Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

"El que se proponga vivir piadosamente en Cristo Jesús será perseguido".

Homilía o095003a, predicada en 19960607, con 46 min. y 39 seg.

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Transcripción:

Queridos amigos: el Nuevo Testamento recoge ante todo el testimonio de los evangelistas. Ellos nos predican: La vida, la muerte y la gloriosa resurrección de Jesucristo. Con esa vida, con esa muerte, con esa resurrección, Dios dio cumplimiento a lo que había prometido al pueblo de Israel. Todo aquello que fue prometido a los patriarcas encontró su cumplimiento en la vida, en la muerte y en la Pascua de Jesús.

Pero Dios, como verdadero enamorado, no quiso limitarse a cumplir lo que había prometido. Fue más allá: no solo cumplió su promesa, sino que abrió, desde el pueblo de Israel, puerta de salvación para todas las naciones. Ya lo había anunciado veladamente en aquella profecía de Isaías: " Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra". Y eso fue lo que hizo Dios en la vida, en la muerte, en la gloriosa resurrección de Jesucristo; lo constituyó en luz de las naciones.

Esta expresión "luz de las naciones", dícese en latín Lumen gentium, y es el título de uno de los documentos del Concilio Vaticano Segundo qué habla sobre la Iglesia

Porque efectivamente, la vocación de la Iglesia, el llamado de todos los que creemos en Cristo, es precisamente ese ser luz de las naciones: "para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra". Y para una muestra de lo que puede ser esta luz, nos encontramos el que ha sido llamado Evangelio del Espíritu Santo, el libro de los Hechos de los Apóstoles; las maravillas que ahí se describen, es decir: La conversión de los corazones, la alegría del perdón, los prodigios, los carismas y milagros, la constitución de comunidades vivas llenas de la presencia del Señor y de la eficacia de los sacramentos. Eso que se narra en los Hechos de los Apóstoles no es otra cosa sino la realización del Evangelio en la vida de quienes van creyendo en Cristo.

Como en otra oportunidad he comentado, este libro de los Hechos de los Apóstoles acaba como en punta, o mejor dicho: no acaba. No acaba porque en cierto modo terminará de escribirse sólo cuando se cuente todo aquello que han producido los Hechos de los Apóstoles; todo aquello que ha nacido de su predicación, de su oración, de su testimonio. Y todo eso, no es otra cosa que la Iglesia ungida por el Espíritu, que se propaga a través de los siglos, a través de las culturas, y que en muchas lenguas, como ya lo anunció en Pentecostés, canta las maravillas de Dios. Además de eso, el Nuevo Testamento contiene una serie de documentos en forma de carta, principalmente del apóstol San Pablo.

Pablo recorrió la cuenca del Mediterráneo, hasta poder decir con un dejo de orgullo: "he dejado todo lleno de Cristo". Tenía él la bendita obsesión: sentía él, el sagrado deber de llenar de Jesús a todo el Mediterráneo. Y movido por el poder y la gracia del Divino Espíritu, así lo fue realizando, partiendo de Antioquía y luego por Chipre, por Asia Menor. Lo que es hoy Turquía, por la que hoy es Grecia, Creta, Roma y muy seguramente hasta la misma España. Anduvo este pregonero, este enamorado de Jesús; y como no podía estar en todas partes al mismo tiempo, a comunidades enteras, envió documentos avisándoles de peligros, animándolos en sus tristezas, completando su doctrina, educándolos en la vida que había tenido su fuente en la primera predicación.

Esas cartas tienen su fuente, todas ellas, en la predicación y en la vida de San Pablo. Pero esas cartas tienen no sólo como destinatario a comunidades, sino en ciertos casos, en tres casos, a personas que son responsables de comunidades. Son las dos cartas a Timoteo y la carta a Tito. Este Timoteo, fiel servidor del Evangelio, conoció de cerca los sufrimientos del apóstol, y por eso dice él mismo en el texto que hemos escuchado hoy, del capítulo tercero de esta segunda carta: "Tú seguiste paso a paso mi doctrina y mi conducta, mis planes, fe y paciencia, mi amor fraterno y mi aguante en las persecuciones y sufrimientos".

