Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La vida del discípulo: renuncias y abundancia; persecución y gloria eterna.

Homilía o082004a, predicada en 20140304, con 5 min. y 5 seg.

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Transcripción:

Aunque se trata de un pasaje relativamente breve, el Evangelio de hoy nos enseña por lo menos cuatro cosas. Si hay renuncias, si hay abundancia de bienes, si hay persecuciones y si hay vida eterna. Todo empieza con una pregunta que hace el apóstol Pedro. Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. La pregunta de Pedro es ¿qué va a pasar? Es decir, ¿qué vamos a recibir? Esa pregunta de Pedro brota de la conciencia que él tiene, de que está invirtiendo bastante en el Evangelio. Es decir, le está costando, lo hemos dejado todo.

Si hay renuncias. Presentar la vida cristiana como un camino en el que no hay renuncias, me parece que termina produciendo frustración y decepción. Porque aunque lo que Dios va a dar, y ese es el segundo punto, es mucho mejor. La persona experimenta renuncias. El que tiene, por ejemplo, unos amigos viciosos perniciosos que le están invitando a divertirse, a derrochar el dinero y a entrar por los caminos del pecado. Esa persona para decirle, no a esa propuesta, ciertamente experimenta una renuncia, ciertamente experimenta que le cuesta trabajo. Y esa renuncia no hay que negarla porque es algo que experimentamos, es algo que vivimos Decirle no a la tentación cuesta. Lo que vamos a ganar cuando vencemos la tentación. Lo que vamos a ganar cuando vencemos el espíritu de este mundo es mucho más. Pero en el momento de decir no, lo que uno experimenta es una renuncia. Luego dice Jesús recibirá cien veces más.

Luego, si hay una abundancia de bienes. Y eso es lo que sucede precisamente cuando se vence la tentación. Por ejemplo, la persona que evita los caminos fáciles del pecado, aunque en cada una de esas renuncias haya tenido que poner algo de esfuerzo. Luego se da cuenta que la salud de su alma, la salud emocional de su familia, la paz de su conciencia, son un tesoro tan grande que esos esfuerzos han dado un fruto muy abundante y ahí es donde viene la idea de cien veces más. Tuve que esforzarme, pero mi esfuerzo ha dado un fruto magnífico. Nos muestra también Jesucristo que esa abundancia va acompañada, sin embargo, de persecuciones. Porque en la medida en que nosotros derrotamos el mal que pretende adueñarse de nuestras vidas. Esa es la tentación. En la medida en que estamos disminuyendo el imperio del mal, pues va a haber una retaliación, va a haber una venganza. El mal quiere adueñarse de nosotros. El pecado establece redes de complicidad y ese pecado produce un lucro muy grande, produce una ganancia muy grande.

Todos los grandes negocios sucios mueven cantidades colosales gigantescas de dinero. Pensemos en el tema de los anticonceptivos artificiales. Esos anticonceptivos son un negocio de miles y miles de millones de dólares. Si la gente empieza a obedecer, la enseñanza de la Iglesia sobre los anticonceptivos, ese negocio se daña y viene una venganza, viene una persecución. Eso nos lo advierte Cristo. Y esa persecución, pues, eventualmente lleva incluso al martirio a algunos. Con martirio o sin martirio, sin embargo, hay una certeza que debemos tener, hay una promesa de vida eterna. Hay una plenitud más allá de las garras, de los tentáculos del mal. Y a esa plenitud, a esa gloria del cielo, también somos invitados si somos fieles a Cristo.

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