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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cómo apresurar la llegada del Señor: (1) Quitar obstáculos; (2) Renovar la oración; (3) Acrecentar el deseo
Homilía o092006a, predicada en 20200602, con 27 min. y 15 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos, yo estoy simplemente fascinado por esa expresión que aparece en la primera lectura de hoy. Nos dice Pedro, el apóstol en su segunda carta nos dice: Esperad y apresurad, esperad y apresurad la venida del Señor. Yo creo que esa frase es muy importante porque nos da una clave de lo que es la esperanza cristiana, de lo que significa la esperanza. Es fundamental. Esperad y apresurad la venida del Señor, porque uno tiende a pensar que esperar es simplemente aguardar, y entonces el verbo esperar se convierte en algo completamente pasivo. Como cuando uno está esperando el autobús. O cuando uno está esperando en esas salas que se llaman precisamente sala de espera para pasar al consultorio del médico o de otro especialista. Esperad y apresurad. Y entonces uno se pregunta en qué consiste esto de apresurar la venida del Señor. Y también se hace otra pregunta ¿Lo de apresurar vale únicamente para el último retorno de Cristo? ¿O no será que ese apresurar vale también para la visita de Dios en nuestra vida? Hoy en tu familia, en tu relación de pareja, con tus amigos, en tu trabajo. Es evidente que el texto se aplica en primer término, al retorno definitivo de Cristo, lo que llamamos la segunda venida del Señor. Lo que decimos en el Credo vendrá con gloria, vendrá glorioso a juzgar a vivos y muertos. El texto se refiere a eso en primer lugar, pero nada impide que nosotros tomemos el texto y lo apliquemos también de otra manera. Siempre en el espíritu de que necesitamos de Cristo y de que sólo Cristo puede traer una diferencia real en nuestras vidas. Entonces aprovechemos este texto que aparece una vez cada dos años. Esa es la frecuencia con la que aparece este texto. Aprovechémoslo para nuestra vida y preguntémonos ¿cómo podemos apresurar la venida de Dios? ¿Cómo podemos apresurarla en nosotros mismos, en nuestros hogares, en nuestro país? Nos vamos a dar cuenta que las medidas que uno puede tomar para apresurar la venida de Cristo tienen que ver fundamentalmente con tres cosas. Primero, quite obstáculos. Eso es fundamental quitar los obstáculos. Segundo, haga oración. Y tercero, crezca en el anhelo, en el deseo. Ahí se lo resumí. Primero, quitar obstáculos. ¿Qué está impidiendo que Dios reine en mi casa? ¿Qué está impidiendo que Dios reine en mi vida? Hay una expresión en latín que utiliza Santo Tomás de Aquino que a mí me ha iluminado mucho. Esa expresión es quitando lo que impide. Así se traduce en latín, se dice remover prohíbes. Quitando lo que impide lo que prohíbe, o sea, quitar los obstáculos. Por ejemplo, una persona dice: Yo no creo en Dios porque no sé, no se me ha aparecido. No, no lo he visto claro, no lo he visto claro. Yo por eso no creo en Dios. Además, dicen que eso de la fe es un don. A mí no se me ha dado ese don. Entonces no estoy obligado a creer porque no se me ha dado ese don. Pregunta a ti. Vamos a suponer que no se te ha dado ese don, vamos a suponerlo. Pero yo te hago esta pregunta ¿Tú has quitado los obstáculos? Esa es una buena pregunta. Has quitado los obstáculos. Imagínate una persona que dijera a mí no me llega ningún correo. No te llega ningún correo. Pero la última vez que te envié un mensaje. Estamos hablando de correo electrónico. La última vez que te mandé un mensaje decía que tu buzón estaba completamente lleno. ¿Tú lo desocupas alguna vez? No. Tu buzón está saturado. Entonces. Claro que no te llega ningún correo. Tu buzón está saturado. Tienes que limpiar tu buzón para que te llegue el correo. Así de sencillo. Entonces hay que quitar obstáculos. ¿Y cuáles son los obstáculos? Aquí también nos enseñan santos doctores. Por algo dice el refrán Doctores tiene la Santa Madre Iglesia. ¿Cuáles son esos obstáculos? ¿Cómo identificarlos? Pues aquí vamos a utilizar varias palabras. Vamos a utilizar palabras de gente ilustre nuevamente de Santo Tomás y de un pensador católico, Blas Pascal, y de nuestro Papa emérito Benedicto y de ellos tres. Vamos a sacar algunos ejemplos para que uno conozca los obstáculos. Porque básicamente quitar los obstáculos es ponerse a distancia de tiro