Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Al tomar decisiones ¿realmente te preguntas si es lo que quiere el Señor, si le agrada a Él o si solo las tomas para presumir? Para salir de estos errores debemos pedir sabiduría y humildad,y buscar la voluntad de Dios.

Homilía o073006a, predicada en 20240522, con 7 min. y 8 seg.

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Transcripción:

Yo no sé mucho de administración de empresas, pero hay algo que tengo perfectamente claro. Cuando una empresa tiene que hacer una inversión fuerte, realmente fuerte, ese proyecto de inversión tiene que pasar por muchos filtros. Por ejemplo, se dice: Bueno, vamos a seguir tal línea, vamos a abrir una nueva producción con este producto, con esta campaña y eso va a costar no sé cuántos millones de dólares. Pues espérate, eso tiene que pasar por varios filtros.

Por ejemplo, lo más elemental, tendrá que pasar por presupuesto. ¿Cuánto va a costar eso, en cuánto tiempo esperamos el retorno de esa inversión, qué ganancias van a seguir de ahí? Todo eso pues realmente le interesa a la empresa, pero no es solamente eso, seguramente hay un filtro técnico. Vamos a ofrecer este producto. Espérate, ya el departamento de calidad ya revisó ese producto para ver si realmente va a satisfacer las expectativas, y seguramente tienen que hablar también con logística, con marketing, todos esos son filtros.

Lo mismo sucede cuando una persona va a tomar una decisión muy seria. Pensemos, por ejemplo, en un joven que está pensando casarse. Esa decisión, que es supremamente importante, tiene que pasar por unos cuantos filtros. Son filtros, tal vez un poco informales, quizás la misma persona no se da cuenta. Pero, por ejemplo, la persona puede tener el filtro de la opinión de su padre, de su madre, de su mejor amigo. Si es una persona creyente y practicante, seguramente hablará con un buen sacerdote y le preguntará: Padre, ¿usted qué opina de esto? Estoy en este proyecto, pienso esto.

No es que él va a hacer exactamente lo que le diga la mamá, le diga el amigo o le diga el sacerdote. Pero de alguna manera, cada una de esas conversaciones es como una especie de filtro. Y si él ve que esta decisión que quiere tomar pasa bien por esos filtros, porque el papá, por ejemplo, le dice: Mira, me parece que ya estás en la edad, creo que es una buena muchacha. Me parece que claro, habrá luchas, pero creo que les puede ir muy bien a ustedes. Y así con los demás, si pasa esos filtros, entonces seguramente la decisión se va a tomar en esa dirección.

Esto de los filtros es importante porque es que vivimos en una época, en que creo que quieren que obremos de una manera impulsiva. Hay un modelo, hay un cierto modelo de mercadeo que se apoya precisamente en el impulso y el internet ha favorecido mucho eso. Es decir, que tú dices, lo quiero, click o tap o lo que sea. Click, tap, ya, ya, ya lo quiero y ya lo tengo, eso es obrar impulsivamente. Y así muchas personas empiezan a gastar muy por encima de sus auténticas posibilidades. ¿Por qué estoy comentando todo esto?

Porque es que la primera lectura de hoy nos habla del filtro de filtros, el más importante de todos los filtros y lamentablemente, el filtro más descuidado de todos. Sabes cuál es, ¿no? La voluntad de Dios. Realmente nos preguntamos, nos preguntamos a fondo: Señor, ¿esto es lo que tú quieres, esto es lo que tú quieres, esto te agrada, esta amistad te agrada, este noviazgo te agrada, este trabajo te agrada, esta manera mía de descansar o entretenerme te agrada? Entonces, ahí cometemos un error muy grande y es que el filtro más importante de todos lo estamos omitiendo, no lo tomamos en cuenta.

Eso trae un gran daño y las consecuencias están a la vista. Entonces, esa es una primera enseñanza. Pero es que nosotros todavía, nosotros, digo, la mayor parte de los seres humanos cometemos todavía otro error que se suma al anterior, y es que no solo no le preguntamos a Dios, sino que tomamos las decisiones con gran jactancia. Y dice el texto de hoy en una de las traducciones: Esa jactancia no puede traer nada bueno. Esa jactancia, ese presumir: Es que yo soy muy inteligente. Es que si me fue bien en esta ciudad y en esta y en esta otra, ahora voy a abrir aquí y me tiene que ir bien.

Y muchos de los mensajes que recibimos en redes sociales alimentan esa jactancia. Cuántas veces me he encontrado en mi propio Instagram, gente que da consejos, consejos, no pedidos, consejos informales. Y entonces dicen, por ejemplo, lucha por tus sueños, no te detengas, jamás te rindas. A ver, si estás haciendo algo bueno, si estás haciendo lo correcto, estoy de acuerdo en que es maravilloso que no te rindas. Por ejemplo, si estás luchando por defender la vida humana, no te rindas. Pero ¿y si estás haciendo algo malo, y si estás empeñado en hacer algo malo?

Entonces, no solo te pido que te rindas, te pido que te rindas, te retractes, des vuelta atrás, dejes ese camino torcido y vuelvas a donde tienes que estar. Entonces, nuestras redes sociales hoy y la mentalidad actual, es una mentalidad que nos empuja a que, si yo me metí por aquí, este es mi camino, esta es mi elección, esto es lo que yo quiero, punto, nadie tiene derecho a decirme nada. Eso es jactancia. Entonces, hay dos errores que hay que corregir. Primero, que no le preguntamos a Dios, no le preguntamos. Y segundo, gravísimo, gravísimo, que no solo no le preguntamos a Dios, sino que nos llenamos de vanidad y jactancia.

Pues mis hermanos, a salir de esos errores, a empezar a llevar un camino de mayor humildad, de mayor sabiduría, un camino en la voluntad del Señor. Ese es el camino que nos corresponde, ese es el camino nuestro. Y que la gloria sea para Él, porque nos ha amado con un amor que ni siquiera se puede poner en palabras.

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