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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Miedo y Extrañeza.

Homilía o083001a, predicada en 20020529, con 6 min. y 23 seg.

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Transcripción:

A veces tiene uno la idea de que vivir con Jesús o estar con Jesús era algo así como un paraíso permanente, qué más quisiera uno que un hombre que puede multiplicar panes, puede curar las enfermedades, puede resucitar a los muertos, puede expulsar a los demonios. Qué puede haber más maravilloso que estar con aquel que aleja los males y que atrae los bienes. Uno piensa, realmente uno piensa en el corazón que, vivir con Jesús tenía que haber sido una experiencia muy dulce y muy hermosa. Eso es así, pero esa no es toda la verdad.

Hoy, particularmente me llama la atención esa introducción que hace el evangelista Marcos, dice: «Jesús se les adelantaba, los discípulos se extrañaban y los que seguían iban asustados». Son dos verbos muy particulares. Los que estaban con él estaban extrañados, sorprendidos, y los que iban detrás estaban asustados. ¿Cuál es el contexto de este pasaje? Van a Jerusalén, nos dice Marcos. Y ciertamente no de turismo, iban subiendo camino de Jerusalén. Esta es la gran peregrinación de Cristo hacia la ciudad santa, una peregrinación que tendrá desenlace, ni más ni menos que en la Pasión del Señor, en su muerte dolorosa, en la hora de la Cruz. Y, sin embargo, es Él, anota el evangelista, el que va delante, es Él el que va marcando el ritmo, y los que están con Él sienten extrañeza, y los que van detrás de Él sienten miedo. Pues yo le doy gracias al Espíritu Santo de que haya dejado esos verbos, extrañeza, estaban extrañados y miedo, estaban asustados.

Porque cuando nosotros nos imaginamos que estar con Jesús es solo alegría, solo dulzura, problemas resueltos y bienes incontables, nos hacemos una imagen que luego no concuerda con lo que nos ofrece la vida cristiana la vida de a pie, la vida de cada día, eso es lo que vamos a encontrando luego en la realidad. Nuestra vida está marcada por la extrañeza también, y está marcada también por el miedo, por el temor. Jesucristo, según escuchábamos en el día de ayer, Jesucristo les ha hablado del desprendimiento, les había dicho, el día de ayer: «Os aseguro que quien deje casa, hermanos y hermanas, recibirá cien veces más en esta tierra y en la edad futura, vida eterna, pero dice, con persecuciones». Y en el mismo pasaje que hemos escuchado hoy, nuestro Señor Jesucristo declara el misterio de la Pasión: «Tomó aparte a los doce y les dijo: Estamos subiendo y el Hijo del Hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes, lo condenarán a muerte» y todo lo demás.

De modo que en la vida cristiana hay extrañeza, el misterio de Jesús nos sobrepasa. No tengamos miedo de admitirlo, mis hermanos, el sacrificio de Cristo, el ritmo de Cristo nos sobrepasa, el caminar de Cristo nos abruma. Jesús va delante y nosotros vamos con él o detrás de Él. Y los que están con él sienten extrañeza, no terminan de entender, y los que van detrás sienten temor, se sienten sobrepasados. Jesús va delante de nosotros y esto nos sobrepasa, esto nos envuelve, esto nos subyuga también, esto nos seduce también. Hay diferencia entre sentirse sorprendido, extrañado y sentirse temeroso, el que ve solo de lejos a Jesús tiene miedo, el que está con Jesús, seguramente más que ese miedo, tiene extrañeza. La extrañeza es distinta del miedo, la extrañeza da la posibilidad de la fascinación, no lo entiendo, pero me enamora.

El que va siguiendo a Jesús, pero de lejos, el que está detrás de Jesús, pero de lejos, seguramente siente solamente miedo. En cambio, el que está con Jesús, pues sentirá extrañeza, pero esa extrañeza también la fascinación, y por qué no, el amor. No pensemos, pues, que es trivial, que es sencilla la vida cristiana, como dice un hermoso himno de la liturgia de las horas: Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y desfallece. No pensemos que es sencillo, no califiquemos de trivial, de fácil, de elemental la vida cristiana. No, no es un paraíso de flores y perfumes, pero si estamos cerca de Jesús, aunque nunca terminaremos de atraparlo con nuestras razones, aunque nunca podamos envolverlo con nuestros criterios, más que temor, sentiremos sorpresa, admiración, fascinación. Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir. Y detrás de eso, amor, que si Él está con nosotros, nosotros también podremos seguir su camino hasta la Pasión, hasta la Cruz, pero también hasta la Resurrección. Amén.

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