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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nuestra esperanza es sólida como el madero de la cruz y es tan brillante como la sangre derramada del Crucificado.
Homilía o083005a, predicada en 20180530, con 4 min. y 41 seg. 
Transcripción:
La primera lectura está tomada el día de hoy de la primera carta de Pedro en el capítulo primero. Podemos decir que esta primera carta de Pedro es como una preciosa meditación sobre la esperanza cristiana, y yo creo que nos cae muy bien, porque los tiempos que vivimos muchas veces ponen a prueba nuestra mirada hacia el futuro. Muchas personas, precisamente, sienten desesperanza, otros incluso desesperación. Estas realidades hirientes, dolorosas, sangrantes del corazón humano, no deben tocarnos a nosotros, si de verdad conocemos lo que es la esperanza cristiana. Algo muy bonito de nuestra esperanza es que tiene una base sólida en lo que Dios ya ha hecho. Yo creo que las comparaciones con otras realidades humanas son bien útiles aquí.
Pensemos, por ejemplo, en un papá que, con gran esfuerzo, está pagando el mejor colegio que puede para sus hijos, pero uno de ellos presenta muchas dificultades, es el menor. Este hombre, vamos a suponer que tuvo tres hijos, tal vez, digamos una mujer, un hombre y otro muchacho. Y resulta que el menor está teniendo muchos problemas, parece que no tiene método de estudio, no da buenos resultados. Pero este papá se acuerda que la hija mayor también tuvo en algún momento dificultades, especialmente con matemáticas. Y el segundo hijo también tuvo dificultades, no sabemos si es un problema del colegio, qué pasa, pero tanto la primera hija como el segundo hijo han tenido problemas con matemáticas.
Y ¿qué han hecho? ¿De qué manera la familia ha abordado esa situación? Pues la han abordado con clases particulares. Entonces, hay un cierto profesor que en un momento le dio buenas clases a la hija mayor y ésta salió adelante. Y ese mismo profesor, cuando hubo dificultades con el segundo hijo, pues también lo contrataron para unas clases particulares y ese segundo hijo también salió adelante. Entonces, esto que ya ha sucedido, esto que ya está demostrado, le da una razón, diríamos bastante sólida, a este papá para decir: Quizás ese mismo profesor puede ayudar también a mi hijo menor. Él no estaba apostando en el vacío, él no está imaginando o pensando con el deseo, él se basa en lo que ya ha sucedido.
Es lo mismo que sucede con la esperanza cristiana. Personas que han insultado gravemente al cristianismo, como el filósofo Federico Nietzsche, eran realmente expertos en la calumnia, expertos. Nietzsche, por ejemplo, juega mucho con la idea de que nosotros los cristianos, somos gente que vive resignada y cobarde y que recurre a la imaginación, a la fantasía, para tratar de hacer la vida un poco más llevadera, pero eso no es cierto. Y el texto de hoy en la primera lectura nos muestra que esa no es la manera como nosotros obramos. Fíjate cómo Pedro dice: Mira lo que ya sucedió. Mira esa sangre derramada en la Cruz. Mira ese amor hasta el extremo. Mira todo lo que Dios ya ha hecho por ti. Mira, mira todo eso, date cuenta de todo eso. Y tendrás certeza de una cosa, de verdad, de verdad Dios te ama. De verdad hará todo por ti. De verdad se ha pronunciado a favor tuyo.
Y cuando uno toma en serio la palabra de Dios, uno ve que nuestra esperanza, repito, no es una apuesta, así como en el vacío, como quien dice, no hubo más que hacer. No, nuestra esperanza es sólida y es tan sólida como el madero de la Cruz, y es tan brillante como la sangre derramada del Crucificado.

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