Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nuestro amor se renueva cuando volvemos la mirada a la Sangre preciosa del Hijo de Dios, sacrificado en la Cruz por amor nuestro.

Homilía o083003a, predicada en 20120530, con 4 min. y 16 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

En esta octava semana del Tiempo Ordinario, vamos leyendo la primera carta del Apóstol San Pedro, es un documento menos conocido. Yo creo que cuando a uno le hablan de cartas de apóstoles, piensa inmediatamente en el apóstol San Pablo, porque hay unos 14 documentos, unos 14 libros del Nuevo Testamento que llevan el nombre de Pablo, las cartas a los Corintios, a los Gálatas, Tesalonicenses, Timoteo, Tito, todas estas, y aún más, son cartas del apóstol San Pablo. Pero hay dos cartas que llevan el nombre, o que han sido atribuidas al apóstol Pedro. Y esas dos cartas son preciosas para nosotros por distintos motivos. Por ejemplo, la segunda carta de Pedro va a hablar de los escritos de Pablo, colocándolos al mismo nivel de las demás Escrituras y esto es muy importante cuando se piensa en el valor que van a tener esos escritos dentro de la Iglesia. Pero por ahora estamos con la primera carta.

Se ha dicho que esta primera carta de Pedro es una especie de homilía bautismal, es decir, es un mensaje especialmente para aquellos que están empezando su vida cristiana. Qué bien nos llega entonces a nosotros, porque si hay algo que debe caracterizar a un buen discípulo de Jesús es esa certeza de que cada día es un nuevo comienzo. Así como el amor de Dios no envejece, sino que se renueva cada mañana, así también nuestra respuesta de amor hacia Él tiene que rejuvenecer, tiene que conservar su lozanía. Y eso solo es posible si nos reconocemos como gente que comienza, como renuevos dentro del brote, dentro del árbol de la Iglesia.

Piensa que eso eres tú, piensa que eso es lo que sucede en tu corazón. Piensa que cada vez que trazas, por ejemplo, la señal de la Cruz, estás renovando el amor de Dios en tu vida. Piensa que cada vez que comulgas, tu corazón ha de abrirse al amor divino, como el día de tu primera Comunión. Piensa que cada vez que te confiesas, tu arrepentimiento ha de ser como el de aquel que por primera vez se acerca a ese sacramento y que quiere vivir en verdadera paz, en verdadera reconciliación y santidad con Dios. Y, sobre todo, piensa que cada vez que abres tus labios para orar allí, en esa boca tuya, está actuando de manera nueva el amor que no envejece, el amor del Espíritu Santo.

Pero ¿cómo conservar esta novedad de vida? ¿Cómo renovar nuestro amor? Pedro nos da en la lectura de hoy, que es la primera lectura de la misa, nos da una clave muy sencilla, pero muy eficaz y muy profunda: Vuelve al precio que Dios ha pagado por ti. Vuelve al valor inmenso de su sangre preciosa. Mira qué dio Dios para que tú tuvieras vida, mira ese sacrificio, mira al Cordero Inmaculado, mira el valor de esa sangre y ahí comprende cuán valioso eres ante Dios, y ahí comprende cuán importante es que cada uno de tus días sea una respuesta a ese amor infinito del Padre. Renueva tu amor cada mañana, renuévalo en la sangre de Jesús.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM