Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La esperanza se hace activa al apresurar el retorno de Cristo en la medida en que nuestra vida y palabra acercan a otros a Dios, teniendo conciencia que Él es paciente porque quiere que todos los hombres se salven.

Homilía o092005a, predicada en 20200602, con 6 min. y 49 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos. Hoy la primera lectura ha sido tomada de la segunda carta del Apóstol San Pedro. Esta carta de Pedro pertenece a un grupo de escritos del Nuevo Testamento, a los que alusivos, a los que se les suele llamar cartas católicas. Ahí tienes, por ejemplo, la Carta a los Hebreos, la Carta de Santiago, las dos cartas de Pedro, las tres cartas de San Juan, la carta de Judas Tadeo. Estos son documentos que llamamos cartas católicas y tenemos que ser humildes y sinceros y reconocer que son partes de la Biblia que poco visitamos y de las que poco predicamos. Así que permítaseme el día de hoy que vayamos al texto que nos ofrece la liturgia, que es del capítulo tercero de esta segunda carta de Pedro. Además, el tema es importantísimo y de gran actualidad, porque de lo que nos está hablando es del retorno de Cristo. Sabes que cuando suceden acontecimientos dramáticos la gente siempre tiene en su mente, ya se va a acabar todo. El fin del mundo.

Por ejemplo, cuando cayó el Imperio Romano de Occidente en el siglo quinto, la gente sintió que era el fin del mundo. Cuando llegó el año mil por una cierta interpretación que hacían de un texto del Apocalipsis, decían ahora viene una tremenda revolución, se va a acabar todo. Algo así como el fin del mundo ha sucedido varias veces. Cuando en el siglo catorce hubo unas terribles epidemias que devastaron parece que hasta una tercera parte de la población de Europa. ¿Qué dijo la gente? El fin del mundo. Varias veces ha pasado eso. Varias veces ha pasado que por una mezcla de miedo, fascinación y deseo del triunfo de Dios, la gente se apresura a declarar el fin del mundo. Pero resulta que este texto del capítulo tres de la segunda carta de Pedro nos da unas luces muy interesantes, muy bellas. Fíjate lo que nos dice. Por una parte, nos enseña que nosotros cristianos, hemos de tener una esperanza activa. Llamamos esperanza pasiva a la que consiste simplemente en resignarse y aguantar.

Imagínate, por ejemplo, que tienes que tomar el tren, el autobús o un avión y te dicen: Hay problemas con el clima, tendremos un severo retraso. Su vuelo o su viaje o su tren estaba, por ejemplo, para las tres de la tarde, ha quedado para las cinco y media de la tarde. ¿Qué haces tú? O sea, cuando te dicen eso, ¿Qué haces? Bueno, resignación. Esa es esperanza pasiva. Pedro nos invita a la esperanza activa y la expresión que él utiliza es perfecta. No sé. A mí me hace vibrar el corazón. Dice: Esperad y apresurad el retorno del Señor. ¿Y cómo puedo yo apresurar el retorno del Señor? Bueno, tal vez si mencionamos un segundo punto, se va a entender mejor este primer punto. El segundo punto es ¿por qué tarda tanto? Y entonces nos dice Pedro es que Dios manifiesta su paciencia. Es decir, nuestro Dios no es un Dios que dependa de un reloj. Para decir: necesito que a tal hora se acabe el mundo. Y el que se salvó se salvó, y el que no se salvó se condenó. Ese no es Dios, ese no es Dios, mis hermanos, Dios con inmensa paciencia, como dice en otro lugar, otro apóstol, San Pablo quiere que todos los hombres se salven. Es decir, la paciencia de Dios no se mide con un reloj, ni el retorno de Cristo se mira simplemente con un calendario. La paciencia de Dios es su deseo infinito de que todos tengan todas las oportunidades.

Y entonces, ¿cómo puedo apresurar yo la venida de Cristo? En la medida en que yo soy una oportunidad de que otros conozcan al Señor, en la medida en que mi vida y mi Palabra acercan a la gente a Cristo, estoy apresurando el retorno de Cristo porque estoy regando oportunidades. Y cada uno de nosotros tiene que ser un riego, un regador de oportunidades. Eso es ser cristiano. Ser un regador de oportunidades para que la gente conozca al Señor, para que se multipliquen las ofertas de su amor. ¿Y eso para qué sirve? Sabes para qué sirve, para qué él venga, para que él venga pronto. Y lo último que nos dice Pedro en el pasaje de hoy. Repito el capítulo tercero de la segunda carta de Pedro. Lo último que nos dice es que tengan cuidado, no se dejen arrastrar, no se dejen arrastrar.

Porque, como decía Catalina, el mundo es una especie de riada. Es una especie de alud, es una especie de río cenagoso, impetuoso, prepotente, que nos va llevando, nos va llevando, nos va llevando. No se dejen arrastrar, no se dejen llevar. Ese es el sentido. Entonces, el gran mensaje ¿Cuál es el gran mensaje? Es que nuestra esperanza es activa. Qué entendemos por qué Dios es tan paciente y que mientras aguardamos con esa esperanza activa, no nos dejemos arrastrar por los ídolos, las corrientes, las modas, las ideas, los miedos, la arrogancia de este mundo.

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