Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La carne no conoce otro modo de proceder sino pagar con la misma moneda y limitarse a lo que considera favorable; ¡el Evangelio es mucho más!

Homilía o073003a, predicada en 20140226, con 18 min. y 43 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy, queridos hermanos, nos invita a pensar en el bien mayor. Uno descubre con relativa facilidad lo que es bueno o lo que es malo para uno. Usualmente, ese discernimiento se hace a través del gusto, lo que me gusta, lo que no me gusta, la persona que me cae bien, la persona que me cae mal y la persona que me cae muy mal. Uno utiliza con mucha frecuencia el gusto como criterio y por eso uno cree que sabe qué es lo que le sirve y qué es lo que no le sirve.

Uno tiende a agruparse con las personas que le caen bien y a las que uno cae bien y uno tiende a apartarse de las personas que le caen mal o a las que uno sabe que le cae mal. Esta manera de razonar, aunque no siempre hay razonamiento, por eso debo decir mejor, esta manera de obrar es lo que la Biblia llama mentalidad carnal. La mentalidad carnal consiste en dejarse llevar por ese tipo de criterio: quién está conmigo, quién está contra mí, con quién me gusta estar, con quién me da pereza estar. Cuando uno obra de esa manera, uno está siguiendo una mentalidad carnal.

La mentalidad carnal es la propia de los animalitos. Si un animal se siente amenazado, maltratado, no vuelve. Si un animal se siente mimado, protegido, alimentado, vuelve. O sea que nuestra mentalidad carnal pertenece a ese anchísimo puente que nos vincula con toda la naturaleza y especialmente con los animales, podemos decir que tiene que ver mucho con nuestra parte animal. Así como nosotros necesitamos comer, beber, descansar, al igual que los animales y, en ese sentido, compartimos las realidades de la subsistencia con los animales, así también con los animales compartimos esa mentalidad carnal.

Cuando una persona se deja guiar únicamente por esos criterios, repito, de quien me cae bien, quién me gusta, quién no me gusta, realmente está obrando de una manera carnal, de una manera que está en profunda continuidad con la conducta de los animales. La mentalidad carnal tiene varios problemas, se nota muy bien en el caso de un niño pequeño al cual hay que llevar al odontólogo. Los niños tienen, en general, una capacidad de razonamiento muy baja en razón de su edad. Por eso en los niños se nota mucho la mentalidad carnal. Es decir, el niño solo quiere estar en lo que le gusta, solo quiere comer lo que le gusta y quiere apartarse de todo lo que no le gusta.

Entonces, la mamita lleva al niño al odontólogo y el odontólogo es un monstruo de bata blanca que tiene un animal espantoso que produce un ruido penetrante y asustador. Ese ruido lo llaman la fresa, y ese ruido produce un dolor intenso, incomprensible. Entonces, el niño siente que lo están llevando a una sala de torturas y que ahí lo van a sujetar y va a quedar incapaz de defenderse mientras el torturador o torturadora le pone ese animal que produce un ruido penetrante, un chillido de guerra que ataca a los pobres dientes del niño inocente e indefenso, así es como el niño suele ver al odontólogo.

Pero la mamá intenta de muchas maneras persuadir al niño a que vaya más allá de la mentalidad carnal, no te quedes simplemente en que te gusta o no te gusta esto. Cuesta muchísimo trabajo entenderle, hacerle entender al niño por qué tiene que ir, él no entiende por qué, pero los papás y las mamás hacen lo que pueden tratando de lograr que el niño supere la mentalidad carnal. Y en ese ejemplo se nota uno de los grandes defectos que tiene la mentalidad carnal, si mi criterio va a ser el gusto, entonces me voy a perder de una gran cantidad de cosas que requieren esfuerzo, porque las cosas que requieren esfuerzo no son inmediatamente agradables, después van a ser agradables.

Después de años de ser cuidado por el odontólogo y de que el odontólogo le hace limpieza y el odontólogo controla el problema de caries y el odontólogo ha trabajado en la boca del niño, después de años y años, ese niño tiene una excelente salud dental y un día dice: Gracias a mis papás tengo la buena dentadura que tengo. Pero tuvieron que pasar muchos años, años de esfuerzo, años de dolor para muchos niños, años de lágrimas: ¿Por qué, por qué me llevas otra vez donde ese monstruo y su bestia torturadora que tiene un grito de guerra? La mentalidad carnal entonces, nos vuelve miopes y nos vuelve cobardes frente al esfuerzo.

