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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Apuntes del testamento espiritual de San Pablo

Homilía o095007a, predicada en 20200605, con 12 min. y 0 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos, hagamos una reflexión sobre la primera lectura que nos fue ofrecida el día de hoy. Es de la segunda carta del apóstol San Pablo a Timoteo, un documento de inmensa importancia al que se le ha llamado Testamento de San Pablo. Porque, como nos vamos a encontrar muy pronto en esta carta, él se despide de uno de sus discípulos más cercanos, más queridos. Era tan cercano y querido para Pablo, que Pablo lo llamaba hijo suyo.

Se veía retratado realmente en Timoteo. Y en esta carta sabemos que Pablo se despide, porque las palabras que ya pronto encontraremos en estas celebraciones de la Eucaristía, son aquellas donde Él dice: "Yo estoy a punto de ser sacrificado". Efectivamente, Pablo ofreció su vida por Cristo, como corona de todos los padecimientos que ya había tenido por el Evangelio. Fue decapitado.

Y el lugar donde tradicionalmente se dice que sucedió este martirio; es el que está marcado en la ciudad de Roma. Por medio de la Basílica de San Pablo, se conoce como Basílica de San Pablo Extramuros, y esta basílica está bajo el cuidado de la Orden Benedictina. Así que Pablo se está despidiendo en esta carta. Sus palabras, por ello, son dramáticas en la medida en que da aquellas recomendaciones que considera más esenciales.

Por favor, ponte por un momento en la situación de Pablo. Sabe que le queda poco tiempo; sabe que no puede extenderse demasiado en su escrito. Entonces se concentra en lo que considera realmente más importante.

¿Y qué es lo más importante entonces? Volvamos a este capítulo tercero de la carta que estamos comentando, y veamos qué es lo que Pablo estima como más importante. Observemos que le recuerda a Timoteo dos cosas: Primera, que Timoteo es testigo directo de lo que sufre un apóstol; y segunda, Timoteo sabe en dónde debe encontrar su alimento principal, es decir, en la Escritura.

Le dice Al principio: "tú seguiste paso a paso mi doctrina y mi conducta, mis planes, fe y paciencia, mi amor fraterno y mi aguante en las persecuciones". Timoteo ha sido testigo directo de todo esto que le ha sucedido a Pablo. Y Pablo quiere que ese ejemplo, ese ejemplo vívido, esté muy bien grabado en el corazón de Timoteo, para que sepa cómo debe comportarse. Para que sepa también: qué clase de ataques, qué clase de batallas va a tener que enfrentar.

Luego le dice: "Tú permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que desde niño conoces la Sagrada Escritura". Y hace ese hermoso elogio de la Biblia. Dice: "Toda Escritura es útil para enseñar, reprender, corregir, educar en la virtud". Entonces, Timoteo tiene que permanecer fiel; es lo que quiere Pablo: tiene que permanecer fiel, teniendo a la vista dos cosas: Primero, lo que dicen las Escrituras y, segundo, cómo han vivido esas Escrituras los verdaderos testigos de Cristo, es decir, los santos, como por ejemplo el mismo Pablo. Esa es la mirada católica. Esa es exactamente la que dice aquí San Pablo.

Por una parte, conocer la Escritura, sumergirnos en ella, llenarnos de su ciencia, suplicar con insistencia que el Espíritu Santo nos dé la verdadera comprensión de esa palabra. Pero, por otro lado, también levantar la mirada y ver cómo esa Escritura se vuelve vida, en un San Pablo, se vuelve vida, en un San Pedro, en un Santo Domingo de Guzmán, en una Santa Mónica, en una Santa Brígida, en un San Timoteo en un San Bonifacio. Ver la fuente y ver cómo se ha vivido esa fuente. Cómo la han vivido los santos.

Este es el camino, mis hermanos. Esto es lo que a nosotros nos corresponde y esa es la manera de aprovechar esta carta nosotros mismos. Por eso hay que familiarizarse con la Escritura; por eso hay que familiarizarse con esta palabra. Y por eso, cada vez más personas se acercan a la Biblia y tienen la saludable costumbre de hacer oración todos los días con un texto bíblico.

Otros están siguiendo algún tipo de plan para leer la Biblia completa, porque, hermanos, hay una realidad. En la Santa Misa se nos exponen muchos, muchos textos valiosísimos de la Biblia. Pero tú no creas que conoces toda la Biblia, ni siquiera si asistes todos los días a la Santa Misa. No lo creas, no es así. Fíjate, por ejemplo, lo que sucedió en la liturgia de esta semana. El día lunes y el día martes escuchamos sendos textos de la segunda carta del Apóstol San Pedro. Eso fue todo lo que oímos de esa segunda carta, porque ya después pasamos a escuchar otros textos de esta carta de Pablo a Timoteo.

