Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La esperanza cristiana no es ilusión ni fantasía, es el resultado de reconocer todo lo que Dios ha hecho por mi, dándome fortaleza y certeza de saber que Él seguirá actuando en mi.

Homilía o092004a, predicada en 20180605, con 5 min. y 27 seg.

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Transcripción:

Uno de los temas principales de la segunda carta del apóstol Pedro es la esperanza, y particularmente esa dimensión de la esperanza que llamamos esperanza activa. Hasta cierto punto, este es el tema central de este breve libro del Nuevo Testamento. Me refiero a la segunda carta de Pedro, la esperanza activa. Aprendamos hoy qué significa esto. En el pasaje que se leyó el día de ayer, tomado del capítulo primero de esta carta. Encontrábamos como un resumen de los muchos bienes que nosotros hemos recibido. Nosotros hemos recibido grandes, grandes bienes, grandes bienes. Y para Pedro es muy importante que nosotros tengamos esa certeza. Hemos recibido grandes bienes.

Si uno no parte de la abundancia, inmediatamente cae bajo el hechizo, podríamos decir, de la escasez. Bajo la lógica de la escasez. A ver si me puedo explicar. Cuando una persona siente que tiene demasiado poco de algo, inmediatamente lo esconde, Se aferra a eso que tiene. Procura guardarlo para sí mismo o para las personas que considera importantes en su vida. No comparte. Piensa en los tiempos de escasez de alimentos, o en esos tiempos, la gente esconde lo que tiene. ¿Por qué? Porque piensa que no va a alcanzar para todos. Esa es la lógica. Ese es el hechizo de la escasez. Pero esto que estoy diciendo de la comida o del dinero vale también para la alegría, para el amor, para el perdón.

Hay muchas personas que se miden, se miden escrupulosamente en el amor. Yo no voy a amar a cualquiera. No me refiero aquí a amor de pareja, por supuesto. Me refiero a ese amor que es benevolencia, deseo del bien del otro. No, nadie me interesa. Hay personas que van por esta tierra, como con la idea de que todo lo que tienen es tan escaso que únicamente les va a alcanzar para ellos. La única manera de romper ese hechizo destructor de la escasez es cuando uno descubre la infinita abundancia de la gracia, del poder, de la vida, del amor de Dios, que es lo que hemos escuchado, por ejemplo, el día de ayer. O sea, el razonamiento de Pedro es este mira, descubre primero todo lo que ya has recibido. Descubre primero los tesoros que ya son tuyos. Disfrútalos, vívelos, agradécelos proclámalo.

Es decir, descubre que son verdaderamente regalo del amor de Dios para ti. Cuando esa abundancia se ha instalado en el corazón, entonces sí es posible hablar de esperanza. Porque, como decía hermosamente Fray Luis de Granada, un gran predicador del siglo dieciséis, el Dios que me trajo hasta aquí, no me va a dejar aquí. Es decir, tengo la certeza de que si Dios ha hecho ya tanto por mí, ese Dios me sigue llevando. Entonces nuestra esperanza no es ilusión, nuestra esperanza no es fantasía, nuestra esperanza no es simplemente deseo que nosotros tenemos, como el que dice qué bonito sería, qué bonito sería, no. No es nostalgia lanzada hacia el futuro, no es fantasía, no es ilusión. Tampoco es negación de la realidad. ¿Qué es? Es el resultado del pensamiento.

Cuando uno cae en cuenta todo lo que ha recibido. Cuando caes en cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti, en ese momento tienes la fortaleza y tienes la alegría para decir: Yo sé que este Dios no me deja aquí. Y esa es la esperanza nuestra. Eso es lo que significa tener esperanza. Eso es lo que significa vivir la esperanza cristiana. Y por eso esa esperanza no debemos compararla con una simple resignación. No debemos compararla con una simple podríamos decir, Con el simple aguardar, como que estoy yo aguardando, resignado, aguardando, dejando que pase el tiempo. No. El apóstol Pedro nos dice: Crezcan, es decir, hagan lo máximo de este tiempo. Que este tiempo dé el máximo fruto en ustedes. Crezcan en la gracia y en el conocimiento del Señor. Eso es lo que llamamos esperanza activa.

En resumen, sabemos lo que hemos recibido. Hemos descubierto tesoros preciosos del amor de Dios que son fecundos en nosotros, y a partir de eso maravilloso que hemos recibido, descubrimos también que tenemos toda la confianza para lo que Dios habrá de darnos, pero movidos por la alegría y movidos por el amor que Él nos ha entregado. Nosotros no nos quedamos pasivamente aguardando que pase el rato, no. Nosotros tenemos la certeza de que ese Dios nos aguarda y queremos salir a su encuentro. Esa es esperanza activa.

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