Esto sucede también en otros ejemplos ya con personas adultas. Una persona que tiene una mentalidad carnal no hace ningún esfuerzo por vencer las dificultades que entrañan las relaciones interpersonales con frecuencia. Y sucede que los seres humanos, cuando son tímidos o cuando somos tímidos según se mire, cuando una persona es tímida, fácilmente pasa por arrogante, pasa por antipática, pasa por soberbia. Si yo tengo aquí una persona tímida y al lado de la persona tímida hay otra persona con mentalidad carnal.

El de la mentalidad carnal va a razonar de esta manera: ¿Yo por qué tengo que meterme con ese arrogante, por qué tengo que meterme con ese antipático que me cae gordo? Y, por consiguiente, no va a hacer el esfuerzo de descubrir el tesoro de persona que es ese que simplemente es tímido, no es arrogante, simplemente eso es lo que está sufriendo. Entonces, fíjate cómo la mentalidad carnal nos vuelve inmediatistas, nos vuelve miopes y nos vuelve incapaces de esfuerzo, es un grave problema que tiene la mentalidad carnal.

Otro problema que tiene la mentalidad carnal es que cuando a uno le gusta estar únicamente con las personas que lo aceptan y las personas que le caen bien y las personas a las que uno le cae bien, cuando uno está en esa actitud, entonces muy fácilmente uno empieza a crear divisiones dentro de los grupos o comunidades. Esto se ve muy claramente en el famoso texto del capítulo quinto de la Carta a los Gálatas. El apóstol San Pablo al final de la carta a los Gálatas, en el capítulo quinto, presenta los frutos de la carne, es decir, los frutos de la mentalidad carnal. Y uno de los frutos es partidismos, divisiones, cismas.

¿Por qué sucede eso? Porque si yo quiero estar únicamente con mis amiguitos, si yo quiero estar únicamente con los que me caen bien, habrá otros que quieren estar con otros que se caen bien entre sí. Y entonces, yo estoy con los que a mí me gustan y los otros están con los que a ellos les gustan. Y obviamente yo voy a querer que el poder esté del lado mío. Entonces, cuando la mentalidad carnal se impone, por ejemplo, en una comunidad religiosa, es un desastre, porque de inmediato se van a producir divisiones, grupitos. Uy, de eso hemos hablado mucho en este país y no solo en comunidades religiosas.

Una palabra que se utiliza muchísimo para expresar esta realidad que estoy empezando a describir es la palabra rosca. Entonces empieza a ver la rosca y claro, cuando el señor alcalde llega al poder, con él llegan los de su rosca y luego llegó el presidente con los de su rosca y luego llegó el gobernador con los de rosca y el párroco con los de su rosca y todos resultamos enroscados. Y cuando cada uno tiene su rosca, entonces ya no interesa cuál es el bien o cuál es lo bueno o qué es lo mejor para el país, qué es lo mejor para el departamento, qué es lo mejor para el municipio.

Si yo estoy con los de mi rosca, lo único que me interesa es que los de mi rosca queden en el poder, porque yo no le voy a dar tajada a los que no son de mi rosca. Entonces, yo voy a nombrar en la Secretaría de Salud al que es de mi rosca, pero es una persona ineficiente, es una persona perezosa, es un inepto. Pero ahí lo tengo nombrado. ¿Por qué? Porque es de mi rosca. Entonces, fíjate el daño que causa la mentalidad carnal. La mentalidad carnal pone el bien particular por encima del bien común. Y cuando se pone por encima el bien particular, vienen las divisiones.

Yo puedo saber que el mejor secretario de Salud sería el doctor Aristóbulo Garcilaso, pero como ese no es de mi rosca no lo puedo nombrar a él porque tengo que pagar a los de mi rosca el apoyo que me han dado. Entonces, fíjate el daño tan terrible que se causa. Llevamos dos problemas de la mentalidad carnal. Primero, que nos vuelve miopes y únicamente estamos pensando en lo que nos conviene a corto plazo y por eso dejamos de realizar el esfuerzo que daría un fruto mayor a largo plazo. El segundo problema de la mentalidad carnal es que crea roscas y la gente, desde pequeña, se acostumbra a eso.