Así describe el apóstol en apretada síntesis, lo que ha sido su correría. Y lo que es la vida y el pan de cada día en el cristiano que pretende dar testimonio: La doctrina, la conducta, los planes, la fe, la paciencia, el amor fraterno, el aguante en las persecuciones. ¡Qué persecuciones padecí! Pero de todas me libró el Señor.

Y para que no pensemos que estas persecuciones quedaron en ese tiempo, y para que no pensemos que esto fue una especie de privilegio de los apóstoles, Trae esta frase tan útil a nuestra salvación: "Por otra parte, todo el que se proponga vivir como buen cristiano será perseguido". Capítulo tres De la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo. "Por otra parte, todo el que se proponga vivir como buen cristiano será perseguido". De esta frase cortante, rotunda, precisa, podemos sacar nosotros cinco enseñanzas inmediatas:

Primera. La hostilidad que el mundo tuvo contra Cristo no se curó con la muerte de Cristo. El odio que el mundo tuvo contra Cristo no se agotó con la muerte de Cristo. La pelea sigue. No se agotó. Esa muerte de nuestro Señor indica el tamaño de la lucha y el tamaño de la victoria. Pero la lucha que ya terminó en Él no ha terminado en los que creemos en Él. Si alguna duda te quedara, recuerda el texto del Apocalipsis: "La serpiente despechada se fue a hacer la guerra a los que creen en Cristo". El odio del mundo, el odio del demonio, el odio de la carne; no han terminado con la muerte de Cristo.

Esto significa, esta es la primera enseñanza: Declararse cristiano es tener enemigos. El cristiano no es una persona que va a encontrar acogida en todas partes, amor en todas partes. Al cristiano le va a pasar lo que le pasó a Jesús. Entonces, nuestra primera enseñanza es: el odio del mundo contra Cristo, no se acabó con la muerte de Cristo. Es espeluznante leer en los Hechos de los Apóstoles el proceso que se sigue contra Esteban, contra Pedro, contra Pablo. Es decepcionante, pero ilustrador, descubrir que los mismos autores de la muerte de Cristo intervienen para que muera Esteban.

Otra vez son los sumos sacerdotes. Otra vez, es el Sanedrín en pleno el que se reúne y el que dicta sentencia contra los seguidores de Cristo. "Si me rechazaron a mí, os rechazarán a vosotros", dice el Señor. Y dice también: "Así como acogieron mi palabra. La acogida que le dieron a mi Palabra, esa es la misma acogida que le van a dar a la Palabra de ustedes".

Segunda enseñanza que podemos tomar de aquí: ¿Y si no me están persiguiendo? ¿Y si no hay persecución? ¡problema! Porque la frase es de lo más rotundo que tiene San Pablo y la Iglesia nos la regala en este viernes: "Todo el que se proponga vivir como buen cristiano, será perseguido". ¿Y si no hay persecución? Enseñan los lógicos que si P implica Q y no Q, entonces no P.

De modo tal que si todo el que vive como cristiano es perseguido y yo no soy perseguido, entonces saca la conclusión. Pero la persecución duele. Esta es la tercera enseñanza: La persecución duele. Es decir, el hecho de que tú vas a ser perseguido como Cristo no significa que vas a tener un escudo atómico especial para que no te duelan los dardos, para que no te duelan las opiniones, las malas miradas. Duele y duele ¡¿dónde es?! Ahí donde le duele a uno. Ahí es, ahí es donde duele. La segunda enseñanza es: bueno, ¿y qué hacemos con los cristianos que no somos perseguidos? Les tenemos que decir que probablemente no somos cristianos.

