|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En la cruz Cristo hace su último esfuerzo por romper nuestra ceguera espiritual, para que dejemos atrás las tinieblas y podamos recibir la Buena Noticia de salvación.
Homilía o083004a, predicada en 20160525, con 6 min. y 9 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado hacia el final del capítulo décimo de San Marcos. Es tremendo el contraste que nos presenta el texto de hoy, es un contraste impresionante porque por un lado tenemos a Cristo hablando de lo que le va a suceder, su dolorosa Pasión, el despojo no solamente de su dignidad, sino incluso de sus ropas, de su vida. Es el desprendimiento total, ese es Cristo, así habla Cristo. Y mientras tanto, dos de sus discípulos más cercanos, dos hermanos entre sí, llamados Santiago y Juan, están hablando exactamente el lenguaje contrario. Mientras que Cristo sabe que en Jerusalén ha de entregar su vida y ha de ser despojado de todo, estos discípulos de él están pensando en Jerusalén como el lugar del triunfo y el lugar de hacerse dueños de todo, el zarpazo final.
Para Cristo, Jerusalén es la entrega total, para estos apóstoles, y seguramente no solo para ellos, sino también para el resto del grupo, Jerusalén es mucho más el zarpazo final, el momento de adueñarse del poder y de ganar todo lo que quieren, saciar su corazón con esos, con esos despojos, con ese triunfo. ¡Qué ruptura de lenguaje más dolorosa! Cristo hablando de caridad y de humildad. Y los otros hablando de codicia, el lenguaje de la codicia y del orgullo. Y lo que me llama la atención es que Cristo se esforzaba por hablarles con claridad. Los llamó aparte, nos dice el Evangelio de hoy, se los llevó aparte: Vengan, les voy a explicar lo que va a pasar es esto, esto y esto.
Y después de que les explica así, los otros siguen pensando: Ah, entonces ya viene el triunfo, ya viene el zarpazo final. El maestro tiene un lenguaje y los discípulos están oyendo otra cosa. Hay una ruptura, es decir, hay un Babel, no hay un mismo lenguaje. Y tuvo que haber sido terriblemente doloroso para nuestro Señor ver que, incluso en el círculo de sus discípulos más cercanos, los mismos que estuvieron en la transfiguración, los mismos que estuvieron en la resurrección de la hija de Jairo, los mismos que estuvieron en Getsemaní o que van a estar en Getsemaní. Esos, cercanísimos, son incapaces de entender el lenguaje. Es decir, lo que está viviendo Cristo en esta etapa de su servicio, de su ministerio, no es otra cosa sino una experiencia de ruptura del lenguaje, una experiencia de Babel.
Y yo creo que hay una lección muy profunda aquí, porque esto no es solamente Cristo, esto es, esto se llama los límites del lenguaje humano, son los límites del lenguaje, los límites de la capacidad de argumentación. Yo recuerdo la página web, algo que viene en Internet, la página web de un ateo, y él decía: Son tantos los casos en los que he visto que se aplican las leyes de la física y de la química, las leyes de la ciencia, que si yo viera un milagro con mis propios ojos, yo diría hay que seguir investigando porque esto no puede ser la excepción. Es decir, él está afirmando que ni siquiera creería a un milagro que él viera con sus ojos. Cuando una persona llega a ese grado de cerrazón, qué es lo que encontramos aquí en los discípulos, cuando una persona está así, completamente blindada y no quiere oír ninguna razón, entonces qué esperanza queda, y así hay muchas personas.
Hay personas que miran a la Iglesia como una institución que es corrupta, ha sido corrupta, será corrupta, si esa Iglesia es corrupción, si es corrupción es iglesia, Iglesia, corrupción y no quiero saber nada más. Y les puedes presentar el testimonio de la Madre Teresa y les puedes presentar el testimonio de tantos hombres y mujeres que se han dedicado completamente al servicio de los más pequeños, de los más pobres. Pero, la actitud de esta gente es la misma que la de ese científico: Aunque lo vea con mis ojos, una excepción no me va a sacar a mí de la regla que yo ya tengo metida en mi cabeza. Eso se llama ceguera, ceguera espiritual. Y por eso tenemos que pedir al Señor por nosotros mismos y por tantos otros que están o pueden estar en esta condición. Porque esa condición de ceguera significa la imposibilidad de recibir la Buena Noticia.
Será en la Cruz, sobre todo donde Cristo dé el último disparo, el disparo maravilloso de su amor, de su ternura y de su gracia, queriendo romper ese blindaje. Será en la Cruz donde Cristo haga su último esfuerzo, y estoy seguro que no es perdido, su último esfuerzo por romper esa muralla, para que nosotros podamos recibir la Buena Noticia de salvación, para que nosotros podamos dejar atrás nuestras tinieblas y asomarnos a su luz admirable.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|