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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La soberbia es el principal obstáculo que nos impide recibir los regalos de Dios.
Homilía o073001a, predicada en 20020522, con 6 min. y 31 seg. 
Transcripción:
Creo que la palabra fundamental de este texto es lo que ahí se traduce por jactancia. Es una mezcla de autosuficiencia, vanidad, soberbia, es la persona que, como decimos en Colombia, se siente sobrada. Y lo grave de la jactancia es que nos hace impermeables para descubrir la grandeza, para descubrir la bondad, para descubrir la ternura y la misericordia de Dios. Por eso, el salmo que toma esa frase del Evangelio, por lo menos en este leccionario: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos». Verdaderamente dichosos los pobres, porque serán los que están abiertos a recibir el regalo de Dios.
El que se siente sobrado, el que se siente suficiente, el autosuficiente se pierde del regalo. Lo que está diciendo el apóstol Santiago aquí, no es simplemente por regañar, de esto ya comentábamos antes. No se trata simplemente de un regaño, lo grave de tu jactancia es que no te deja recibir el regalo que Dios te manda. Lo grave de la jactancia es que cierra la puerta y Dios no puede llegar, es perderse el don de Dios. A nadie podemos considerar más desventurado nadie tan desgraciado como el que se cierra a la gracia y eso es lo que trae la soberbia al corazón humano, la imposibilidad de entender el lenguaje a Dios.
El apóstol utiliza dos recursos muy comunes en la literatura sapiencial para agrietar, para desmoronar nuestra jactancia. Y esos dos argumentos son la fragilidad de la vida y la pequeñez de la vida. Son dos meditaciones muy comunes en la literatura sapiencial y muy comunes también en la literatura espiritual en la Iglesia. La fragilidad de la vida que queda expresada con ese ejemplo que él nos da. Mañana y pasado, voy y voy a hacer negocios y voy a ganar dinero. Tú no sabes lo que va a pasar mañana o pasado. Ese ejemplo sencillito lo que nos quiere mostrar es la fragilidad de la vida. Y si tu vida es frágil, si tu vida es precaria ¿de qué te jactas, por qué tanta soberbia?
Y el otro es la brevedad de la vida que queda expresado en esas otras palabras: «¿Qué es vuestra vida? Una nube que aparece un momento y enseguida desaparece». Descubrir la brevedad de la vida y descubrir la fragilidad, la precariedad de la vida es un recurso muy importante para luchar contra la jactancia, para luchar contra toda forma de soberbia. Y ya sabemos por qué hay que luchar contra la soberbia, porque el que se siente seguro en sí mismo y el que se siente suficiente en sí mismo se pierde del regalo de Dios, y eso es lo que no quiere el apóstol.
La frase que aparece al final: «Quien conoce el bien que debe hacer y no lo hace, es culpable». No es únicamente o no es principalmente una especie de conclusión de la lectura de hoy, sino más bien una conclusión de todos estos pasajes, de todos estos trozos que hemos estado escuchando. Recordemos que allá, otro día, se estaba hablando de la sabiduría. En la lectura del otro día se hablaba de la sabiduría, la sabiduría según el mundo, la sabiduría según Dios. De algún modo, Santiago como que cierra ese capítulo diciéndonos: Mira, de poco sirve la sabiduría si esa sabiduría te conduce a ser culpable y a ser inútil a ti mismo.
El que sabe el bien, quien conoce el bien que debe hacer y no lo hace, es culpable. De manera que todos estos textos son ventanas de claridad que nos permiten reconocer los obstáculos interiores y exteriores que tenemos para recibir los tesoros de Dios. Pero no cabe duda que el mayor de todos los obstáculos es la soberbia y la mejor manera de luchar contra la soberbia es recordar la brevedad, la fragilidad de la vida humana. Entre paréntesis, esta es la razón por la que muchos santos son representados con calaveras.
Ustedes tal vez han visto imágenes de santos que están así, junto a una mesa, junto a una cruz y una calavera. Esa calavera lo que está indicando es la meditación sobre la muerte. La meditación sobre la muerte como conciencia de la precariedad de la vida, nos ayuda a vencer la jactancia, a tener más bien un corazón humilde que se sabe siempre necesitado de Dios y, por lo mismo, felizmente siempre abierto al amor y a los regalos de Dios.

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