Y la tercera enseñanza es que la persecución duele. Santa Teresa de Jesús, sufriendo persecución interior por las tentaciones e insidias del demonio y persecución exterior por las incomprensiones y acusaciones de otros, incluso de sus mismas religiosas. Le decía una vez a Cristo: "Razón que tengas tan pocos amigos. Hola. Sí, a tus amigos los tratas así. Razón que tengas tan poquitos".

La persecución duele y duele ahí. ¡Ahí donde es! ¿por qué? Porque los dolores los podemos agrupar en dos grandes grupos: hay dolores que uno puede manejar y hay dolores que uno no puede manejar; bien, los dolores de la persecución son los dolores que uno no puede manejar.

Le tengo esa noticia. Si usted, por ejemplo, es una persona que soporta todo, menos que lo aíslen, ¡prepárese! ¿Qué cree usted que va a suceder? Lo van a aislar; sí señor, Lo van a aislar. Exactamente eso es lo que le va a suceder. Jesús, ¡yo soporto todo! Puedes mandarme dolor de cordales, puedes mandarme retortijones de intestino. ¡Yo soportaré! Pero que mis amigos me dejen. Que me hagan a un lado. Que me excluyan. Eso no lo soportaría. Al día siguiente, los amigos lo dejan, lo excluyen, lo hacen a un lado.

Es decir, no nos hagamos ilusiones. La persecución es exactamente ahí, donde a ti te duele. ¡Exactamente ahí! Esa es la persecución. Cada uno de nosotros tiene su tipo de pecado frente al cual es más o menos resistente, y su tipo de pecado frente al cual es más o menos débil. Bien, acertaste. La persecución llega por el lado del pecado por el que tú eres débil. Exactamente por ahí va a llegar. Esa va a ser la persecución.

Entonces, por ejemplo: Si no te tienta demasiado el dinero, tampoco te tientan especialmente los placeres de la carne, pero en cambio tienes una ira irreprimible y no soportas que nadie te humille en tu cara. Ya sabes cuál va a ser la preocupación: Va a empezar la gente a humillarte en tu cara. Esa va a ser su persecución. Esa va a ser tu persecución. Eso es lo que te va a suceder.

Mi pregunta es: ¿Qué han hecho? Me pregunto yo con cierta curiosidad: ¿Qué han hecho muchas iglesias protestantes con este versículo? Porque es que yo oigo mucha predicación y me disculpan mucha predicación, que es más o menos en términos de que yo creía en el Señor. Yo me apoyé en el Señor y desde ese momento se me quitaron las caries. Nunca más tuve caspa. Me regalaron una casa y dos carros. Yo no podía creerlo cuando en ese momento me llegó una moto. ¡Bendito sea el Señor!

Un momento, señores. ¿Y el capítulo tres de la segunda carta de San Pablo a Timoteo? ¿Qué? A cada uno le llegará exactamente por donde le duele. Si tu tendencia, por ejemplo, es a la depresión, el día que estés más al borde de entrar en la depresión, no faltará una cantidad de gente que esté dispuesta a darte la patadita para que te vayas. Para que te vayas a lo profundo del hoyo. Esta es la tercera enseñanza. La persecución llega y llega por donde es.

Todavía no hemos explicado: ¿por qué Dios quiere esto? Probablemente alguno o algunos de ustedes sientan: Bueno, ¿pero qué sentido tiene eso? ¿Qué clase de Dios está predicando usted, Padre? Usted nos está diciendo: "Que entremos a una sala de tortura, a ver qué hace, qué se le ocurre a Dios con nosotros". Luego trataremos de contar: ¿Cuál es el sentido? Pero por ahora digamos eso: Esa persecución. "Todavía estoy en la tercera enseñanza". ¿Esa persecución le llega a quien? aquí dice: "Todo el que se proponga". Ahí no dice: "Todos, menos las niñas tiernas". Si tú eres una niña tierna, para ti no habrá persecución. ¿Por qué? A ver, Por varias razones: "En primer lugar, eres tierna; en segundo lugar, inspiras ternura; en tercer lugar, uno te mira y siente: es tierna".

