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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Un ciego es curado en dos etapas; se puede comparar al camino de conversión que pasa por ver que uno no ve.
Homilía o063004a, predicada en 20140219, con 5 min. y 45 seg. 
Transcripción:
Este caso de la curación de un ciego, en dos etapas, es realmente único en los Evangelios, lo encontramos en el capítulo octavo de San Marcos. Es el texto que nuestra Madre, la Iglesia nos propone para la misa de hoy. Es un caso único, repito, usualmente en las sanaciones, en las curaciones Jesucristo impone las manos, o dice una palabra, o hace un gesto y la persona queda completamente curada.
No hace mucho recordábamos un pasaje en el que se cuenta cómo le traían multitud de enfermos y le pedían que les permitiese siquiera tocar el borde de su manto. Y quienes tocaban el borde del manto quedaban curados, era algo como instantáneo. Pero curiosamente, esta sanación, la de hoy no es instantánea, repito, va como en dos pasos. Sin duda es la providencia divina la que está aquí y debe haber alguna razón por la cual Dios ha querido realizar esta obra de esa manera, debe haber alguna buena enseñanza para nosotros.
Por ejemplo, es interesante destacar cómo al principio de este breve pasaje se dice: «Le trajeron a un ciego y le pidieron que lo tocase». Lo mismo que en otras ocasiones, como aquel famoso paralítico que tuvieron que descolgar del techo, la persona afectada, la persona enferma, no hace nada, está, podríamos decir, como inerte, completamente pasiva. Aquel paralítico, el que descolgaron del techo, fue llevado por algunos de sus amigos y ellos fueron los que tomaron la decisión de ponerlo así, junto a Cristo. Algo parecido sucede con este ciego, lo llevan y él se deja llevar.
Con todo respeto, utilizo esta palabra, es como un bulto. Él es completamente pasivo, parece que ha llegado a esos niveles de completa desolación en que la persona ni siquiera quiere hacerse ilusiones. Hay personas que han sufrido tanto, pero realmente tanto, que ni siquiera se atreven a pedir porque no quieren desilusionarse más, porque no tienen fuerzas para otro desengaño o porque, quizás, ya no creen que se merezcan una vida distinta. Así que esa es la primera parte, los amigos lo llevan.
Pero, cuando Jesús le pone las manos por primera vez, ya es el hombre el que responde por sí mismo, ya es él el que se da cuenta todo lo que le falta por mejorar. Veo hombres, dice, son como árboles, pero caminan, una imagen muy borrosa que está en su mente. Con esa manera de hablar ya aprendemos otra cosa, que este hombre había tenido vista en algún momento. Y, en ese sentido, seguramente se parece más a nosotros, porque yo creo que nosotros estamos en esa condición.
Quiero decir, cuando nosotros hemos estado en plena amistad con Dios y cuando tenemos la experiencia lamentable del pecado y nos enceguecen las cosas de este mundo, tenemos como un recuerdo de la época en que éramos inocentes, de la época en que teníamos una fe más pura, de la época en que teníamos una bondad que ahora nos parece tan extraña y casi imposible. Entonces, hay un paralelo entre este hombre y nosotros. Quizás nosotros somos esos que en algún momento vimos con mucha claridad las cosas de Dios y luego caímos en una profunda ceguera hasta el punto de ni siquiera querer salir de ahí.
Pero, hay otros que representan la comunidad cristiana, y que nos van empujando casi que, con la sola fuerza de ellos, porque uno no tiene fuerzas, y nos han llevado donde Cristo. Y en esa primera parte del milagro lo que realmente sucede es que la persona ya se da cuenta que no ve, o por decirlo de otra manera, ya ve que no ve. Y entonces, ya pone algo de su parte, y ahí viene la segunda parte del milagro y ahí viene la segunda oración de Cristo y ahí se llega a la plena restauración de la vista.
Y ese es el camino del cristiano, cuando ya su conciencia despierta, se da cuenta que está viviendo mal, es decir, ya ve que no ve, ya se da cuenta que no estaba viviendo bien. Si sigue cerca de Cristo, si se deja tocar por Cristo, si se deja amar por Cristo, entonces llegará a la plena visión, entonces llegará a la plena claridad.

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