Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El que trae el reinado de Cristo evangelizando acaba con el reinado de los demonios y los ídolos y es por ello que nos persiguen; sin embargo, donde Cristo reina hay abundancia y no hay espacio para la envidia.

Homilía o082008a, predicada en 20220301, con 6 min. y 24 seg.

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Transcripción:

Según escuchamos en el Evangelio de hoy, Pedro le preguntó a Cristo. ¿Nosotros qué vamos a recibir? No era la pregunta más espiritual del mundo. Pedro se da cuenta que aquello de seguir a Cristo trae una gran inversión. Es decir, hay que meterle tiempo, hay que meterle ganas, hay que meterle esfuerzo, cuesta. Y entonces Pedro pregunta ¿qué nos va a tocar a nosotros? Es decir, todo este esfuerzo, ¿para qué?

Lo primero que nos llama la atención es la actitud serena y compasiva de Cristo ante la pregunta de Pedro. Claramente, Pedro habla como una persona interesada. Pero, Cristo recibe la pregunta de Pedro. Y lo primero que nosotros nos podemos preguntar es por qué Cristo acoge este interrogante que tiene el primero entre los apóstoles, es decir, Pedro. Pues efectivamente, piénsalo bien y verás que tiene sentido. No se trata, la vida cristiana no se trata de desperdiciar ni desperdiciar tu tiempo, ni tus talentos, ni tus esfuerzos. Efectivamente, si nosotros estuviéramos simplemente desperdiciando, ¿qué es desperdiciar? es entregar a cambio de no recibir nada, entonces, como la vida cristiana no es desperdicio. La pregunta de Pedro tiene sentido.

Aclarado eso, vamos con la respuesta que da el Señor. La parte de que recibiréis vida eterna. La dejamos fuera de discusión. Yo creo que está perfectamente claro quién es Cristo, lo que puede Cristo, y por eso esa parte está fuera de discusión, pero hay dos cosas que nos llaman la atención.

Primero, ¿por qué dice Él que vamos a recibir cien veces más si lo dejamos todo por Cristo? Y segundo, ¿por qué las persecuciones? Empecemos por resolver el caso de las persecuciones. ¿Por qué va a haber persecución contra aquellos que lo dejan todo por Cristo? ¿Por qué? pues, es que el mensaje cristiano es inseparable de Cristo, como dice bellamente nuestro Papa emérito Benedicto, en Cristo el mensaje y el mensajero se identifican hasta el punto que lo que nosotros decimos sobre Cristo, pues al mismo tiempo trae la presencia de Cristo.

Y también hay otra frase que me gusta mucho, que la he comentado otras veces. El que reparte Evangelio al final se vuelve Evangelio. Cristo repartió la Buena noticia y Él se volvió Buena noticia. Y de alguna manera nosotros. Si somos de Cristo y repartimos Evangelio, nos volvemos Evangelio. Y eso explica porque las persecuciones.

Efectivamente, el Evangelio es una gran noticia, es una maravillosa noticia. Pero el Evangelio entraña la caída, la estrepitosa caída de los ídolos. Es lo que no le gusta al mundo y por eso nos persigue. Por eso, porque el que predica el Evangelio, el que lleva la presencia de Cristo, el que trae el reinado de Cristo, acaba con el reinado de los demonios y de los ídolos. Y eso no gusta, porque eso daña muchos negocios que están bien montados y ahí entendemos la parte de las persecuciones.

Nos hace falta la parte aquella de recibir el ciento por uno. Y esa parte también se entiende. Y se entiende sobre todo por esto, porque la razón por la que muchas cosas no prosperan es por la rapacidad, codicia y egoísmo. A mí no se me olvida una experiencia, es decir, un relato que escuché en una experiencia misionera. Esto fue en el norte de Colombia, en un pueblo de la costa Atlántica. Había una grande y floreciente empresa que llegó a tener cientos de empleados. Pero resulta que en esa empresa el sindicato se fue llenando de codicia. Pero es que también los dueños de la empresa, las directivas de la empresa, también eran, pues gente de codicia. A ver ¿cómo logramos sacar el máximo de nuestros trabajadores? ¿cómo podemos exprimirlos otro poquito? ¡que suelten, que suelten!.

Entonces la empresa se volvió una pugna entre unos empresarios que querían hacerse ricos a costa muchas veces de maltratar al obrero y un sindicato que no podía ceder, sino que cada vez se llenaba más de codicia y que rechazó incluso ofertas muy, muy positivas, ofertas realmente buenas de justicia. Entonces, entre la codicia de uno y las ambiciones de otro, al final se reventó la empresa.

El egoísmo revienta las buenas obras. Allí donde Cristo empieza a reinar, entonces lo mío no tiene por qué reñir con lo tuyo. O sea, mis talentos no tienen por qué reñir con los tuyos, porque no hay espacio para la envidia y entonces podemos sumar. Es más, podemos multiplicar y por eso hay una abundancia que es propia del lugar donde Cristo reina. Donde Cristo reina lo tuyo se suma y se multiplica con lo mío, lo mío se multiplica y se suma con lo tuyo. Y así entendemos por qué para gloria de Dios, allí donde Cristo va reinando, se recibe, se alcanza el ciento por uno.

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