A la niña tierna le llegará la persecución de niña tierna. Esa persecución de niña tierna tendrá cara de: por ejemplo: ¿Por qué no empiezas a vivir para ti misma? dedícate a vivir para ti misma. Hay tantas cosas de qué ocuparte. ¿Has visto esa porquería que tienes por cuerpo? ¿Por qué no lo pones en forma? Mira, Es posible. Mírate bien al espejo. Es posible que en la parte superior derecha del muslo haya huellas de celulitis. ¿Celulitis? ¿Yo? Celulitis, celulitis. ¿Qué debo hacer? ¿Qué haré? Es muy fácil: "De ahora en adelante: mira, entrarás en este tratamiento, harás esto y harás esto otro. Comprarás esto, comprarás lo de más allá, te documentarás en revistas, asistirás a seminarios, harás muchos cursos, lograrás especializaciones. Pero tú, un día vencerás tu celulitis y en ese momento serás perfecta". Bueno, ¡descanso! Bueno, por lo menos seré perfecta, lograré vencer la celulitis y... esa deformidad, que tú llamas busto. ¿Qué piensas hacer con eso? ¿Mi busto es deforme? ¿Soy deforme yo? Por favor. El espejo no miente. Tú eres deforme. Das pena, Tú, das pena. El hecho de que tengas cara de radiador; no significa que no tengas además, un busto deforme. ¿Yo? !Sí¡ Mire, mientras la mujer se compone de la celulitis y se compone de su busto deforme y se compone no sé qué y se compone. Dura veintiocho, treinta, cincuenta años girando en torno a sí misma.

Hace poco estuve en Bucaramanga y tuve oportunidad de ver que este periódico que se llama Vanguardia Liberal, publica una cantidad de obras por fascículos; entre otras, sacó una muy extensa de la que he tomado estos ejemplos, sobre salud y belleza. Páginas y páginas y páginas y fascículos y fascículos y capítulos y versículos sobre todo lo que tiene que hacer la mujer para por fin decir: ¡Lo logré, por fin soy bonita! Ahora sí creo que me van a aceptar todos. Páginas y páginas. Yo pregunto si en alguna parte: Si algún diario, si alguna revista le cuenta a las niñas cómo tienen que educar su corazón, cómo tienen que formar su inteligencia, cómo tienen que darle textura y fortaleza a su voluntad. Habrá corazones, habrá gente que le hable así a las niñas y les explique a las tiernisimas niñas que no basta con tener un cuerpo espectacular y que no basta con mirarse y mirarse.

De manera que persecución habrá para todos. La persecución probablemente no será con la violencia que le pasó a San Pablo, no; pero es que hay muchísimas formas de violencia. Uno habla, por ejemplo con -yo sigo con el ejemplo de las niñas-: Uno habla con las niñas en los colegios y muchísimas veces sufren la terrible violencia de la soledad: "Soy la rara. Yo creo en Dios, soy rara. Yo creo en la pureza, Soy rara". Y es terrible. Eso duele demasiado para una muchacha.

Persecución habrá para el que trabaja. Persecución habrá para el anciano. Pasemos a una cuarta enseñanza: "Todo el que se proponga vivir como buen cristiano, dice aquí, será perseguido". Es, si yo no me equivoco, la única vez en los escritos de San Pablo en que aparece un adjetivo con cristiano: !buen cristiano¡ ¿Qué indica esto? Que no basta con ser cristiano. Que no todo cristiano se le mide a esto.

Pablo, de acuerdo con los estudiosos, escribió estas cartas por sí mismo o por redactores. Escribió estas cartas al final de su vida, cuando ya él sabía que había gente que le daba la espalda a Jesucristo. Eso es importante que lo sepamos.