para que Dios me visite. Los antiguos griegos hablaban del amor como una flecha que lanzaba un cierto diosecillo llamado Cupido. Nosotros no tenemos que creer en eso, pero en cambio sí podemos afirmar que Dios Lanza sus dardos de amor de los que habla el libro del Cantar de los Cantares se queja amorosamente la amada en el Cantar de los Cantares y dice: Defiéndanme. Lo dice con una sonrisa de amor. Defiéndanme me están atacando con dardos de amor. Entonces, quitar los obstáculos es ponerse a tiro para que esos dardos que Dios no deja de lanzar me alcancen. ¿Cómo identificarlos? Bueno, por ejemplo, nuestro amigo Tomás dice algo muy importante. Dice que cuanto mayor es la vehemencia del placer en el pecado, más enceguecido está el corazón y más endurecida está el alma. Entonces, la persona que está endurecida en el pecado está blindada contra Dios. Y dice el mismo Santo Tomás que los pecados que de una manera más grave blindan, enceguece en contra Dios, son los pecados del placer corporal. Entonces, la persona que vive para el placer corporal no se da cuenta que la intensidad de ese placer le vuelve ciego para los otros placeres, los placeres de la gracia, los placeres del espíritu, los placeres de una alegría casta y santa. Está enceguecido. Entonces, ¿qué tengo que hacer para quitarle obstáculos a Dios? Tengo que revisar si en mi vida hay intensidad de placer. Porque esa intensidad de placer sí ha llegado al punto de enceguecerme. Ya se trate de sexo, licor, droga o cosa parecida. Esa intensidad de placer enceguece. Por eso la sobriedad. Por eso la abstinencia. Por eso la austeridad. Preparan el camino. ¡Ah! ¡Está usted condenando el placer! No, no estoy condenando el placer. Estoy diciendo que si el placer gobierna tu vida, te estás enceguecido. Y mire usted, una persona que esté enceguecida por un vicio y me va a dar la razón. Esa persona pierde el sentido de las proporciones. Sus hijos están pasando hambre. Pero esta noche tengo trago. Tengo una reunión de tragos con unos amigos. Pero sus hijos no tienen ropa para cambiarse. Ellos verán, yo me voy a tomar mi trago. Esa persona está enceguecida y el drogadicto se enceguece. ¡Uy! Los casos de la droga son terribles. Me acuerdo el caso de un muchacho. Bueno, ya un hombre. Cuando dio su testimonio, él salió del mundo de la droga. Y él decía, y se le quebraba la voz que era hijo de una madre soltera que trataba de completar el dinero para el mes trabajando en la costura. Tenía una maquinita de coser y ella trabajaba, y con esa costura conseguía alimento para ella, para el hijo, para los estudios del hijo. Porque la vida de ella giraba en torno al hijo. Y ella metía su poquito de dinero, lo metía por ahí en un cajoncito y tenía escondido el cajoncito porque sabía en qué pasos andaba el hijo. Cuando el hijo descubrió dónde escondía el dinero, ella, empezó a sacarle dinero para drogarse. Y este hombre en su testimonio se le quebraba la voz y decía. Yo robaba a mi propia madre. Yo la robaba. Estaba ciego. Él estaba ciego. En ocasiones por el exceso de trabajo, tenía que pasar la noche en vela y yo me despertaba en la noche tres o cuatro de la mañana y todavía estaba ella encorvada, dolorida sobre esa máquina de coser. Y a mí eso no me importaba. Y yo sabía que yo me iba a robar ese dinero para drogarme. Entonces es evidente. Es evidente que el placer enceguece. Es clarísimo que el placer enceguece. Y precisamente por esa ceguera, esa terrible ceguera del placer cuando se idolatra, cuando se sale de todo cauce. Dime ¿qué? ¿Qué fe en Dios va a aparecer ahí? ¿Qué fe en Dios? Entonces ahí nos damos cuenta que de lo que uno tiene que quitar es el placer idolatrado. Ese placer que enceguece, hay que quitarlo, placer corporal que enceguece. Por eso hay personas que arruinan lo que hubiera podido ser una hermosa vida de familia, por el placer de un nuevo cuerpo, por el placer de un adulterio. Y no se dan cuenta lo que están perdiendo. No se dan cuenta de la calidad de esposa que está perdiendo. El daño permanente y profundo que le hace a esos hijos. No lo ve, no lo ve, no quiere verlo. Entonces yo le doy la razón a Santo Tomás. Además, hay otra frase de otro santo, de San Agustín Mire lo que dice San Agustín: Niega a Dios aquél a quien no le conviene que Dios exista. Es lo mismo que estamos diciendo. Entonces, amados hermanos, quitar obstáculos es quitar en primer lugar esos