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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los enormes bienes recibidos de Dios nos liberan de la baja ambición que lleva finalmente a corrupción en el mundo presente.
Homilía o091002a, predicada en 20120604, con 4 min. y 55 seg. 
Transcripción:
La semana pasada estábamos escuchando el comienzo de los escritos de Pedro. Es que en el Nuevo Testamento hay dos cartas que se atribuyen al apóstol Pedro y las conocemos simplemente así como primera carta de Pedro y segunda carta de Pedro. La primera la escuchamos hasta cierto punto la semana pasada. Hoy vamos con el Capítulo Primero de la segunda carta.
Es un lenguaje rico, construido por frases más largas de lo que estamos acostumbrados. Y destaco esto porque ese lenguaje puede dejarnos al mismo tiempo asombrados y vacíos. Asombrados porque hay una densidad muy hermosa. Densidad de palabras que son como gemas, como joyas preciosas. El apóstol nos habla de bienes prometidos, nos habla de ser salvados, nos habla de ser liberados. Pero al mismo tiempo es una gran confusión y puede dejarnos vacíos.
Porque resulta que como no estamos acostumbrados a oír frases tan largas como que no logramos muchas veces conectar unas palabras con otras. Voy a hacer esta comparación. Es como si uno abriera el cajón de un joyero y hay rubíes, perlas y diamantes y todo se ve muy hermoso. Pero quizás todo ello forma parte de un collar que si lo ves junto realmente lo puedes apreciar. Esas mismas piedras que parecen una especie de desorden sobre el suelo, sobre el fondo de ese cajón. Cuando ya logras encontrar el hilo que las une en el collar, entonces sí que puedes apreciar el arte de ese hombre.
Nosotros necesitamos algo parecido. Cuando llegamos a escritos como éste de la segunda carta de Pedro. Necesitamos encontrar hilos pequeños, cortos o largos que nos ayuden a conectar lo que allí se dice. Por ejemplo, me llama mucho la atención esa frase que Dios, al darnos los bienes prometidos, nos ha liberado de la corrupción que reina en el mundo por causa de la ambición. Fíjate lo que ahí se dice Dios, bienes prometidos, ser liberados, la realidad del mundo y la causa de esa situación del mundo. Son como cinco gemas, son como cinco joyas. Pero aún más hermoso que ellas es la manera como el escrito las conecta.
Los bienes prometidos son ante todo los bienes que se anunciaron al pueblo de Dios, al pueblo de Israel. Y luego, cuando se dice que los hemos recibido, pues se indica, entre otras cosas, que estamos equipados para afrontar las dificultades de la hora presente. Oye, qué importante esto, porque hay mucha gente que no se siente equipada, no se siente con recursos suficientes para enfrentar las dificultades del mundo. Pero el apóstol Pedro nos dice que sí estamos equipados, que si nosotros abrimos nuestro corazón y nuestra atención a los bienes que hemos recibido. Ciertamente estamos equipados para que la corrupción del mundo no tenga poder en nosotros.
Y nos cuenta, además, cuál es la raíz de esa corrupción. Es la ambición. La ambición es el deseo de bienes. Pero ese deseo de bienes es el que ha sido sanado en nosotros, porque hemos recibido los grandes bienes, los bienes prometidos, esos bienes que se condensan en la persona del Hijo y en la persona del Espíritu Santo. Nosotros, que tenemos los verdaderos bienes, estamos libres de ese tipo de ambición y por eso podemos escapar de la corrupción del mundo presente.
Dime si no es bello, dime si no es precioso este modo de hablar. Pero se requiere un poquito de paciencia para ver cómo se conecta una cosa con la otra. Que Dios te guarde.

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