¡Mira! Cuando estamos aquí, bendecimos juntos a Dios. Es fácil ser cristianos aquí, es fácil, aquí es de buen gusto ser cristianos. Aquí yo y cada uno de nosotros puede levantar las manos y decir: Dios es mi Señor. Aquí no pasa nada. Él es mi Señor. Bueno, ahora entra a la oficina así, ¡Él es mi Señor! Y ahí se complica un poco.

Entonces, probablemente, usted se va a encontrar con cristianos a los que no les interesa este mensaje. Probablemente, habrá gente que se eche para atrás. Hablábamos una vez con mis queridos Pablo y María Isabel sobre las historias de las personas que han sido sanadas por Dios; y una vez sanadas, se han ido, se han alejado. Yo me acuerdo el caso que tengo reciente de una señora en una crisis existencial tan horrible, tan horrible, de esas personas que ya han pasado por psicólogo y ya vieron que el psicólogo ya no les va a poder ayudar más, que están destruidas y despedazadas: Problema afectivo, problema laboral, problema económico, problema familiar, Problema, Problema. Todo al revés, todo mal.

Cuando tuvo problemas y problemas y más problemas. Yo la veía mucho por aquí, por este convento, y la vi en esas actividades y cosas que tratamos de hacer. Ahí la veía firme. Bueno, un día estaba tan preocupada, tan triste que me dice: "ore por mí, por favor; especialmente necesito un trabajo, me estoy volviendo loca". Yo pensé para mis adentros: eso ya venía de antes. Pero bueno. Oiga, y me he puesto por tarea, a rezar: "Señor Jesús, te pido por tu amor, regálale un trabajo a esta mujer; Señor Jesús, dale un trabajo". Llamada telefónica, Fray Nelson: "No quepo de alegría; usted viera qué belleza de trabajo. Ahí está todo por hacer, estoy muy contenta, me siento realizada". ¡Bendito sea Dios, gloria al Señor". Gloria al Señor. Es que esa fue la última vez que la oí. Ni más llamada, ni más grupo, ni más cursos, ni más nada.

Y yo les voy a contar aquí, en voz bajita: Les voy a contar que me pesó haber orado con tanta fuerza por ese trabajo. Yo me puse a pensar: quizás si no hubiera rezado con tanta fuerza, si no hubiera pasado nada más, Señor. De pronto cualquier cosita le sale por ahí un medio tiempo y entonces, como la plata no le alcanza todavía... En un grupo que tuvimos hace algunos años en la parroquia de Chiquinquirá nos pasó lo mismo: un muchacho preocupadisimo porque le habían hecho unos exámenes y parecía que tenía principios de cáncer.

Nosotros creímos en el Señor y le creímos al Señor y nos pusimos a orar: "Dios mío, glorifícate en esas células, Señor, ayuda". ¡Gran noticia! Aparece el muchacho: "Le doy la gloria a Dios. Aquí están los exámenes médicos. No encuentran una sola célula cancerígena en estos exámenes". Como era la primera vez que me pasaba algo de ese tamaño, yo no cabía de alegría. Dije: "Oye, pues es verdad que Dios responde las oraciones, esto es increíble, esto es maravilloso". La alegría me duró ocho días. A los ocho días se volvió a reunir el grupo. El muchacho desapareció. Mira: Empezó a llenarse de tantas ocupaciones. Le salían tantas cosas, Tenía tantos compromisos, había tanto y tanto que hacer que nunca más pudo volver. Jamás volví a tener una sola noticia de él.

Yo digo: Si así van a ser las sanaciones, Señor, hazme el favor de enfermarme a toda esta gente. Y si para eso van a servir los trabajos y los empleos, hazme el favor, Señor. Aquí te tengo esta cuota, Dios mío. Señor: "Que en primer lugar esté tu amor, que esté tu divino amor en primer lugar". Qué eso esté en primer lugar.