placeres que nos dominan. Hay que tener certeza de que eso no esté sucediendo. Segundo, el consejo de Blas Pascal. Dice Blas Pascal, yo hago aquí una adaptación, claro está. No son las palabras textuales de él. Las palabras de Blas Pascal son: Si usted sigue haciendo lo que siempre ha venido haciendo, usted va a seguir creyendo lo que siempre ha estado creyendo. ¿Qué quiere decir esa frase? Pascal decía: Si usted con buena voluntad, con ánimo abierto. Si usted se acerca, por ejemplo, a una iglesia. Usted dice que no sabe orar. Usted dice que no cree en Dios. Pero si usted dice eso y permanece haciendo lo que siempre ha hecho y encerrado en sus propios pensamientos y metido en su propia casa y hablando con sus mismos amigos ateos y leyendo sus mismos libros ateos, usted está dentro de una prisión. Entonces, salir de esa prisión también es algo físico, dice Blas Pascal. Entonces empiece a hacer lo que hacen los creyentes. Mire usted, por ejemplo, le han hablado muy mal de la Iglesia, muy mal, y sus amigos ateos no hacen sino criticar todo lo de la Iglesia Galileo, la Inquisición, los pederastas, las riquezas del Vaticano, los mismos historias de siempre. Si usted se queda oyendo siempre esas historias, usted nunca llegará a la fe. Usted no le está dando ocasión a Dios de que llegue a su vida. Entonces salga de ahí. Y hay una historia muy bonita la historia de un hombre llamado Paul Claudel. Se escribe Claudel. Eso es francés claro. Paul Claudel es uno de los conversos al catolicismo más famosos de la primera mitad del siglo veinte en Francia. Él se la pasaba en los cafés, hablando con ateos, leyendo libros de ateos con su biblioteca de ateísmo. Un día hizo lo de Pascal, fue a una iglesia, fue a la famosísima Iglesia de Notre Dame, allá en París. Y en esa arquitectura y en esa belleza, algo sucedió en su corazón. Entonces, quitar los obstáculos también es romper las rutinas y dar ocasión de oír una voz diferente, de estar en un ambiente diferente, de aprender algo distinto. Eso te hace mucho bien, mucho bien. Entonces, cuando una persona, por ejemplo dice: hombre, yo creo que yo no necesito cambiar nada en mi vida, pero bueno, voy a ir a ese retiro que están, que me invitan y me invitan, que vaya a ese retiro. Bueno, voy a ir. Eso es muy bueno, eso es ponerse a tiro, eso es darle oportunidad a Dios de que uno de sus dardos te alcance. Porque si a todo vas a decir que no, ese es el obstáculo que a todo dices que no. Tercero, dice el Papa Benedicto otro obstáculo, ese otro obstáculo es la comodidad de la mentira. Sobre esto también habló San Juan Pablo Segundo. San Juan Pablo Segundo decía: Si no se puede obligar a la conciencia, no, la conciencia tiene el derecho a que no la obliguen. Pero la conciencia tiene el deber de deformarse. Palabras semejantes tiene el Papa Benedicto, nuestro Papa emérito en este momento. Dice: Si yo tengo derecho a usar mi cabeza. Pero es que no solo tienes el derecho, tienes el deber de usar tu cabeza para preguntarte si lo que estás negando lo estás negando sobre la base de verdaderas razones o no. Porque muchas veces lo que es cómodo es seguir creyendo lo que uno siempre ha creído, pensando lo que uno siempre ha pensado. Entonces, así como Pascal invitaba a acercarse a la praxis de la Iglesia, incluyendo la praxis litúrgica, así también el Papa Benedicto nos invita a que nosotros no decaigamos en nuestra búsqueda de la verdad. Hay una historia que me contaba una amiga, sobre un amigo suyo protestante. Y resulta que esta chica le dice a su amigo Obviamente había la diferencia porque ella es católica y él es protestante. Entonces él le decía bueno, pero es que hay temas que se pueden estudiar sin faltarle el respeto a nadie, sin insultar a nadie. Desde una profunda seriedad y un comportamiento correcto, los temas se pueden estudiar y mire la respuesta de él. Yo ya he estudiado todo eso. Yo no quiero entrar en discusiones, él está poniendo un obstáculo. Eso es poner un obstáculo. Exactamente, eso es poner un obstáculo. Entonces, resumamos lo que nos proponen estos grandes autores que hemos mencionado: Agustín, Tomás, Pascal, Benedicto, Juan Pablo Segundo. ¿Qué es eso de quitar obstáculos? Lo de quitar obstáculos es primero vigilar si el placer me está encegueciendo y la única manera de vigilarlo es abstenerse de placer, por lo menos algunas veces y durante algunos periodos. Si tú sigues bebiendo