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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Conversión y virtudes.
Homilía o063001a, predicada en 19960214, con 4 min. y 48 seg. 
Transcripción:
No tenemos muchos ejemplos en el Nuevo Testamento de literatura sapiencial. La Carta de Santiago, especialmente en pasajes como el que nos ofrece la Iglesia el día de hoy, es uno de estos pocos ejemplos. Los temas sapienciales aparecen en el Antiguo Testamento, pues en los libros que llevan ese apelativo común, es decir, Sabiduría, Proverbios, Eclesiástico Eclesiastés. Pero, en el Nuevo Testamento hay tanta prisa por el anuncio del Evangelio, hay tanta urgencia de que se conozca la salvación por la Pascua de Cristo que no queda mucho espacio para hacer reflexiones de tipo sapiencial.
Sin embargo, la Carta de Santiago las contiene, siendo una carta cristiana en su anuncio y estando dirigida a comunidades indudablemente cristianas, así se hable de la dispersión al principio mismo de la Carta, estando dirigida a comunidades cristianas, vuelve sobre estos temas sapienciales. ¿Qué enseñanza trae esto para nosotros? Yo creo que nos ayuda a guardarnos de una especie de pensamiento mágico que acecha de tanto en tanto al cristianismo, y que uno lo ve más o menos en el trato cercano con grupos de oración. Me refiero a una concepción como mágica de la conversión y de la adquisición de las virtudes.
Ese pensamiento que ve en Cristo una potencia máxima y última, y eso está muy bien, pero que juzga que esa potencia de Cristo nos ahorra el esfuerzo de la reforma en las virtudes o nos ahorra la corrección de las costumbres. San Ignacio de Loyola decía: La vida espiritual consiste en dos cosas, en corregir las costumbres y en unirse a Dios. De esas dos cosas, el cristianismo entusiasta o los cristianos recién convertidos suelen o solemos tener muy clara la segunda parte: Dios es mi Salvador, Dios es poderoso, Dios ha hecho obras grandes por mí.
Todo eso es cierto, pero dentro de las obras grandes que hace Dios al convertirnos, una es sanar la voluntad para que pueda aplicarse a la virtud. No podemos reducir el cristianismo simplemente a una vida virtuosa, no podemos reducir el cristianismo a ser intachables y buenas personas, no podemos reducir el cristianismo a ser sincero, honrado, leal y las demás virtudes familiares, humanas, sociales. Pero ser cristiano sin duda incluye esas virtudes y eso es lo que nos recuerda una carta como la de Santiago.
Entonces, al hablarnos de la prudencia en las palabras, o al hablarnos del dominio de sí mismo, o al hablarnos del respeto a los superiores o de la solidaridad, incluso en el plano económico. En todas estas cosas está mostrando implicaciones muy concretas de la fe cristiana que podrían pasar por alto si simplemente nos quedamos mirando los acontecimientos maravillosos o extraordinarios de la conversión.
Sirve, sirve mucho volver de tanto en tanto a esta Carta de Santiago para renovar el don del Evangelio en nuestra voluntad, y para que ese don del Evangelio deje sus frutos, sin que nosotros nos digamos muchas mentiras.

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