Uno va a los colegios y se encuentra, sean de hombres, de mujeres o mixtos, uno se encuentra ese fenómeno a veces muy pronunciado. Y por supuesto, cuando se da el fenómeno de las roscas se da el fenómeno de la exclusión y entonces ya hay traumas y daños psicológicos. ¿Qué pasa, por ejemplo, cuando llega una niña nueva a un colegio? Vamos a suponer un colegio de niñas. Llega una niña nueva, tímida, medio asustada, y resulta que ya, en ese salón de clases ya están organizadas las roscas, ya cada uno tiene lo suyo.

Y entonces, nadie termina de recibir a la que acaba de llegar, porque lo único que les interesa es: ¿Vas a apoyar nuestro grupito, nuestra pandilla, vas a apoyar nuestra banda o no? Si no nos vas a apoyar, no nos interesa que tú estés, entonces esa niña puede sentirse excluida. Se presentan fenómenos de matoneo, se presentan fenómenos de agresividad, se presentan gravísimos fenómenos de daño psicológico por exclusión. Y la exclusión es el tercer problema de la mentalidad carnal. Cuando una persona no me sirve más, cuando una persona ya no me cae bien, cuando una persona me falló, aunque sea una sola vez, ya esa persona queda tachada, excluida de para siempre.

La gente a veces critica la crueldad, la dureza de la Iglesia, pero la mentalidad carnal es muchísimo peor que eso. La gente habla de la dureza de la excomunión. Pero ¿a cuántas personas has excomulgado tú? No ve que la gente excomulga y eso pasa en todas partes. La fórmula de excomunión, por ejemplo, en un colegio de niñas es: No te hablo. No te hablo quiere decir, estás excomulgada. Ya bien, puedes morirte, procura morirte y púdrete lejos para que no apestes. Ya excomulgada, te acabaste, moriste, estás fuera de combate.

Entonces, fíjate tres problemas muy graves que tiene la mentalidad carnal: nos vuelve miopes, inmediatistas y cobardes, ese es el primero. Segundo, crea una mentalidad cismática, con partidos, con roscas, con divisiones y con injusticias. Tercero, produce daño psicológico, produce exclusión y, en casos extremos, produce la muerte. Una de las razones de la muerte de Cristo fue la mentalidad carnal, las peores persecuciones de las autoridades judías contra San Pablo vinieron de la mentalidad carnal.

En el Evangelio de hoy, del capítulo noveno de San Marcos, Jesús muestra cómo hay que superar la mentalidad carnal pensando en el bien mayor. Aquí Juan el evangelista, Juan el apóstol hace gala de mentalidad carnal: Hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, pero no es de la rosca. Como no es de la rosca, lo queremos neutralizar, pura mentalidad carnal. He aquí la respuesta de Cristo: No le impidan, no le impidan que expulse demonios en mi nombre. Uno que hace milagros en mi nombre, no puede luego hablar mal de mí.

Lo que les está diciendo Cristo es: concéntrese en el bien mayor, lo importante es que Satanás está siendo derrotado, lo importante es que el nombre del Mesías está quedando grabado en los corazones. Concéntrense en el bien mayor, bien mayor. A ver, repetid: Bien mayor, mayor, más grande, concéntrese. Si eso llegara a la política, por ejemplo, entonces un alcalde, un gobernador, un presidente tendría que pensar en eso. Aquí de lo que se trata es de sacar adelante este municipio, aquí no se trata de estarle dando gusto a tal o a cual persona o pagando favores. Concéntrense en el bien mayor.

Si este mensaje llega a un monasterio de clausura, es posible que llegue. Entonces, las monjas tienen que concentrarse en el bien mayor. ¿Qué es lo mejor que se puede hacer, cómo se puede buscar el bien mayor para esta comunidad, independientemente de gustos y disgustos? Porque siempre habrá gente que le cae bien a uno y siempre habrá gente que le cae mal a uno y unos cuantos que le caen muy mal. Jesús en el Evangelio de hoy nos llama a superar la mentalidad carnal y a buscar el bien mayor. Su llamado y su palabra son justos, pero solo podremos cumplirlos si Él mismo reina en nosotros.

Ahora entendemos quizás mejor algo que dijo Cristo, capítulo sexto de San Juan: «El Espíritu es el que da vida. La carne no sirve para nada». Ahí, carne significa la mentalidad carnal. La mentalidad carnal es un desastre, la mentalidad carnal acaba familias, acaba pueblos, acaba países, acaba imperios, acaba monasterios. La carne no sirve para nada, necesitamos renovarnos en el Espíritu de Cristo para dar los pasos a una verdadera vida cristiana.

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