como estás bebiendo, si tú sigues en tu ritmo de vida sexual que llevas, si tú sigues en tu ritmo de drogas y tú sigues así no se puede. Entonces, primero vigila qué placeres te dominan y aprende a abstenerte de ellos. Segundo, tienes que romper tu rutina y acercarte físicamente, acercarte a donde se habla, un discurso que tú seguramente has descartado sin estudiar. Incluso aunque fuera solamente con un libro. Y tercero, ten en cuenta la sed de verdad que existe en el corazón humano. No te cierres con disculpas tontas como diciendo yo no quiero entrar en discusiones, no te cierres. De hecho, la historia de los protestantes que han llegado a la fe católica cuando se han arriesgado entre comillas a leer y a buscar, es bastante larga. Uno de ellos, Eminentísimo, es el cardenal ya canonizado John Henry Newman. Newman no nació católico. Él nació anglicano. ¿Y qué hizo Newman? ¿Qué hizo? Se hizo la pregunta que todo protestante honesto debería hacerse. Y esa pregunta es. ¿Las primeras generaciones de cristianos. Los cristianos de los primeros siglos creían lo que creemos nosotros, los protestantes?. Él diría a los anglicanos o creían lo que cree la Iglesia Católica. Ese es el estudio que hay que hacer. Eso es abrirse a la verdad. Eso es quitar el obstáculo, según enseña el Papa Benedicto. Entonces, ¿qué puedo hacer yo para apresurar la hora de Cristo en mi vida? Primero, quitar obstáculos, que significa vigilar qué placeres me dominan, cambiar mis rutinas para no encerrarme en una prisión de costumbres y abrirme a una plena búsqueda de la verdad. Ese es el primer paso para quitar obstáculos. Segundo paso hay que orar, hay que orar, hay que orar. Y esa oración nuestra, básicamente lo que hace es prepararnos. San Pablo tiene una frase muy bonita. Dice: Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios tiene preparado, Él lo dice. Eso está en la primera carta a los Corintios, capítulo quince, me parece. Él lo dice refiriéndose a la resurrección. Pero eso vale para muchas cosas, porque en Efesios capítulo tres también dice San Pablo que él, Dios es capaz de darnos mucho más de lo que pensamos o deseamos, lo cual no significa que tenga que coincidir con nuestros intereses. Por eso también San Agustín decía que si Dios a veces quiere que nosotros oremos más, no es para otra cosa, sino para que estemos adecuadamente preparados para recibir lo que él quiere darnos. Porque efectivamente, la persona sin oración conoce su deseo, pero no conoce el deseo de Dios. Entonces hay que orar. Y la tercera recomendación que hicimos, cuál fue La tercera recomendación es que hay que crecer en el deseo. Y de nuevo San Agustín, tu mismo deseo es oración. Hay que crecer en el deseo. Tú anhelas a Cristo. Una vez le preguntaban a un sacerdote en un retiro, le preguntaban ¿Padre, cómo hay que buscar a Dios? ¿Cómo es eso de buscar a Dios? Y el padrecito me parece que era jesuita. El padrecito dice: Usted conoce las piscinas que en México suelen llamar albercas. ¿Usted conoce las piscinas? Claro, claro, padre. Yo conozco lo que es una piscina. Bueno. Si una persona lo agarra a usted por la fuerza y le sumerge la cabeza en el agua. ¿Usted qué desearía en ese momento? Aire. Aire. Con todas mis fuerzas ¿y cada segundo usted desearía más el aire? Cada segundo, Padre. Así hay que buscar a Dios. Así hay que buscar a Dios. Hay un sacerdote dominico ya fallecido hace bastantes años. El padre de apellido Lebret, el padre Lebret, se volvió famoso por su expresión. Oú est Dieu. ¿Dónde está Dios? ¿Dónde está Dios? Era casi un estribillo en él. Dónde está Dios? Un padre que trabajó mucho en la presencia social del Evangelio y en las implicaciones sociales de la predicación de la Iglesia. Dónde está Dios ¿y cómo debo buscar a Dios? ¿Qué significa anhelar a Dios como si me estuviera ahogando así? ¿Dónde está Dios? ¿Cómo? ¿Cómo puedo llegar a Él?. Entonces, resumen ¿Qué tengo que hacer para apresurar la venida de Cristo? Tengo que hacer tres cosas. Tengo que quitar obstáculos. Tengo que hacer más oración para no conocer simplemente lo que yo deseo, sino acercarme a lo que Dios desea. Y tercero, debo desearlo como aquella persona que casi se está ahogando y anhela con todo su corazón, anhela poder vivir. Sigamos esta celebración pidiéndole a Dios que así nos alimenta, pidiéndole que nos dé más hambre. Amén.

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