Porque hay cristianos a los que les bastan los bienes de Dios y no buscan ya al Dios de los bienes. Les bastan las cosas de Dios y no buscan al Dios de todas las cosas. Por eso parece que es más seguro decirle a Dios: "Señor, así como estoy, acepto tu voluntad y quiero, querer lo que tú quieras". Parece que eso es más sensato, parece que eso es mejor. Y aplícale eso a todo lo que te sucede.

Pablo estaba agotado. No solo por las persecuciones de afuera, sino por sus propias tentaciones. Capítulo nueve de la segunda Corintios: "Señor, hay un aguijón en mi carne, un aguijón de Satanás que me abofetea." ¿Quién sabe qué tipo de tentación o dificultad tenía él; muy probablemente algo en su propia carne, en su sensibilidad? ¿Quién sabe qué sería? Sobre eso se han hecho todo tipo de conjeturas. Pero el hecho concreto es que Pablo dice: "Señor, estoy harto con ese aguijón; harto, harto con ese aguijón". Cada uno podría decir que ese aguijón es tal o cual cosa. Quizá el Espíritu Santo prefirió que no se supiera el nombre del aguijón, para que cada uno de nosotros pudiera pensar que ese aguijón es su propio defecto particular.

Señor, ese temperamento mío, no sirve para nada. ¡Dios mío! Ese mal genio mío, esa ingratitud mía, esa tentación mía, esta carne, Señor, esa envidia. ¡Dios mío! Yo, ¿por qué seré tan susceptible? Todo me duele; ¡ay, ay! Todo me duele, todo me entristece, todo me complica, todo es difícil para mí. Un momentico. Si es verdad que todo es difícil, pero parece que lo primero no es darle una patada a tu vida o darle una patada al mundo. Quizá en medio de "esa persecución", está tu unión con Dios. Esto no significa que dejemos de luchar contra el mal, contra la enfermedad o contra el desempleo; sino que tengamos claro que lo primero es amar a Dios sobre todas las cosas.

Decía un pensador: Si Dios me diera su poder, durante un día, en un día yo pondría este mundo en orden. En un día, si Dios me diera su divino poder, en un día. Yo compongo las cosas en primer lugar, y era un hombre lleno de celo por el Evangelio en primer lugar. Yo me iría a los lugares de iniquidad, a los prostíbulos, a las clínicas de abortos, a los lugares de expendios de droga. Destruiría esos lugares, quizá no a las personas, pero esos lugares los destruiría. Y si Dios me diera su divino poder, yo le aplicaría una sanción ejemplar a todos los criminales para que se supiera que así no se trata a Dios y a la gente que blasfema; yo le daría una cachetada para que aprendieran a respetar el nombre del Señor. Y aquellos que roban, yo los sancionaría ejemplarmente. Si Dios me diera su divino poder por un día... Pero el hombre sigue hablando y dice: "Pero si Dios me da su poder y su sabiduría, si Dios me da su poder y su sabiduría, probablemente, yo dejo que el mundo siga su curso". Yo dejo que el mundo siga su curso.

Nosotros nos aturdimos ante el mal. Pero Dios no se aturde cuando a uno le cuentan. Por ejemplo, siempre será un escándalo y un dolor para mí cuando me cuentan de los crímenes contra niños. Uno no sabe qué hacer con eso, pero Dios sí sabe qué hacer con eso. De manera que Dios no está tan aturdido, ni tan atolondrado como nosotros.

Nuestra cuarta enseñanza es: El que se proponga vivir como buen cristiano, pero eso no se lo propone todo el mundo. Y nuestra quinta y última enseñanza es esta, queridos amigos: San Pablo nos ha dicho: "Todo el que se proponga vivir como buen cristiano", es el momento de preguntarnos: Bueno, ¿y Dios, qué saca de eso? Dios qué saca de tenerme en ascuas, Dios qué saca de tenerme medio asustado, medio enfermo, medio desempleado, medio no sé; ¿qué saca Dios con eso?

