseñanza para nosotros. La bienaventuranza de Cristo tiene su espejo y así lo dice Él expresamente, tiene su espejo, tiene su prototipo precisamente en la manera de vivir de los profetas. Son ellos quienes son como adelantados, ellos van como adelantados, así como aquellos espías que Josué mandó a se, dieran a ver cómo era la tierra prometida. Así también los profetas son como espías de la felicidad de Dios. Espías del Reino de Dios. Son como exploradores que van adelantados conociendo las delicias de ese reino del cual nos va a hablar Cristo tantas veces y de muchas maneras a través de la enseñanza de San Mateo.

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