Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios no me empuja al pecado, junto a la tentación Él dará la gracia para vencerla; en el Padrenuestro reconocemos nuestra debilidad, sin el Señor nada podemos; la mejor defensa contra la tentación es la huida a tiempo.

Homilía o062007a, predicada en 20240213, con 8 min. y 32 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos, no es fácil hablar sobre la tentación y sin embargo es necesario porque la primera lectura de hoy, tomada de la Carta de Santiago, trata de eliminar una especie de justificación o de excusa que aparece con más frecuencia de la que creemos. Y es la idea de que Dios me puso en situación de pecar, es decir, como que fue Dios el que me llevó al pecado. Esta afirmación, cuando uno la mira así, llamémoslo en frío, suena perfectamente absurda, como que Dios me va a llevar al pecado. Pero hay personas que cuando examinan su historia, cuando miran su vida, llegan a la conclusión de que les han sucedido tantas cosas y que es tan difícil su vida que finalmente no entienden qué es lo que Dios quiere.

Yo, por ejemplo, conocí el caso de un joven que se acercó incluso al satanismo, llegó hasta ese extremo porque él decía realmente con Dios lo único que yo he encontrado es sufrimientos y problemas. Es decir, que mi mala suerte, lo que ha estado mal en mi vida, pues finalmente parece que depende de Dios y entonces Dios viene a ser el responsable de que a mí me vaya mal en la vida. Y le voy a dar otro ejemplo para que usted vea que esto no es tan absolutamente estrafalario. He conocido el caso de parejas que están conviviendo en lo que se llama unión libre y yo siempre digo unión libre significa que cuando me canse me puedo liberar de ti. Eso es lo que significa unión libre. Pero bueno, están viviendo así. No han celebrado el sacramento del matrimonio y alguien les dice ¿no han pensado ustedes en el sacramento del matrimonio, casarse por la Iglesia? Y yo he sabido de gente que responde lo siguiente. Sabe qué estamos bien así es que la gente se casa y al final se separa. Qué quiere decir eso. Como que Dios es el estorbo. Como que Dios es lo que les va a dañar su relación. Como que Dios es el que los va a llevar a una situación que es mala o por lo menos peor de lo que tienen actualmente.

Entonces, en ese sentido va la advertencia de la Carta de Santiago. Dios jamás nos va a empujar hacia el pecado. Dios nunca nos va a empujar hacia el pecado. Eso debe quedar claro. Pero aquí viene la parte difícil. Nosotros encontramos que en el Padrenuestro decimos. La traducción usual en español es No nos dejes caer en tentación. Eso tiene mucho sentido con lo que venimos comentando. Pero si nosotros miramos la versión en griego, dice que kai me eisenenkeis hemás eis peirasmón. Qué significa no nos pongas en tentación. Y la traducción al latín dice algo muy parecido. Et ne nos inducas in tentationem, no nos lleves a la tentación. Y aquí es donde la cosa se complica. Porque entonces uno dice no en la traducción en español, ya dijimos, sino en estas lenguas, sobre todo del griego, que es la lengua original. Pues da la impresión de que a Dios toca pedirle que no nos lleve a la tentación, y si toca pedírselo es porque tal vez Dios sí podría llevarnos a la tentación. Y eso va en contra de lo que dice la Carta de Santiago.

O sea, yo no estoy tratando de complicarle la vida a nadie, pero es que esto está así en la Biblia y entonces necesitamos una luz del Señor para tratar de entender lo que está pasando, porque la versión original del Padre Nuestro dice kai me eisenenkeis hemás eis peirasmón. No nos metas en tentación. No nos pongas en tentación. Y por qué toca pedirle a Dios que no nos ponga en tentación. Pues sería la única explicación posible. Es porque Dios podría ponernos en tentación. Pero la carta de Santiago dice que eso no va a suceder. Ese es el problema que tenemos que abordar. Pero tengamos paz. Si hay una respuesta, lo que nosotros decimos en el Padre Nuestro es una confesión de fragilidad y de debilidad. Lo que nosotros decimos en el Padre Nuestro es en el fondo lo que estamos diciendo es, nosotros somos frágiles. Es la conciencia de la propia fragilidad. Es en el fondo una invitación, una invocación, una súplica de protección.

Y esto es muy importante en la oración, porque cuando uno se cree fuerte es cuando cae peor. Y esto se nota en cada uno de nosotros. Pero muy especialmente se nota cuando una persona tiene un vicio, una adicción. Cuando una persona tiene una adicción no es sino que la persona diga ya lo superé, ya estoy fuerte, ya estoy saliendo adelante. Todo en orden. Cuando la persona piensa eso, cuando la persona dice eso, está listo para recaer en el trago, en la droga, en el juego, en el sexo desordenado, en lo que sea. Por eso la súplica del Padre Nuestro es en realidad una proclamación de nuestra fragilidad. Es un decirle a Dios reconozco mi fragilidad, reconozco mi debilidad, reconozco que necesito de ti. Reconozco que sin ti no voy a poder vencer, Porque a mí me podría derribar el enemigo. Y si uno toma en cuenta esta advertencia. Si uno toma en cuenta, el enemigo me podría derribar. Y por eso, Señor, te estoy orando. En realidad, lo que uno le está diciendo al Señor es, necesito tu protección, soy pequeño, soy frágil, soy débil, necesito de ti. Es como un eco de lo que dijo Cristo en el Evangelio de Juan sin mí nada podéis hacer. Tomemos esas palabras en serio y llevemos nuestra vida cristiana con humildad.

Quiero terminar destacando una frase de San Agustín que se lee en El oficio de lecturas del Miércoles de ceniza, perdón, del domingo primero de Cuaresma. Ya que te fijas en que Cristo fue tentado, fíjate que venció también a la tentación. Yo creo que eso es muy bello. Es muy bello darse cuenta que la tentación no tiene la última palabra. O sea que las enseñanzas de hoy son dos o tal vez tres. Primera, Dios no me está empujando al pecado. San Pablo enseña junto con la tentación dará la gracia para vencerla. Segundo, en el Padre Nuestro estamos reconociendo nuestra debilidad, reconocemos que sin Él nada podemos. Y probablemente como punto tercero, la gran recomendación que nos han hecho los directores espirituales. El que ama el fuego caerá en él. Y a veces la mejor defensa de la tentación es la huida a tiempo. Que Dios nos preserve del mal. Que Dios nos libre de todos los males y nos haga fieles y gozosos en su servicio y en su presencia. Amén.

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