Mira, por decirlo brevemente: a Dios le interesa fundamentalmente el desenlace de tu vida. Yo no sé si aquella señora de la que hablé hace unos minutos, la que adquirió el trabajo de manera casi milagrosa y casi instantánea... Yo no sé si esa señora volverá, por ejemplo, a este grupo. Yo no sé. Pero saben qué impresión tengo: que ella volverá aquí. Perdón, por lo que voy a decir: Por un garrotazo. Por un garrotazo; porque esa es la iglesia. Y usted no está aquí por bueno. Ni yo estoy aquí por bueno: "ya que he llevado una vida santa. Ahora me dedicaré los viernes a bendecir al Señor por las noches".

Esa no ha sido su vida, Por lo menos más o menos. Las que yo conozco, las que yo medio conozco, comenzando por la mía, no han sido así; más bien ha sido: "Mire, yo tenía la cabeza hastiada de garrote y entré aquí, y aquí me pegaban menos, entonces me quedé un rato. Uno llega por interés, uno llega por interés. Mire, la gente que está bien en la vida, la gente que está en todo. Sí, la gente que está bien, bien. Esa gente no está rezando a estas horas. La gente que está bien en la vida, la gente que está contenta, la gente que está en todo, la gente que no se pierde una. Esa gente no está por aquí.

Usted debe ser una emproblemada desde que está ahí sentada. Me imagino yo. O por lo menos empezó como emproblemada; ya después uno va entendiendo muchas cosas y uno se va dando cuenta de que hay que seguir a Dios no solo en los momentos de crisis y todo aquello. Pero como nosotros empezamos, siempre fue así: ¿por qué Dios quiere que nosotros seamos perseguidos? Lee este capítulo quince del Evangelio según San Juan: "Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. A toda rama que no da fruto, la corta y a la que da fruto la poda". Entre podar y cortar no hay demasiada diferencia; entonces, si Dios poda es porque eres rama que da fruto. Y la carta a los Hebreos también nos anima diciendo: "Dios corrige a los que ama". Si se hubiera desentendido de ti, ya dejaría de corregirte.

Hermanos y amigos, la persecución es útil por cuatro razones y es necesaria por cuatro razones: Primera, para que busquemos a Dios por Dios y no nos contentemos con ninguna idolatría. Para que busquemos al Señor y solo a Él, es decir, para desprendernos de la idolatría.

Segunda razón: la persecución es útil y es saludable porque nos pone en camino. La persecución es útil porque uno se convierte, ¡yayy!, se va sentando, ¡Ahhh! Uno se convierte y se sienta y dice: "Bueno, me he convertido, ahora toca conservar la paz. Tratar de que Dios no me quite la paz. Esta paz que yo tengo". Y entonces uno se dedica a cuidar la paz. Y ¿saben cómo cuidan la paz los buenos? Volviéndose egoístas. Hay tanto cristiano que se convirtió en el minuto, tanto cristiano, que se convirtió en María Santificadora, tanto cristiano que se convirtió en congresos de sanación y que después de que se convirtió: ¡bueno, vamos a conservar la paz! Mijita, ¿te acuerdas cuando Dios nos convirtió? ¡Jaj, tiempos aquellos! Pero ya, felizmente estamos convertidos, ya es el momento de echarle seguro a la puerta. Es el momento de acostarse temprano. No se nos olvide el rosario. Tratemos de que no se nos olvide. ¿Y qué es lo que están dando en el otro canal? ¡Uno se estaciona! Hermanos, uno se estaciona y uno se dedica a la conservación de lo poco que tiene. Pero cuando este señor está ahí sentado, ¡ayy! mirando la televisión y se le acerca la hija y le dice: "Papi, ¿verdad que el aborto tiene excomunión?" ¿Cómo, Cómo? Y ¿por qué me preguntas eso, niña? ¡No! Una pregunta suelta, una inquietud que tenía. La tentación, la persecución, nos ponen en camino. En ese sentido es buena.

