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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La hipocresía y la idolatría del poder se contagian y corrompen el corazón. Solo la humildad, la oración y la vida en Dios nos preservan de esa levadura que arruina la vida.
Homilía o062008a, predicada en 20260217, con 11 min. y 8 seg. 
Transcripción:
Hay una frase que los discípulos de Cristo no le entendieron bien, pero que quizás nosotros, con tantas ayudas que nos ha dado el Espíritu Santo, sí la podemos comprender mejor. Esa frase es: cuídense de la levadura de los fariseos, cuídense, cuídense de la levadura de Herodes. Recordemos que la levadura es una sustancia que se utiliza para fermentar la masa del pan. Y ya Cristo, en otro pasaje del Evangelio comentaba como la levadura se riega por la masa del pan y hace crecer toda la masa del pan. Lo fundamental de la levadura es que, aunque parece algo pequeño, y se riega por todas partes y tiene efecto en todas partes. Algo pequeño que se difunde y que afecta a todo. Algo pequeño que se difunde muchísimo y que afecta finalmente a todo. Esas son las ideas claves del signo de la levadura. Cristo nos habla de tener cuidado con la levadura de los fariseos. Parece que debemos entender entonces esto como algo pequeño, que se difunde, que se contagia fácilmente y que termina afectando todo. Y claramente, si estamos hablando de los fariseos, pues no va a ser algo muy bonito. Es más bien algo dañino lo que sucede ahí. Y lo mismo hay que decir cuando se habla de la levadura de Herodes. Ahí claramente se trata de algo que no es bonito, algo que hace daño. Bien, teniendo claro eso, entonces hagámonos la pregunta ¿En qué consiste exactamente esa levadura de los fariseos? Y también ¿En qué consiste la levadura de Herodes? La levadura de los fariseos, indudablemente hace referencia a su manera hipócrita de obrar. Ese imponer unas cargas muy pesadas sobre los demás, mientras ellos mismos siempre encontraban una manera de justificar su comportamiento, que era codicioso, que era egoísta y que estaba marcado por la indiferencia, por una falta de caridad impresionante, carentes de amor, carentes de compasión, duros para juzgar, justificándose todo el tiempo. Todo eso es lo que abarca la palabra hipocresía. Entonces, la levadura de los fariseos indudablemente tiene que ver con este tema de la hipocresía. Y la levadura de Herodes, ¿Con qué tiene que ver? Pues tiene que ver con varias cosas. La palabra que debemos asociar con Herodes es la palabra poder, pero es un poder falso. Es un poder, básicamente un poder impostor, un poder que se mantiene desde la mentira. Es un poder marcado también por la violencia. Sabemos que Herodes, los Herodes, porque fueron varios, tenían ese sello, un sello espantoso de violencia, de crueldad. Básicamente lo que sucede es una idolatría del poder y la idolatría del poder trae muchas cosas. Por ejemplo, la idolatría del poder, una cosa que trae es que fomenta la adulación. La persona que está en esa idolatría del poder, pues es una persona que disfruta muchísimo la adulación, que le digan y que y que lo exalten y que lo elogien. En fin, todo lo que rodea la palabra adulación. Pero ya sea la adulación, la crueldad, la mentira, todos esos son simplemente los soportes de algo más grande y peor. Y eso más grande y peor es la idolatría del poder. Entonces, por un lado tenemos el comportamiento hipócrita de los fariseos y por otro lado tenemos la idolatría del poder en Herodes y en su camarilla, toda aquella gente que rodea Herodes y que le cumple las órdenes y que está siempre aplaudiéndolo y adulándolo. Y lo más interesante me parece a mí de estas advertencias de Cristo es que nos demos cuenta de que esos comportamientos son contagiosos y que nos demos cuenta de que lo mismo que la levadura termina afectando toda la masa, toda nuestra vida, también se arruina si dejamos entrar esa hipocresía de los fariseos o si dejamos entrar ese engaño que es la idolatría del poder. ¿Y cómo se vuelve contagiosa la levadura de los fariseos? ¿Qué es lo que hace que ese comportamiento se vuelva como tan pegajoso, como tan contagioso? Bueno, la respuesta es que cuando te encuentras con una persona que aparenta ser lo que no es. Pues es una persona vanidosa, con un ego inflado que se cree superior. Y la verdad, encontrarnos con una persona que se cree superior es un verdadero desafío, ¿sabes? Porque esa persona que se cree así mejor y se cree superior, pues de alguna manera lastima porque humilla a otros, porque quiere disminuir a otros y a nadie le gusta que lo disminuyan. Entonces la manera como se propaga la levadura de los fariseos es que cuando te encuentras con una persona vanidosa, creída, prepotente, con un gran ego, pues tu propio ego resulta lastimado y cuando sientes que te están bajando y te están achicando, pues muy posiblemente tu tienes la reacción de también tu agrandar tu ego. Y entonces si él me quiere aplastar, entonces yo lo voy a aplastar a él. Si ella me quiere humillar, entonces yo la voy a humillar a ella. Y es por esa reacción, por esa reacción uno termina repitiendo el comportamiento de la otra persona. Es decir, la persona vanidosa fácilmente engendra vanidad, porque la persona vanidosa trata de disminuirte y tú, por no dejarte disminuir fácilmente caes en lo mismo y entonces tú también empiezas a luchar por por tu propio, por tu propio ego, por por inflar tu propia presencia pública. Y así se va contagiando. De manera que la vanidad y la hipocresía se van repitiendo de un modo que podríamos llamar utilizando un término de redes sociales viral. Empieza a repetirse viralmente, viralmente empieza a repetirse ese comportamiento. Por supuesto, es algo repugnante, pero sucede, sí, sucede, de hecho sucede. Lo otro que hay que tener en cuenta es que, el comportamiento de los que siguen la idolatría del poder también es muy contagioso por una razón diferente, pero sí que es contagioso. ¿Por qué? Porque los que están cerca del poder, lo que a veces en Colombia llamamos la rosca, pues son personas que se llenan de privilegios. Alguien decía lo malo de no estar en la rosca, es decir, la camarilla de los que están ahí adulando y de los que están ahí buscando su tajada de ventajas. Lo malo de no estar en la rosca o lo malo de las roscas es no estar en ellas. Y eso significa que cuando tú ves que los aduladores y que los mentirosos que están siempre aplaudiéndole todo al jefe, son los que tienen ventajas, pues tú también te sientes otra vez, te sientes disminuido, te sientes maltratado, sientes que la situación es injusta y eso te puede llevar fácilmente a buscar, también tú, buscar también tú que bueno que se te tome en cuenta. Y la manera más sencilla de que se te tome en cuenta es entrar tú también en esos círculos de poder y entonces de esa manera eso se vuelve contagioso. Así como los fariseos aplastan tu ego y de esa manera, pues hacen que que tú también reacciones y te vuelvas vanidoso, pues también los que están en los círculos del poder, pues fácilmente caen también en esa manera de humillar a otros o de despreciar a otros, o en todo caso, los que están fuera de esas camarillas, los que están fuera de esos círculos, pues sencillamente se sienten excluidos y no quieren sentirse excluidos, y entonces empiezan a buscar también su círculo de poder. Y así pues, nos vamos volviendo todos un poco fariseos por una parte, y nos vamos volviendo un poco herodianos por otra parte, y empezamos a ser vanidosos y empezamos a ser ambiciosos y es supremamente contagioso. Y por eso Cristo advirtió a sus discípulos; Cuidado con eso, cuidado con eso, porque es contagioso, porque te puedes contagiar, porque tienes que tener mucha claridad sobre esto, tener mucha humildad, mucha oración, mucha vida de Dios en ti, para que estas cosas no te afecten, no te cambien, no te vuelvan un cómplice más de las estrategias de esa levadura podrida. Advertencias sabias y saludables que nos dejó Cristo. A Él la gloria y el honor. Amén.

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