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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los cristianos no vamos por el mundo arrastrando una existencia, esperando la muerte; vamos con una experiencia de vida perdurable y con la certeza de que somos hijos de Dios.
Homilía o091007a, predicada en 20180604, con 6 min. y 14 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del comienzo de la Segunda carta del apóstol San Pedro. Recordemos que en la Sagrada Escritura hay una serie de libros más bien cortos, breves, que son conocidos como las cartas católicas. Las cartas católicas incluyen a Santiago, a las tres cartas de San Juan, las dos cartas de Pedro, la carta de Judas. Estos documentos, aunque son breves en su brevedad, compendian mucho, nos dan mucho contenido. Descubramoslo hoy.
Por ejemplo, en el breve pasaje del comienzo de la Segunda carta de Pedro. A mí me gusta de estos escritos de Pedro. Me gusta que hay siempre una secuencia. Él parece tener una particular preocupación por el camino que vamos recorriendo como creyentes. Así, por ejemplo, en el comienzo del pasaje de hoy se nos habla de cómo nos hemos abierto a la fe y a través de la fe hemos llegado a la gracia y la paz.
La dedicatoria de la carta, es decir, los destinatarios. ¿Quiénes son? Son aquellos miembros de comunidad cristiana en aquel tiempo a los que Pedro les escribe. Pero añade esto que a mí me llena de felicidad, dice y también a los que comparten la misma fe que nosotros. Así que yo puedo tomar las palabras de Pedro y apropiármelas porque yo comparto la misma fe del apóstol.
Nos dice que la fe conduce a la gracia y a la piedad. Fíjate que la gracia es el regalo del amor de Dios. Es Dios dándose. Es la autocomunicación de Dios. Pero esa es la oferta de Dios. ¿Cómo puedo yo recibir ese regalo maravilloso, cómo puedo hacer lo mío? En el momento en el que lo aceptó con fe. La fe dilata mi corazón para que pueda entrar ese regalo precioso, el regalo de la gracia. Y como bien enseña Santo Tomás de Aquino, esas dos palabras la gracia y la paz que aquí utiliza San Pedro y que Pablo utiliza en otros pasajes, son como el resumen de todos los bienes. Porque dice Santo Tomás, la gracia es la que nos hace entrar en el orden de Dios, salir de nuestro desorden y entrar en el orden de Dios.
Pero por otra parte, la paz es la culminación de todos esos dones. Una persona no llega a tener verdadera tranquilidad si siente que todavía le faltan muchas cosas. Si por ejemplo, alguien está construyendo su casa y dice, todavía faltan las cortinas o todavía faltan las puertas de adentro, o todavía falta pintar por fuera. La persona todavía no cesa en su labor. La paz indica la culminación de todos los bienes. Entonces, nos está diciendo Pedro que a través de la fe nosotros tenemos desde el comienzo hasta el final. Hoy diríamos desde la A hasta la Z. Tenemos todo lo que Dios puede darnos, desde el regalo de su amor que nos perdona, que nos constituye en un nuevo ser, nos hace nuevas criaturas. Hasta el don de la paz, hasta esa especie de plenitud, de serenidad que Dios nos regala.
Entonces la fe, la gracia, la paz. Pero luego dice que habiendo recibido esa gracia y paz, participamos de la vida y de la piedad, es decir, que nuestra existencia no es simplemente una muerte aplazada. La lógica del mundo es que la vida es como una muerte aplazada, y por eso también algunas personas se sienten en el derecho. Falso, por supuesto. En el derecho de adelantar esa muerte, no atrasarla, sino adelantarla. Eso es lo que se llama suicidio asistido. Eso es lo que se llama eutanasia, porque la persona siente que es para la muerte.
Es decir, la lógica que tiene nuestro mundo para ver muchas veces la vida es simplemente como un aplazamiento de la muerte. La experiencia que nosotros tenemos es distinta. Nosotros experimentamos primicias, experimentamos el anticipo, el aperitivo de una vida que ya no termina, una vida que ya no se acaba. Eso es lo que nosotros experimentamos, esa vida perdurable. ¿Por qué? Pues porque conocemos la gracia del Señor, porque hemos recibido su paz. Entonces tenemos esa vida y por eso junto con esa vida tenemos una relación personal y amorosa con Dios, que eso es lo que significa la palabra piedad.
La piedad está indicando eso, está indicando que nosotros tenemos una relación de hijos. La palabra Pietas en latín, Eusebeia en griego, alude a ese amor peculiar, ese amor de familia, ese amor entre padres e hijos. De manera que nosotros ya no vamos por el mundo arrastrando una existencia. Nosotros vamos por el mundo, no simplemente sabiendo que llegará la muerte y que arrasará con todo. Nosotros vamos por el mundo ya con una experiencia de vida perdurable y con una certeza de que somos hijos.
Fíjate cómo el apóstol Pedro, con estas palabras está abriendo para nosotros los tesoros de la fe cristiana, para que sepamos cuánto tenemos y para que sepamos también cuánto valemos.

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