En tercer lugar, la persecución nos ayuda a no confiar demasiado en nosotros mismos, en la virtud pasada, porque uno confía mucho, sobre todo si ha habido algunos carismas, ¿no? A ver, un tipo como yo. A mí, o sea, yo ya no me cuezo en dos aguas. Yo, imagínese yo. O sea, yo estoy curtido. Yo he sido toreado en muchas plazas, yo he orado con el padre Darío, el padre Emiliano, no, uno ya hizo el turno. El padre Emiliano Tardif rezó por mí. Yo estuve en las apariciones de no sé dónde, qué día me senté y estuve almorzando con un obispo. O sea, ¡si! ya a mí. ¡Sí! ¿Ya, a mí qué me puede entrar? Si. Y uno entra a confiar demasiado en sí mismo.

Finalmente, la persecución es buena. ¿Sabe por qué? Fundamentalmente porque nos une a la redención de la cruz.

Hay tres tipos de santidad: La santidad de engorde, la santidad de obrero y la santidad de crucificado. Al principio uno quiere la santidad de engorde; aquí yo creo que hay varios que han querido la santidad engorde, por lo que veo así un poco. jajaja, la santidad, Engorde es llenarse de experiencias. ¡Hola! ¿A dónde no hemos ido? ¿a dónde no hemos ido? Donde fray Nelson, no hemos ido y ¿qué, allá qué pasa qué, qué o cómo es eso? No allá, eso es: En primer lugar, tiene uno que revestirse de paciencia porque es largo.

No. La santidad de engorde es hacer vueltas y vueltas y tener experiencias y sensaciones. ¿Y ahora qué más me va a pasar a mí? Y ¿ahora de aquí qué sigue? Y luego yo sentí: bueno, ya de aquí solo me falta tirarme por un puente con un caucho. La santidad engorde.

Luego viene la santidad del activista. Es el que se matricula en un poco de cursos. Pertenece a cuatro fundaciones, miembro honorario de cinco cofradías, amigo de seis párrocos, se inscribe con siete videntes y así sucesivamente, en progresión aritmética. Y la persona así está ahí, sube y baja. ¿No? ¿Cuál es el límite de la santidad del activista? que empieza a llenarse de vacío, de orgullo, de murmuración. Entonces trabaja y trabaja. Y cuando para, ¡uff! Que porquería de Iglesia. ¡Sigamos! Porquería de Iglesia. Aquí nadie se convierte, nadie hace nada. A trabajar. Sigamos.

Un día la persona descubre que hay otra santidad. Ustedes descubrirán aquí las tres generaciones de las que vivimos hablando. Entonces viene la santidad de la cruz. Llega un momento en el que la persona descubre que no se adelanta nada. Mientras uno no se muera. Es decir, el asunto es muy sencillo. Es como el famoso negocio de huevos con jamón, ¿no? El problema es que a uno le toca poner el jamón. Este es un negocio de huevos con jamón, pero la parte del jamón le toca a uno. Cuando uno cae en la cuenta de que esa es la santidad y que esa es la verdadera santidad, uno dice: "¡Bendita la persecución! Gloria en la tentación y hasta me glorío en las tentaciones" Dice Pablo: "Hasta me glorío, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte". Ese es el cristiano maduro, el que está huyendo y diciendo: no, ¿que es ese Dios sádico? Dios debería habiendo tanto colchón rosado, Dios debería repartir colchones rosados perfectamente. Unos colchoncitos, ¡si! Que fueran en una tela lavable, unos colchoncitos para todos. No, Dios quiere que Cristo se realice en tu vida y por eso todo el que se disponga para ser buen cristiano sufrirá persecución. ¡Gloria a Dios!

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