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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios nos ha dado todo lo necesario para alcanzar la salvación por eso el desaliento no debe vencernos. A pesar de las dificultades, debemos seguir evangelizando, llevando esperanza, amor y gracia al mundo.
Homilía o091010a, predicada en 20260601, con 8 min. y 21 seg. 
Transcripción:
Hermanos. En la primera lectura de hoy, tomada de la segunda carta del Apóstol San Pedro, de hecho, es el comienzo de esta segunda carta. Aparece una idea que yo creo que todos necesitamos escucharla y me atrevo a decir, escucharla varias veces, escucharla hasta aprenderla. ¿Cuál es esa idea? ¿Cómo la expreso? Creo que lo mejor es tomar las palabras mismas del apóstol Pedro. Dice él: Dios nos ha dado todo lo necesario para nuestra salvación. Ese es el mensaje. Dios nos ha dado todo lo necesario para nuestra salvación. ¿Por qué ese pensamiento es tan importante? ¿Por qué tenemos que subrayarlo hoy? Porque la magnitud de los desafíos actuales, el tamaño de las tentaciones que todos padecemos, la fuerza que tiene el pecado hoy, por ejemplo, instalándose en las leyes de muchos países, todo eso tiene un efecto devastador que puede producir desaliento, que puede producir desánimo, incluso desesperanza. Una gran tentación de nuestro tiempo, hermanos, es el desaliento, la desesperanza. Cuando uno ve, por ejemplo, que el crimen del aborto queda instalado firmemente en la Constitución de Francia, cuando uno ve que ese mismo crimen queda instalado en la Constitución de España y que luego otros países ven como una especie de avance que se hagan esos cambios legislativos para que el aborto quede ahí, ahí, firmemente. Uno siente un terrible desaliento, porque, por supuesto, desde el punto de vista civil, la ley más importante que tiene en nuestros países se llama la Constitución. Y cuando en la Constitución queda afirmado eso como un derecho, es profundamente desalentador. Pero lo mismo sucede en otros campos. Cuando uno ve, por ejemplo, que la persecución religiosa, el hostigamiento en tantos países, algunos de ellos bastante cercanos geográficamente a mi país, Colombia. Cuando uno ve que el hostigamiento religioso, la prohibición, por ejemplo, de llevar una Biblia. Hay países de Centroamérica, un país de Centroamérica en donde está prohibido entrar con una Biblia. Tú puedes ir de turista, pero no puedes llevar una Biblia. Vas a tener problemas en migración. Cuando uno ve que esas cosas suceden, uno siente desaliento y uno siente que hay una desproporción entre la manera como el mundo con arrogancia impone el pecado y la propuesta que nos trae nuestro Señor Jesucristo. Pues bien, este texto del comienzo de la segunda carta de Pedro es para aquéllos que podemos sentir la tentación del desaliento. Hay que entender que es una tentación y hay que entender que no tiene porqué ganarnos, porque dice el texto de Pedro: Dios nos ha dado todo lo necesario para nuestra salvación, lo cual significa dos cosas Primero, que más allá de los desafíos que indudablemente están todos los días rodeándonos y queriéndonos asfixiar, Dios es capaz de sostenernos. Dios es capaz de conducirnos en santidad y en justicia. Dios es capaz de levantarnos por encima de la inundación de pecado. Decía el mismo apóstol Pedro en el capítulo dos de Hechos de los Apóstoles. Escapen de esta generación perversa. Porque así como se cuenta en el libro del Génesis que hubo un diluvio que lo destruyó todo, podemos decir que en nuestra época hay una especie de diluvio. Hay un diluvio trágico, de pecado, de complicidad. Y yo sé que muchos adolescentes y muchos jóvenes, no solo ellos, pero creo que especialmente ellos, llegan a sentir como una especie de derrota anticipada y por eso muchos, no todos, pero muchos, sienten como que la pelea está perdida, como que no hay nada que hacer. Entonces, de acuerdo con eso necesitamos. Yo creo que ahora se entiende mejor. Necesitamos el texto de la segunda carta de Pedro. Necesitamos saber que Dios nos ha dado lo suficiente en primer lugar para nuestra propia salvación. Pero como el cristiano no se salva solo, como nosotros somos llamados a salvarnos ayudando a la salvación de otros, entonces este texto también significa que no importa cuántas cosas sucedan en el mundo, siempre hay espacio para la evangelización. Siempre hay espacio para el anuncio de la gracia. Y, en cierto sentido, cuanto más dramáticas, cuanto más duras, cuanto más amargas son las realidades por las que pasa el mundo. Más oportunidad hay para el Evangelio. ¿Por qué? Porque es inevitable que todo ese pecado termine teniendo consecuencias. Y a nosotros. Óyeme esto, que no suena tan bonito, pero es bien importante. A nosotros los de Cristo, a nosotros nos corresponde recoger la basura. No suena bonito, ¿no? Pero nos corresponde recoger la basura, porque eso fue también lo que hizo Cristo. Cristo iba como recogiendo la basura. ¿En qué sentido? En que todos esos seres humanos amados de Dios, pero despreciados del mundo, porque son pecadores, porque son leprosos, porque son despreciados, porque no son interesantes, porque no tienen poder. Todos esos seres preciosos ante Dios fueron recogidos por Cristo. Y el trabajo de la iglesia no es estar buscando en donde consigo poder. El trabajo de la iglesia es cómo podemos ser testigos de amor. Cómo podemos brindar salvación. Cómo podemos dar una luz de gracia a los leprosos de hoy, a los excluidos de hoy, a los olvidados de hoy. Y dice la segunda carta de Pedro. No nos va a faltar el auxilio de Dios. Él nos ha dado todo lo necesario para nuestra salvación. Mensaje: No le des espacio al desaliento. No te dejes ganar por la tristeza. Que la desesperanza y el desánimo no hagan presa en ti. Porque el que está de parte nuestra, el que nos defiende, es mayor que todo el ataque que pueda llegar a nuestras vidas. La gloria para Dios. Amén.

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