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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Catequesis sobre por qué leemos lo que leemos en esta semana del Tiempo Ordinario.
Homilía o082003a, predicada en 20120529, con 4 min. y 52 seg. 
Transcripción:
Como quien llega de un tiempo delicioso de vacaciones. Así también nosotros regresamos al tiempo llamado ordinario, es decir, ese tiempo litúrgico durante el año. Ya sabemos bien que hay cuatro tiempos litúrgicos fuertes: Adviento y Navidad. Por una parte, que miran al misterio de la entrada de Cristo en esta tierra y Cuaresma y Pascua, por otra parte, que miran al misterio de su salida de esta tierra a través del sufrimiento en la cruz, pero sobre todo a través de esa superación de toda la historia humana en el misterio sublime de la Resurrección. Entonces Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua son los tiempos litúrgicos fuertes. Pero las demás semanas del año, que suman unas treinta y tres o treinta y cuatro son las semanas del llamado tiempo ordinario. Y como hemos terminado hace un par de días, el tiempo pascual que culminó con la celebración de Pentecostés. Entonces, pues, lo que sigue ahora, lo que viene para nosotros es volver hasta cierto punto a ese camino más humilde pero no menos importante, del tiempo ordinario. Y este tiempo ordinario, pues, es la ocasión de contemplar de un modo ordenado el misterio de Cristo y de escuchar de un modo ordenado la enseñanza de Cristo. Es decir, que ordinario está relacionado aquí con orden. El orden que se lleva para alimentarnos de la mejor manera y para dejar que nos ilumine de la mejor manera la Palabra de Cristo y el ejemplo de Cristo. ¿Qué estamos recibiendo en este momento y en dónde nos encontramos en el tiempo ordinario? Como sabemos, entre el final del tiempo de Navidad y el comienzo de la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza, hay un número de semanas que también son parte de este tiempo ordinario. En este caso, esas semanas fueron siete. La última quedó un poco incompleta, pero son siete semanas. Quiere decir que nos encontramos ahora en la semana número ocho. Estamos en la octava semana del Tiempo Ordinario. Por otro lado, podemos recordar también que la iglesia tiene sistemas o ciclos distintos de lecturas cuando se trata de las misas de entre semana. Lo que se suele llamar las ferias, se llama ferias, a cada uno de esos días de entre semana. Y otra cosa son las lecturas de los domingos para los domingos. La iglesia sigue una secuencia que va de a tres ciclo A, luego B y luego C. En cambio, para las lecturas de entre semana, la Iglesia tiene un sistema mucho más sencillo. Los evangelios de entre semana, las lecturas del evangelio entre semana se van repitiendo de un modo ordenado cada año, mientras que la primera lectura y el salmo tienen un ciclo que es de dos años, es decir, lo que sirve de primera lectura en este año, en la semana octava, pues no va a corresponder a lo del año entrante, sino dentro de dos años, en la semana octava se volverá a escuchar lo mismo. Es decir, en los años pares se escucha la primera lectura según un cierto orden y en los años impares la primera lectura lleva otro orden. En este caso, en esta semana octava, la primera lectura va tomada de la primera carta del apóstol San Pedro, que la vamos a ir escuchando poco a poco. Si tú quieres ponerte al día, pues ya sabes, abre tu Biblia y busca la primera carta de Pedro. Mientras tanto, los evangelios que empezaron allá al principio del tiempo ordinario van siguiendo la secuencia de San Marcos. Nos encontramos en este momento en el Capítulo Décimo de San Marcos. Luego de que terminemos Marcos, seguiremos con Mateo y luego con Lucas. Esa es un poco la estructura. Eso es un poco ubicarnos para mejor, amar nuestra liturgia y mejor amar la palabra y mejor amar la Iglesia. Amén.

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