Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El amor de Dios es el verdadero motor de la historia y nuestra respuesta al amor divino hace posible que muy pronto retorne Nuestro Señor.

Homilía o092008a, predicada en 20260602, con 6 min. y 57 seg.

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Transcripción:

El apóstol Pedro en la primera lectura de la misa de hoy nos da un mandato, nos da una orden que no está en ninguna otra parte de la Biblia. Nos dice: Esperen y apresuren la venida del Señor. Esperen y apresuren. Parece que hubiera como una pequeña contradicción entre esos dos verbos, porque tal vez la idea que uno tiene de esperar es simplemente aguardar algo así como resistir y dejar que pase el tiempo. Por eso tenemos en los hospitales, por eso tenemos en los centros médicos, centros de salud, hay salas de espera ¿Y qué hace uno en una sala de espera? Pues aburrirse o morirse de angustia. O leer alguna revista, o sacar el celular y chatear con alguien. Es decir, lo que uno hace es dejar pasar el tiempo. Pero luego Pedro nos dice: Apresuren la venida del Señor y que yo me acuerde. Es el único lugar en toda la Biblia donde se nos dice que se puede apresurar la venida del Señor.

Luego uno piensa un poco en esto y se da cuenta que tiene todo el sentido del mundo apresurar la venida del Señor. ¿Por qué? Porque es que la venida del Señor, es decir, el retorno de Cristo, cuando Él vendrá en poder y majestad a juzgar a vivos y muertos. La venida del Señor no está determinada por un calendario. No está determinada por el número de vueltas que la Tierra le dé al sol. No está determinado por algún cataclismo cósmico. La venida del Señor es la culminación de todo el plan de toda la historia de la salvación. Esa es la venida del Señor. Y como la venida del Señor, el retorno de Cristo es la culminación de su plan. Nosotros sabemos que aquello que gobernó, que gobierna el plan de Dios, es lo mismo que determina la venida de Cristo. ¿Y qué es lo que determina la historia de la salvación? ¿Qué es lo que determina el plan de salvación? Su amor, Su amor, su providencia, su sabiduría, su poder.

Pero la primera palabra es la que más quiero destacar. Todo lo que ha sucedido en la historia de salvación desde la expulsión del Paraíso, según el relato del Génesis hasta la encarnación, la efusión del Espíritu, el caminar de la Iglesia, todo, todo está gobernado por el amor. Todo está gobernado por el amor divino. Entonces, aunque parezca increíble, aunque esto parezca un cuento de fantasía. Es el amor el que gobierna la historia, el verdadero motor de la historia. No es la economía siendo tan importante la economía, pero no es la economía, como pensaba Carlos Marx, el verdadero motor de la historia. No es la autoconciencia del espíritu absoluto. Como pensaba Hegel, el verdadero motor de la historia no es el vitalismo que dará origen al übermensch al superhombre. Según pensaba Federico Nietzsche, el verdadero motor de la historia es el amor, y el amor que dirige la historia es ante todo el amor de Dios.

Pero ese amor obra sobre personas libres que somos nosotros, como tú, como yo. Ese amor obra en la libertad humana y por eso ese amor que obra en libertad alcanzará su plenitud en la medida en que nosotros respondemos a ese amor, en la medida en que nosotros nos abrimos a ese amor, en la medida en que nosotros amamos como Él nos amó. Por eso, por eso es posible apresurar la venida de Cristo. En efecto, es posible apresurarla por la sencilla y hermosa razón de que cada vez que nosotros respondemos y respondemos más y respondemos mejor al amor divino, el motor de la historia humana se hace presente en nosotros. Y cuantos más seamos los que respondemos, y cuanto mejor respondamos al amor, pues más se mueve la historia humana. ¡Qué misterio tan bello! ¡Qué misterio tan profundo! Lo más importante no es el mercado. Lo más importante no es la economía. Lo más importante no es el superhombre. Lo más importante es el amor y nuestra respuesta al amor.

Y por eso la espera cristiana. O, para ser más precisos, la esperanza Cristiana. La esperanza cristiana no es simplemente aguardar como el que está en una sala de espera allá en el aeropuerto o en un centro médico. A ver cuándo me van a llamar. Llevan tanto tiempo. Se están demorando. No. Nuestra esperanza, hermanos. Nuestra esperanza está marcada por la actividad del amor, por la respuesta al amor divino. Y esa respuesta nuestra al amor divino es la que acelera la historia, es la que cambia las cosas. Es la que hace posible que pronto, muy pronto, retorne el Señor.

Pues te aguardamos, Jesús. Queremos que vengas, como dice el libro del Apocalipsis Maranatha. Ven, ven, Señor Jesús. Amén.

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