¿Qué quiero decir con esto? Fueron solo dos días, dos pasajes breves de la segunda carta de Pedro. Eso fue todo lo que nosotros escuchamos de la segunda carta de Pedro. ¿Y sabes cuándo volveremos a escuchar esos dos pasajes? Estoy hablando de la gente que asiste a la Santa Misa todos los días. ¿Sabes cuándo los volveremos a escuchar? Los volveremos a escuchar dentro de dos años, si Dios nos lo permite. Es decir, a la altura de la novena Semana del Tiempo Ordinario. En el año dos mil veintidós, volveremos a escuchar esos dos pasajes cortitos.

Un católico que tenga hambre de Dios, no puede quedarse tranquilo con eso. No puede considerar que eso es suficiente. No puede creer, que con eso se está alimentando; lo que hace falta para afrontar las batallas que hoy tenemos. Mira la advertencia que hace San Pablo. San Pablo dice: "Todo el que se proponga vivir como buen cristiano será perseguido". Eso dice esta traducción. Otra traducción dice: "El que quiera vivir recta y piadosamente será perseguido". La idea es la misma.

Entonces, nos estamos preparando para esas persecuciones. Nos estamos preparando para los múltiples, sutiles, -los sutiles, los inteligentes, astutos- ataques del enemigo. Estos días estaba escuchando una biografía, la biografía de San Atanasio, la biografía que San Atanasio hace de San Antonio de Padua, para ser preciso, -leyendo, mejor dicho, escuchando, porque eso estaba en audio-. De esa biografía me impactaba la manera como habla San Antonio de las dificultades y de los ataques.

Y refiriéndose al espíritu del mal, dice: "No podemos imaginar el conjunto de estrategias, el paquete, el baúl de estrategias que tiene el enemigo para enlazar y para hacer caer incluso a los más sabios, incluso a los más virtuosos, incluso a los que tienen mejores intenciones". Entonces, si sabemos que esas estrategias del enemigo vienen precisamente para atacarnos y para derribarnos. ¿Qué clase de cristianos somos si no tomamos la defensa que es necesaria? ¿Y la defensa en qué estará?

Bueno, hoy nos han aparecido dos grandes defensas: Primero, hay que estar muy cerca del ejemplo de los santos; le decía Pablo: "tú conoces mi doctrina, tú conoces mi conducta, tú conoces lo que he sufrido". Entonces, hay que ver cómo se realiza el Evangelio en esas personas y hay que sumergirse con amor, con tiempo, con guía; pero hay que sumergirse en la Palabra de Dios. Si no, ¿cómo pretendemos vencer al enemigo?

Porque no se crea que los ataques vienen únicamente de fuera; los ataques de fuera son múltiples, hoy por todas partes. Se hace burla de la religión. A los jóvenes, con frecuencia, intentan inyectarles ateísmo puro y destilado en las clases, haciéndoles ver que la religión es ridícula, que eso no tiene nada que ver con la ciencia, que ese es un conocimiento contrario, o mejor dicho, ya superado por la ciencia. Y muchos jóvenes se lo creen completamente.

Entonces, mis hermanos, no solo vienen los ataques de fuera como estos que acabo de mencionar. También hay ataques de dentro: las frustraciones que uno tiene, las descompensaciones que uno tiene, los afanes de venganza que uno tiene, los desquites que uno quiere tener en la vida; todo eso también está batallando contra uno.

Entonces, dejemos por aquí esta reflexión, mis hermanos. Sabemos que hay combate, sabemos que van a venir grandes dificultades, sabemos que ya muchas de ellas están presentes y faltan otras. Es necesario ahora, es realmente necesario ahora, que tomemos conciencia de las defensas que necesitamos: acercarnos a nuestros santos amigos, conocer con cercanía, con verdadera proximidad, sus vidas, sus historias, sus luchas y acercarnos más a la Palabra de Dios con adecuada guía; -que como mínimo, supone una buena Biblia católica y una disciplina de lectura-.

Hay que leer, hay que estar cerca de la Palabra todos los días. Si todos los días desayunas, si todos los días te aseas. ¿Por qué entonces vas a privar a tu corazón de la higiene básica y del alimento básico? Sigamos, pues, esta celebración eucarística, animados por el ejemplo de los santos: por un Bonifacio, por un Pablo, animados por estos santos. Sigamos nuestra celebración y pidamos la fidelidad, que no es fácil, pero que es posible con el auxilio divino.

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